La limusina avanzaba suavemente por la avenida, y en su interior, el silencio ya no pesaba como antes. Dante y Valeria iban sentados muy cerca, sus rodillas se rozaban con cada movimiento del vehículo, y entre ellos quedaba un espacio demasiado pequeño para contener todo lo que sentían. Desde que salieron de la mansión, la frialdad de la noche anterior se había ido suavizando, reemplazada por una tensión cálida, palpitante, que les hacía respirar al mismo ritmo.Él entrelazó sus dedos con los de ella, despacio, como pidiendo permiso. Valeria no lo apartó. Al contrario, acercó un poco más su pierna a la suya, y sintió cómo él contenía el aliento.—No quiero que estemos así —murmuró él, bajando la voz hasta que fue solo para ella—. Separados. Como si fuéramos enemigos.—Yo tampoco —respondió ella, levantando la vista para encontrarse con sus ojos grises—. Pero necesito que confíes en mí, Dante. De verdad. No solo cuando todo va bien.Él levantó su mano y besó la yema de sus dedos, luego
Última actualización : 2026-10-03 Leer más