He estado pegado a las redes y a las notas largas porque cada aparición de Hernán siempre trae algo jugoso y distinto.
Este año, según lo que logré seguir, dio entrevistas relevantes en medios tradicionales y en formatos más íntimos: apareció en diarios importantes de la región (por ejemplo, hubo piezas en medios como «El País» y «La Nación» que repasan su trayectoria y su visión sobre la cultura independiente), concedió charlas profundas para revistas culturales y participó en programas de larga duración donde pudo extenderse sobre la historia de «Orsai» y su manera de entender la edición sin intermediarios.
Además, tuvo varias conversaciones en podcasts y radios que funcionan como entrevistas largas —esas que permiten anécdotas, lecturas y confesiones— y participó en mesas y encuentros literarios que luego se publicaron en video. En conjunto, fueron entrevistas que alternaron el tono personal y el análisis sobre el negocio editorial, la escritura y las comunidades lectoras.
Personalmente me quedo con las entrevistas más largas, porque ahí se siente su humor y su honestidad: son las que realmente te dejan con ganas de releer sus textos y de seguir discutiendo el estado de la cultura independiente.
Hoy me apetecía ponerme a hablar de Hernán Casciari y su rastro sonoro en España porque siempre me ha fascinado cómo convierte un relato en algo que suena tan cercano.
Hasta donde sigo su trabajo, gran parte de lo que presenta y produce en el espacio español gira alrededor de su proyecto editorial «Orsai»: no es solo una revista en papel, también hay piezas en audio, cápsulas y episodios cortos donde él narra y conversa sobre textos, autores y anécdotas. Esa es su presencia más estable y reconocible en formato podcast/audio. Además, suele aparecer como invitado o colaborador en programas literarios y culturales en plataformas de podcast y radio independientes en España.
Si quiero escucharlo, voy a las plataformas donde suelen colgarse esos contenidos (Spotify, Apple Podcasts, iVoox) y a las redes y la web de «Orsai», porque allí se anuncian las nuevas emisiones y las lecturas. Me encanta cómo su voz transforma un artículo en una pequeña sesión íntima de lectura; siempre me deja con ganas de volver a sus historias.
Tengo un recuerdo claro de cuando descubrí a Hernán Casciari: fue por un libro que venía del blog y se leía como si te hablara un amigo en la cocina. Casciari no es tanto novelista clásico como un narrador que mezcla crónica, humor y confesión íntima; su título más famoso que te recomiendo es «Más respeto, que soy tu madre», que salió del blog y se convirtió en libro y obra teatral. Además es el motor detrás de la revista y el sello «Orsai», donde publicó formatos poco convencionales y compilaciones de textos.
Si buscas algo parecido a una novela tradicional, vas a encontrar que muchas de sus publicaciones son colecciones de relatos, crónicas o textos adaptados a escena, más que novelas de estructura clásica. Aún así, su prosa engancha y sus libros circulan en librerías grandes y pequeñas. Yo suelo comprar las ediciones impresas cuando quiero sentir el papel y a veces me doy el gusto con ediciones de «Orsai» que vienen con diseño especial. Personalmente, disfruto volver a sus textos en cualquier formato: se leen rápido, te sacan una sonrisa y te dejan pensando.
No puedo dejar de sonreír cuando recuerdo la energía de las reuniones que organiza Hernán Casciari en España; son una mezcla de fiesta y biblioteca que se siente muy nuestra.
Suelen presentarse bajo la marca «Orsai» y abarcan desde lecturas en vivo con escritores invitados hasta presentaciones de libros donde la anécdota manda más que el formalismo. También monta talleres de escritura y encuentros donde se combina literatura con música, DJs y buena comida: imagina una mesa larga, un micrófono y gente riendo mientras alguien lee un cuento corto.
Además, lo que me encanta es que no son eventos elitistas: tienen un tono popular y cercano, con ilustradores, narradores y actores participando. A veces son fiestas que parecen festivales pequeños, otras veces son charlas íntimas; siempre hay una intención de crear comunidad. Personalmente me quedo con las noches en las que la literatura parece un pretexto para encontrarnos y compartir historias.
Me encanta cómo Hernán Casciari transforma relatos breves en viñetas que respiran; para mí la clave está en conservar el tono conversacional original y adaptarlo al ritmo del cómic.
He visto que suele elegir escenas con carga emocional o cómica muy clara y las descompone en beats visuales: qué se cuenta con la imagen y qué queda para las cajas de texto. Eso permite que su voz narrativa siga presente en forma de captions íntimos, mientras las ilustraciones se encargan de los detalles y las miradas que no se podrían explicar solo con palabras.
Otro punto que noto es la colaboración: deja libertad creativa al dibujante para reinterpretar situaciones, pero cuida la cadencia del diálogo y la economía de la escena. El resultado es un equilibrio entre la prosa original y el lenguaje gráfico, con momentos de silencio visual tan potentes como sus remates humorísticos.