แชร์

cap 6

ผู้เขียน: L. Alejandra
last update วันที่เผยแพร่: 2026-09-04 12:27:56

Apoyé la palma de la mano contra la fría madera de la puerta, sintiendo cómo la vibración de mis propios latidos competía con el silencio tenso que se había instalado en el pasillo. Del otro lado, el eco de aquel sollozo ahogado seguía resonando en mi mente, recordándome demasiado a los momentos en los que yo misma me encerraba en las habitaciones oscuras del internado, intentando construir murallas invisibles contra un mundo que solo parecía saber juzgarme.

—Sally... —murmuré, buscando un tono de voz que fuera lo suficientemente suave como para no sonar invasivo—. Soy Rory. No voy a hacerte daño, y tampoco voy a obligarte a salir si no quieres. Solo... solo quería saber si estás bien.

Un silencio pesado se prolongó durante varios segundos. El aire en el pasillo olía a ozono y a papel triturado, una mezcla extraña que acompañaba la atmósfera caótica de la productora. Detrás de mí, sentía la presencia imponente de Reed. Podía percibir su respiración contenida, la manera en que sus hombros se mantenían rígidos, listos para intervenir en cualquier momento si la situación no avanzaba como él deseaba.

—No te conozco —respondió la voz de Sally desde el interior, sonando ronca, quebrada por el llanto y teñida de una hostilidad defensiva que apenas lograba ocultar el temblor de su miedo—. Así que lárgate. No necesito la compasión de nadie, y mucho menos de la nueva amiguita de mi hermano. Vete con él.

—Tienes razón, no nos conocemos —admití, sin alterarme por su rechazo, tragando el nudo que se me había formado en la garganta—. Pero sé lo que se siente estar atrapada en una habitación, sintiendo que todo el mundo a tu alrededor espera que encajes en un molde que te queda demasiado pequeño. No estoy aquí por Reed, estoy aquí porque te escuché llorar.

Del otro lado se escuchó un movimiento brusco, como si se hubiera arrellanado contra la pared o se hubiera abrazado las rodillas para protegerse mejor. La resistencia en su tono seguía intacta, pero la dureza inicial pareció fracturarse ligeramente ante mis palabras.

—A mí no me importa lo que sientas —contestó ella con fiereza, aunque la voz le tembló de forma evidente—. Si de verdad quieres que hable contigo... si tanto te interesa saber qué pasa, pon condiciones. Pero no quiero ver a Reed ni en pintura. Y mucho menos, ¡mucho menos a ese maldito fotógrafo metiche que estaba afuera!

Al escuchar la mención al fotógrafo, el chico que había discutido con ella antes en el pasillo soltó un bufido de frustración y se cruzó de brazos, negando con la cabeza. Reed, por su parte, endureció aún más el semblante. Su mandíbula se apretó tanto que las líneas de su rostro se marcaron con furia contenida.

—Eso es imposible, Sally —intervino Reed, elevando la voz, incapaz de mantenerse al margen por más tiempo—. No vas a dictar las reglas de quién se queda y quién se va en mi propia empresa. Vas a abrir esa puerta ahora mismo, o te juro que...

—¡Te dije que no lo quiero escuchar! —grito Sally desde adentro, golpeando la madera con los puños con tanta fuerza que el estruendo resonó por todo el corredor—. ¡Lárgate, Reed! ¡Vete con tus amiguitos y tus planes perfectos! ¡Déjame en paz!

La tensión alcanzó un punto crítico. Los empleados que se habían asomado por las puertas de las oficinas contiguas volvieron a esconderse rápidamente ante el grito, temerosos de presenciar una escena familiar aún más violenta. Yo me giré ligeramente hacia Reed, colocándome un poco frente a él para bloquear su avance hacia la puerta. Mi propio miedo a la confrontación se desvanecía ante la urgencia de calmar los ánimos; entendía demasiado bien lo contraproducente que era acorralar a alguien que ya se sentía acorralado por la vida.

—Te dije que me dejaras intentar a mí —le recordé en un susurro firme, mirándolo directamente a los ojos oscuros y suplicantes de paciencia—. Vete un momento, Reed. Aléjate del pasillo con los demás. Déjame a solas con ella unos minutos. Si no lo haces, nada de esto va a funcionar.

