El taconeo fino resonó con fuerza en el piso de mármol de mi despacho antes de que la puerta se abriera de golpe. —¿No te enseñaron a tocar antes de entrar, o es que tu estatus de empleada te da privilegios especiales? —dije sin levantar la vista de la pantalla de mi computadora. —No necesito pedir permiso para entrar a un lugar que le pertenece a la familia de mi futuro esposo, querida —respondió una voz aguda, cargada de desprecio. Alcé la cabeza lentamente. Valeria estaba de pie en el centro de mi oficina, luciendo un vestido de diseñador color crema, lentes de sol oscuros en la cabeza y un bolso que costaba más que mi sueldo de seis meses. —Valeria. Qué sorpresa —dije, apoyando las manos sobre el escritorio con serenidad—. Gabriel no está en este piso. Subió a la sala de conferencias con la junta directiva. —No vine a ver a Gabriel —dijo, dando dos pasos lentos hacia mi escritorio, mirándome de arriba abajo con asco—. Vine a verte a ti, Elena. —Pues lamento decirte que
Última actualización : 2026-09-21 Leer más