Me tragué todo el líquido espeso que salía de su miembro. Tenía un sabor muy denso, un poco amargo y salado; en fin, una sensación extraña en la lengua, pero, por alguna razón, me gustó.Sí… si antes, en el pasado, cuando Nicolás me obligaba a hacer esto me daba tantas náuseas que casi vomitaba, ahora no es así. Esta vez, lo hago por voluntad propia, sin sentirme obligada ni sometida a la más mínima presión.Nicolás respiraba con gran dificultad. Estaba a punto de alcanzar el clímax de nuevo, pero yo negué con la cabeza rápidamente. Empujé suavemente su pecho ancho para que se tumbara boca arriba en la cama.Sin dudarlo ni un instante, me deslicé hacia arriba y me senté sobre su vientre plano.—Nicolás… Déjame, déjame llevar las riendas esta noche —le susurré con voz ronca y suplicante.—Pero, cariño, tú…—Quiero hacerlo, sí… —lo interrumpí con tono mimoso.Nicolás se quedó en silencio un instante, mirándome fijamente a los ojos, antes de asentir finalmente con resignación y darme su
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