Reed abrió la boca para replicar, dispuesto a negarse rotundamente, pero antes de que pudiera pronunciar una sola palabra, el sonido de pasos firmes y rápidos interrumpió el intercambio. Un nuevo integrante del grupo acababa de llegar al pasillo, atestiguando el drama que se desarrollaba frente a la oficina de la chica.

—¿Qué demonios está pasando aquí? —preguntó una voz grave, masculina y cargada de una extraña autoridad informal que hizo que Reed desviara la atención por un segundo.

El chico recién llegado era alto, con una presencia relajada pero imponente, vistiendo ropa informal pero de marca que delataba su pertenencia al mismo círculo elitista que rodeaba a los Villalobos. Al ver la puerta cerrada y los restos de la cámara rota en el suelo, arqueó una ceja, claramente desconcertado por el nivel de destrucción que acababa de presenciar.

—Tu hermana otra vez, Reed —se apresuró a contestar el fotógrafo que seguía cerca, señalando los cristales rotos con indignación—. Perdió la cabeza por completo, destruyó el equipo y ahora se niega a salir o a hablar con nadie que no sea... bueno, con esta chica nueva que insiste en jugar a la terapeuta.

El chico nuevo miró hacia mí con curiosidad, evaluándome de pies a cabeza con una mirada rápida que, aunque no era hostil, me hizo encoger los hombros por pura inseguridad. Luego centró su atención en la puerta cerrada, ignorando el berrinche del fotógrafo con una calma pasmosa. Se acercó un par de pasos, metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón, adoptando una postura de total familiaridad con la situación, como si este tipo de crisis fueran el pan de cada día en los estudios.

—Sally, soy yo —dijo el chico con un tono de voz notablemente más calmado, proyectándolo hacia la madera—. Ya pasé por aquí y vi el desastre. Nadie va a obligarte a hacer nada que no quieras. Abre un segundo, solo vine a ver si estabas entera.

Dentro de la oficina, el silencio que siguió fue absoluto, tan denso que casi se podía cortar con un cuchillo. Esperábamos una respuesta, tal vez un insulto similar al que le había propinado al fotógrafo, o quizás otro golpe seco contra la puerta. Sin embargo, lo que ocurrió fue exactamente lo contrario. El timbre de la voz de aquel chico pareció activar un resorte de rechazo visceral en el interior de la habitación.

—¡Lárgate tú también! —gritó Sally, su voz quebrándose en un sollozo aún más agudo y desesperado—. ¡Vete al infierno! ¡Y menos que nadie quiero escuchar a Jayden! ¡Que ese maldito fotógrafo se largue de aquí o juro que romperé todo lo que encuentre en esta oficina!

El nombre de Jayden flotó en el aire, pesado y cargado de un resentimiento tan profundo que dejó a todos los presentes momentáneamente desconcertados. El chico que acababa de llegar frunció el ceño, sorprendido por la reacción, mientras que el fotógrafo —cuyo nombre acababa de ser pronunciado con tanto desprecio— ensombreció el rostro de inmediato, dando un paso involuntario hacia atrás, como si las palabras de la chica lo hubieran golpeado físicamente.

Yo me quedé helada. Así que el fotógrafo que estaba allí, el chico que había discutido con ella y cuyas herramientas de trabajo habían pagado los platos rotos, era Jayden. La dinámica entre ellos no era simplemente una disputa laboral; había una historia densa, un dolor acumulado y una animadversión tan intensa que quemaba con solo nombrarla.

—¿Ves? —murmuró Jayden con una amargura evidente en la voz, apretando los puños a los costados de su cuerpo—. No quiere verme ni en pintura. Cada vez que me acerco, todo explota. Lo mejor será que me vaya y la deje con sus crisis.

—No te vayas —le exigió Reed con voz cortante, deteniéndolo con un gesto seco antes de que pudiera dar media vuelta—. Esto se está saliendo de control, y necesito que se resuelva hoy mismo. No podemos darnos el lujo de tener estos escándalos en la productora, y menos con los clientes corporativos viniendo la próxima semana.

—Pues parece que tu pequeña brillante idea de traer ayuda externa tampoco está funcionando mucho, Reed —respondió Jayden con acidez, señalándome con la barbilla mientras me mantenía de pie frente a la puerta—. La chica sigue encerrada, insultando a todo el mundo y negándose a abrir.

