Siena se quedó sobre él en silencio, todavía con el eco de sus propias palabras resonándole en el pecho. "Soy tuya. Soy tu mujer."De repente, Roman habló.—Ven. Te voy a enseñar a disparar.Ella parpadeó, descolocada.—¿Ahora?—No hay mejor momento.Y así, sin más trámite, terminaron bajando juntos hacia la zona de entrenamiento de la propiedad: un espacio frío, funcional, muy distinto al resto de la mansión. Paredes reforzadas, una hilera de blancos al fondo, el olor metálico de la pólvora impregnado en el aire.Siena llevaba puesto un vestido negro ajustado, nada pensado para esto, pero no había tenido tiempo de cambiarse, y tampoco se le había ocurrido que haría falta.Roman le puso el arma en las manos, le corrigió el agarre, le explicó cómo plantar los pies, cómo respirar antes de apretar el gatillo. Se colocó detrás de ella para corregirle la postura, sus manos sobre las caderas de ella, ajustando el ángulo.Entonces, despacio, las manos bajaron del borde de las caderas al bord
Last Updated : 2026-10-05 Read more