—Otra vez te lastimaste los pies... —dijo con el ceño fruncido al ver el vendaje manchado de sangre.Con delicadeza, tomó mis pies sobre su regazo, limpió la herida y cambió el vendaje con cuidado.—Ahora, descansa esos pies. Nada de andar por ahí —ordenó suavemente.—Pero... necesito ir al baño —dije con vergüenza.—No te preocupes, yo te llevaré.—¡¿Qué?! No, no es necesario...—Sí, esposa —dijo con firmeza, tomándome en brazos sin dar lugar a réplica.—¿Te estás sonrojando, esposa? —preguntó en tono burlón. Su rostro estaba tan cerca que ni siquiera podía ocultarme.—No, claro que no. ¿Por qué lo haría?—Bueno, tengo ese efecto en las mujeres —bromeó con una sonrisa traviesa.—No soy una de esas mujeres —repliqué, haciéndole saber que no caería en su juego.—Sí, lo sé. Dios solo hizo una versión única... y es mi esposa loca.Le di un golpe juguetón en el pecho mientras él reía con ganas.—Pavel, ¿puedes llamar a una sirvienta para que me ayude?—No —respondió, negando rotundamente—
Zuletzt aktualisiert : 2026-09-12 Mehr lesen