Crystal K
En nuestra Alianza de Manadas, todo Alfa debe elegir a su futura Luna ante los ojos de todos.
Para hacerlo, el Alfa debe tocar la Piedra Lunar Sagrada, la cual revela el lobo interior de su verdadera compañera. El aura más brillante y pura es la prueba irrefutable de la elección de la Diosa Luna.
Durante las primeras nueve pruebas, estuve absolutamente segura de la fuerza de nuestro lazo. Estaba convencida de que mi loba interior brillaría con más intensidad que ninguna otra por Ronan. Sin embargo, cada una de esas nueve veces, y frente a la manada entera, él terminó eligiendo a Bianca: mi hermana adoptiva, una Omega.
Justo antes del décimo y último intento, me confesó la verdad.
—Voy a elegir a Bianca otra vez.
—¿Por qué? —le pregunté, luchando contra el dolor agonizante de sentir cómo se me desgarraba el alma.
—Porque se me concedió una segunda oportunidad —respondió él sin inmutarse—. En mi vida pasada, Bianca me suplicó que la escogiera al menos una vez; solo quería vencerte. Me negué. Poco después nos unimos como compañeros, pero ella se quitó la vida con acónito justo al terminar la ceremonia. En el pasado, ella recibió un golpe mortal de un lobo renegado para salvarme... Le debo la vida, Lyra. Te juro que la próxima vez te elegiré a ti.
Pero el lazo entre compañeros destinados no es un juego que se pueda reiniciar a voluntad.
Y él no era el único que recordaba el pasado.
En nuestra vida anterior, Ronan se volvió frío y distante conmigo tras la muerte de Bianca. Incluso cuando ascendió como Rey Alfa, jamás volvió a ser feliz. Justo antes de morir, me juró: «Si existe otra vida, jamás te fallaré».
Le creí. Pensé que en esta vida solo había habido una falla en nuestro lazo.
Pero ahora estamos en la décima prueba: nuestra última oportunidad acordada para elegir a la Luna. Si él insiste en traicionar el lazo que la Diosa Luna nos otorgó, yo también seguiré el mandato divino... y me uniré a otro macho.