Siena fue a ver cómo estaban los niños, aunque en ningún momento logró concentrarse. Su mente seguía terca, enredada en lo que había visto en la oficina de Roman.—Ni siquiera le importó que alguien lo viera, el maldito —refunfuñó en voz alta—. Mira que hacer algo así en un lugar con puerta de cristal. Bastardo.Gabriel, sentado en sus piernas, la miró.—¿Qué, mamá?Ella reaccionó rápido.—Nada, cariño.Le acarició el cabello despacio. Los niños le pidieron salir al jardín y ella los llevó.Caminaron un rato, tomaron el sol, se sentaron en el césped bajo la sombra. El aire olía bien, a naturaleza y a flores.Después de un rato, empezaron a volver hacia la casa. Fue entonces cuando vio a un grupo de hombres saliendo de la mansión, todos de traje, algunos mayores que otros. Se detuvo, esperando a que se fueran antes de entrar, pero uno de ellos la miró y se quedó parado en la entrada.Ella intentó ignorarlo, pero él la llamó:—Disculpa.Ella se volteó.—¿Sí?Él la miró, pensativo.—¿No
Last Updated : 2026-10-01 Read more