Surgió un murmullo generalizado entre los presentes. La tensión en el pasillo se volvió irrespirable; las miradas recayeron de nuevo sobre mí, evaluando mi fracaso, cuestionando mi presencia en un lugar al que claramente no pertenecía. Sentí que el calor me quemaba las mejillas, y el impulso de huir, de correr tan lejos como me llevaran las piernas para esconderme de nuevo, amenazó con paralizarme por completo.

Pero dentro de esa habitación, tras la madera cerrada, Sally seguía llorando. Y a pesar de todo el caos, de la hostilidad del ambiente y de la mirada crítica de los amigos de Reed, comprendí que ella y yo estábamos hechas del mismo material roto: intentábamos sobrevivir en un mundo que nos exigía ser perfectas cuando por dentro solo éramos pedazos caídos. Respiré hondo, ignorando los comentarios a mi espalda, y me preparé para dar el siguiente paso, dispuesta a descubrir qué secretos oscuros guardaba realmente la familia Villalobos tras sus fachadas de lujo y poder.

อ่านหนังสือเล่มนี้ต่อได้ฟรี
สแกนรหัสเพื่อดาวน์โหลดแอป

บทล่าสุด

  • La Venganza de la Heredera    Capítulo 73 (Especial Aniversario): Las Bodas de Plata de Nuestra Trinchera

    El jardín trasero de la hacienda parecía sacado de un sueño dorado. Guirnaldas de luces cálidas cruzaban de extremo a extremo entre las ramas centenarias de los eucaliptos, proyectando una danza de sombras suaves sobre las mesas vestidas de blanco y lino. El aire de la tarde traía consigo el aroma dulce de las buganvilias en flor y el murmullo lejano de una música suave que flotaba en el ambiente como un susurro nostálgico.Veinticinco años. Un cuarto de siglo exacto desde el día en que unimos nuestros caminos en medio de las ruinas de un mundo violento y hostil, jurándonos una lealtad que pocos creían capaz de sobrevivir a las tormentas que nos perseguían.A nuestro alrededor, el caos hermoso de nuestra familia se desplegaba en todo su esplendor. Maya, convertida ya en una mujer joven y brillante, reía junto a Elena mientras organizaban los últimos detalles de la cena. El pequeño Leonardo —que de pequeño ya tenía poco, siendo un adolescente alto de ojos oscuros idénticos a los míos—

  • La Venganza de la Heredera    Capítulo 72 (Especial): Las Páginas del Silencio y el Espejo del Alma

    Los meses que siguieron al nacimiento de Leonardo fluyeron como un río caudaloso pero constante, moldeando nuestra rutina en la hacienda con el compás inconfundible del crecimiento de nuestros cuatro hijos. El llanto nocturno del recién nacido se había convertido poco a poco en balbuceos curiosos, Maya y Elena competían cada tarde por ver quién ayudaba más a bañar al bebé, y el pequeño caos diario se había transformado en nuestra propia definición de la normalidad.Era una tarde de viernes. El sol comenzaba a descender tras las colinas del valle, tiñendo el cielo de tonos ámbar y violeta, mientras una brisa fresca mecía las cortinas de lino de la biblioteca.Me encontraba solo en la habitación, sentado en el sillón de cuero frente al escritorio de madera oscura, intentando poner orden en unos papeles atrasados de la administración del rancho. El silencio de la casa era absoluto; Sally había salido un momento al pueblo con los niños mayores para comprar provisiones, dejándome unos minu

  • La Venganza de la Heredera    Capítulo 71 (Especial): Las Sombras del Espejo y la Respuesta de la Sangre

    La tormenta que había sacudido la costa durante la noche del nacimiento se había desvanecido al llegar el alba, dejando tras de sí un cielo de un azul intenso, un sol brillante que se reflejaba en la arena húmeda y el sonido constante y rítmico de las olas rompiendo contra los acantilados.Dentro de la habitación principal de la casa de la playa, el ambiente era de una calma absoluta. El recién nacido —a quien habíamos decidido llamar Leonardo, como un pequeño ancla de paz en medio de nuestro mar particular— dormía plácidamente en una pequeña cuna improvisada junto a la cama, respirando con esa cadencia suave y perfecta propia de los primeros días de vida.Me encontraba sentado en el borde del colchón, con una taza de café tibio entre las manos, observando cómo los primeros rayos de sol iluminaban el perfil de Sally.Ella estaba recostada contra las almohadas, con una bata de lino blanco y el cabello oscuro cayendo suelto sobre los hombros. Aparentaba una tranquilidad imperturbable, p

