Grupo Mireles, oficina de Ricardo.Lorena estaba sentada en el sofá revisando los comentarios.Al ver que todos eran críticas contra Elisa, una expresión de satisfacción apareció en sus ojos.—Ricardo, eres increíble. De verdad lograste que Elisa publicara la declaración. Parece que nuestra amistad de tantos años no fue en vano.Gustavo estaba sentado junto a ella, con un brazo sobre sus hombros. Sonrió y dijo:—¿Ahora sí estás satisfecha? ¿Ya no vas a terminar nuestra amistad?Lorena sonrió.—Ya no. Los cuatro seremos amigos para toda la vida.Adrián miró a Lorena y a Gustavo con una expresión complicada, pero no dijo nada.En ese momento, la voz ansiosa de Lautaro llegó desde afuera.—Señora Elisa, señorita Paola, el señor Ricardo está ocupado en este momento, no puede recibirlas...La puerta de la oficina se abrió de una patada.Paola entró furiosa.—¡Ricardo, sal! ¡Si tuviste el valor de hacerlo, ten el valor de enfrentarlo!Lautaro se quedó en la puerta, con la cabeza baja por la
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