Después de la salida del duque de Westford y el conde de Ravenscourt, Aurelia retomó su paseo por la habitación. Isolda, aún asombrada, la llamó repetidamente por su nombre, pero Aurelia no respondió, sumida en sus pensamientos. Si el duque sobrevivía a la herida, se volvería más brutal, más violento y controlador. Y Aurelia sabía que ella sería el principal blanco de su desahogo, tanto físico como psicológico… y no podía soportarlo de nuevo. De pronto, se detuvo y cayó de rodillas sobre la alfombra, cubriéndose el rostro con las manos mientras contenía, sin éxito, sus lágrimas. Isolda se levantó de inmediato, y arrodillándose junto a ella la abrazó en silencio, sin decir una palabra, dejando que Aurelia llorara. Tras unos minutos, Aurelia murmuró entre sollozos: —Él debió morir… no debía sobrevivir a ese duelo… Isolda, acariciándole el cabello con suavidad, le respondió: —Lo sé… pero está mal herido. No creo que sobreviva,
Zuletzt aktualisiert : 2026-11-04 Mehr lesen