Se giró sobre sus tacones y caminó a pasos firmes hacia la limusina negra que la esperaba en el camino de entrada. El sonido del motor alejándose dejó un silencio pesado, sofocante, casi destructivo en la terraza.Me quedé de pie, mirando al horizonte, sintiendo cómo las lágrimas de rabia me quemaban los ojos sin atreverme a dejarlas caer.—Elena... —dijo Gabriel, acercándose a mí despacio, con una expresión de dolor y frustración que rara vez le había visto.—Tenía razón —dije en un hilo de voz.—No le hagas caso a esa vieja amargada. No sabe de qué demonios está hablando.—¡Sí sabe, Gabriel! ¡Tiene toda la razón del mundo! —grité, dándome la vuelta para enfrentarlo—. Mírame. Mira dónde estoy. Estoy en tu finca, vestida con la ropa que mandaste a comprar porque la mía la rompiste en tu oficina. Todo en mi vida ahora mismo depende de tus caprichos, de tus peleas con tus rivales y de tu dinero.—Te traje aquí para protegerte, Elena.—¡No necesito que me protejas! ¡Necesito mi dignidad!
Última actualización : 2026-09-18 Leer más