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Pienso en la parte logística y veo una mezcla de procesos nacionales e internacionales. Si la farmacéutica de Olot produce y embala en España, normalmente los envíos se gestionan desde aquí: se preparan los documentos, se obtiene la certificación necesaria y se contratan transportistas que saben manejar mercancía farmacéutica (temperatura controlada, trazabilidad, etc.).
Sin embargo, muchas compañías externalizan la distribución a terceros o usan almacenes en países estratégicos; eso significa que, aunque el origen del producto sea España, la entrega al cliente final puede salir de otro punto. Para destinos fuera de la UE, además, hay controles aduaneros y requisitos sanitarios adicionales que obligan a una logística más compleja. En mi experiencia, lo más habitual es que sí exporten desde España cuando la producción está allí, pero con matices dependiendo del destino y de la estrategia de distribución. Me gusta cómo estas cadenas combinan precisión técnica y planificación.
De vez en cuando me pregunto cómo llegan los medicamentos desde rincones como Olot hasta farmacias lejanas, y la respuesta es: con bastante papeleo y mucho control.
Si la farmacéutica fabrica en Olot, legalmente puede exportar desde España; la exportación intracomunitaria es relativamente directa, mientras que las exportaciones fuera de la UE requieren certificados GMP, documentación sanitaria y trámites aduaneros. También existe la práctica habitual de utilizar distribuidores o centros logísticos en otros países, lo que puede dar la impresión de que el producto no sale «desde España», aunque su fabricación haya sido allí. En resumen, sí es posible y frecuente que exporten desde España, pero la cadena real suele ser híbrida entre lo local y lo internacional, y eso siempre me resulta curioso e impresionante.
Me fascina ver cómo empresas locales conectan con mercados internacionales desde pueblos pequeños.
Viviendo cerca de Olot he visto cómo plantas industriales, incluida la farmacéutica de la zona, organizan envíos más allá de España. En la práctica, si una farmacéutica produce en Olot y quiere vender fuera del país dentro de la Unión Europea, puede exportar directamente desde España aprovechando el mercado único: eso simplifica aduanas y requisitos de libre circulación, siempre que cumpla las normas de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) y las buenas prácticas de fabricación (GMP).
Para destinos fuera de la UE la cosa suele incluir más trámites: certificados de exportación, control aduanero, documentación sanitaria y, a menudo, logística con operadores especializados. También es muy habitual que parte de la cadena —envasado, etiquetado o distribución— se haga en centros logísticos en otros países, pero el origen del producto sigue siendo España si la fabricación se realizó en Olot. Personalmente, me impresiona cómo algo producido en un pueblo puede seguir controles tan estrictos y llegar a farmacias lejanas tras tanto papeleo y cuidado.
En mis viajes de trabajo por la región he aprendido que la exportación farmacéutica tiene dos caras: producción y cumplimiento. Si la farmacéutica de Olot fabrica el principio activo o el medicamento final allí, ese producto puede salir de España hacia otros países, pero siempre sujeto a controles regulatorios. En la UE la libre circulación facilita la exportación intracomunitaria, mientras que a terceros países se les exige documentación más compleja: certificados GMP, certificaciones del lote, y a veces inspecciones adicionales.
Otra pieza clave es la figura del Responsable de Liberación de Lote (el llamado QP en el entorno europeo), que garantiza que cada lote cumple antes de salir. Además, la empresa puede optar por exportar mediante distribuidores internacionales o por establecer una filial en el país destino; en estos casos, la venta final puede gestionarse fuera de España aun cuando la fabricación sea en Olot. Desde el punto de vista práctico, no es raro que el producto salga físicamente de España pero que la logística internacional implique centros de consolidación en otros países; eso complica un poco rastrear el «origen» comercial, aunque legalmente el origen siga siendo España si allí se ha fabricado y liberado el lote. Me parece admirable la coordinación que eso requiere para que todo llegue en condiciones óptimas.
Vivo a una hora de Olot y, por lo que he seguido, la farmacéutica local sí puede exportar sus productos desde España, pero no siempre es tan directo como suena. Dentro de la Unión Europea, el proceso es relativamente fluido gracias al mercado único: los medicamentos fabricados allí pueden moverse entre países miembros sin los peajes aduaneros complejos que existirían con terceros países, siempre respetando las autorizaciones y la supervisión de la AEMPS y, cuando aplica, de la Agencia Europea del Medicamento.
Para mercados fuera de la UE, exportar implica cumplir requisitos adicionales: certificados de buenas prácticas, certificados de libre venta o «Certificate of Pharmaceutical Product» según el país receptor, traducción de prospectos, y cumplir normativas locales. Además, muchas empresas usan servicios de logística internacional (3PL) o filiales en otros países para manejar inventario y distribución, lo que puede dar la impresión de que el envío no sale «directamente» de España aunque la fabricación sí lo haya hecho. En definitiva, la respuesta corta es que sí puede exportar desde España, pero los detalles dependen del destino y de cómo la empresa estructure su cadena de suministro.