  • La Venganza de la Heredera    Capítulo 70 (Especial): La Tormenta de la Costa y el Milagro de la Medianoche

    La insistencia de Sally había rozado los límites de la cabezonería pura desde el principio del noveno mes. Con un vientre que parecía a punto de estallar y el calor agobiante del valle presionando cada rincón de la casa grande, se había plantado frente a mí con los brazos cruzados y esa mirada terca que era incapaz de contradecir.—No voy a pasar las últimas semanas de embarazo encerrada entre cuatro paredes de cemento y pañales, Jayden —me había dicho con absoluta firmeza, haciendo las maletas con una velocidad pasmosa—. Necesito el mar. Necesito el sonido de las olas, la brisa salada y un poco de paz antes de que este cuarto bebé nos vuelva completamente locos a todos. Nos vamos a la casa de la playa. Solo tú y yo, unos días antes de la fecha prevista. Los niños se quedan con Rory y Reed. Punto final.Había intentado discutir, recordándole que el médico nos había advertido que el parto podía adelantarse en cualquier momento, pero contra la determinación de Sally no había argumento q

  • La Venganza de la Heredera    Capítulo 69 (Especial de Pareja): La Cicatriz y el Fuego de la Reanudación

    Los diez días posteriores a la intervención quirúrgica se habían convertido en una auténtica prueba de paciencia, disciplina y, sobre todo, abstinencia forzada. Cumplir al pie de la letra las indicaciones del médico —evitar esfuerzos innecesarios, mantener reposo relativo y dejar que el cuerpo sanara sin complicaciones— había sido un suplicio constante, no solo por la molestia física inicial, sino porque tener a Sally merodeando por la casa con miradas cómplices y roces calculados era una tortura de primer nivel.Pero esa noche, el calendario médico finalmente nos dio el alta definitiva. Los puntos habían sanado por completo, la hinchazón había desaparecido y el dolor sordo que me había acompañado la primera semana se había transformado en una ligera y casi imperceptible molestia que ya no era excusa para seguir durmiendo de espaldas.La casa grande estaba envuelta en un silencio absoluto. Los niños dormían profundamente en sus respectivas habitaciones tras una jornada agotadora de ju

  • La Venganza de la Heredera    Capítulo 68 (Especial de Pareja): La Sombra del Quirófano y las Lágrimas en el Asiento Trasero

    La mañana del jueves amaneció con un cielo gris, pesado y cubierto de una neblina baja que se deslizaba perezosamente sobre los campos de la hacienda. El frío matutino se colaba por las rendijas de las ventanas, pero el verdadero nudo que sentía en el estómago no tenía nada que ver con el clima, sino con el destino inevitable que me esperaba al otro lado de las puertas batientes del hospital central.La sala de espera olía intensamente a antiseptico, a un limpiador de pisos con aroma a pino artificial y al café tibio y desabrido que llevaba consumiendo desde hacía una hora en un vaso de cartón desechable.A mi lado, sentado en una de las sillas de plástico azul con las manos entrelazadas y una paciencia inquebrantable, estaba Reed. Había insistido en conducirnos hasta la ciudad, actuando como nuestro chófer, soporte logístico y muro de contención emocional en un día que para mí tenía tintes de tragedia griega.—Tranquilo, hombre. Que no te van a amputar una extremidad; es una interven

บทอื่นๆ
สำรวจและอ่านนวนิยายดีๆ ได้ฟรี
เข้าถึงนวนิยายดีๆ จำนวนมากได้ฟรีบนแอป GoodNovel ดาวน์โหลดหนังสือที่คุณชอบและอ่านได้ทุกที่ทุกเวลา
อ่านหนังสือฟรีบนแอป
สแกนรหัสเพื่ออ่านบนแอป
DMCA.com Protection Status