Pasaron cuatro meses. Cuatro meses en los que mi relación con Nicolás se convirtió en algo que ninguno de los dos sabía cómo nombrar. Había días en los que prácticamente no nos dirigíamos la palabra. Él podía pasar junto a mí sin siquiera mirarme, como si yo fuera parte de los muebles de aquella enorme mansión. Y otros días… Otros días terminábamos demasiado cerca. Una discusión podía empezar durante el desayuno y terminar horas después en una habitación, olvidando por un momento todo aquello que se suponía que nos separaba. Después volvían las discusiones. Las miradas. La distancia. Y otra vez el mismo ciclo. Era agotador, pero, de alguna manera, también se había convertido en nuestra forma de convivir. Nicolás seguía sin entender por qué, después de casi nueve meses de matrimonio, todavía no había un heredero. Yo sí sabía la razón. Cada noche, antes de dormir, tomaba una pastilla. Y cada mañana fingía que nada estaba pasando. Nunca se lo había dicho.
Última actualización : 2026-10-13 Leer más