El pánico inicial duró menos de un segundo. En el mundo donde se movían, la vacilación mataba más rápido que una bala.—¡Nos desplegamos ya! —bramó Clara, con la voz firme, mientras se giraba hacia la mesa—. ¡Se acabaron los ensayos! ¡Gael, activa los pájaros! ¡Chacal, reúne a la gente y carguen las armas!El caos organizado se apoderó de la hacienda en cuestión de minutos. Los motores de los vehículos pesados rugieron en el patio trasero. La calma de casi un año desapareció para dar paso al olor a gasolina, pólvora y adrenalina. Clara subió a la habitación de León, besó la frente suave de su hijo, que dormía ajeno a la masacre que estaba por desatarse, y miró a Celia a los ojos.—Si algo sale mal... cuídalo —le pidió Clara en un susurro.—Saldrá bien, señora. Vaya por el patrón —respondió Celia, apretándole las manos con fuerza.Diez minutos después, dos avionetas bimotor despegaron desde una pista clandestina oculta entre los cañaverales de la finca, elevándose en la noche cerrada c
Last Updated : 2026-10-17 Read more