Siena se quedó en silencio. Estaba pasmada. Tenía el presentimiento de que él sería culpable, pero también había guardado la esperanza de que no lo fuera.—Agradezco tu sinceridad —dijo ella, con suavidad.Sin decir nada más, dio media vuelta y salió de la habitación. Roman no intentó detenerla, ni darle más explicaciones. Ella sabía que él no estaba obligado a hacerlo, aunque en el fondo le habría gustado que lo hiciera.Volvió a su habitación. Durmió mal, a ratos. Roman, por su parte, no pegó ojo en toda la noche. Se fumó una cajetilla entera de cigarrillos, caminando de un lado a otro de su cuarto.A la mañana siguiente, Siena ya lo había pensado mucho. Sabía que, siendo las cosas como eran, lo mejor era irse de esa casa, de la vida de Roman. Le resultaba difícil, muchísimo, pero era mejor alejarse, porque ya nunca podría mirarlo igual después de lo que sabía.Empezó a empacar sus cosas. Mientras lo hacía, Anabella entró a la habitación.—¿Qué haces? —preguntó, al verla.Siena le s
Last Updated : 2026-10-12 Read more