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Íncubo
Hombre Bestia
Elfo
Yerno
Forense
Estudiante Pobre
Piloto
Celebridad
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Plot & Setting

31
Encuentro Amoroso×
All
Arrepentirse
Seducción
Liarse con alguien
18+
Encuentro Amoroso
Infidelidad
Cuenta Regresiva
Venganza
Matrimonio
Karma
Drama Familiar
Despertar
Desarrollo Femenino
Ambiente Laboral
Amor Prohibido
Reconciliación
Redención
Sistema
Acoso
Crimen
Telepatía
Transmisión en Vivo
Matrimonio por Contrato
Viaje en el Tiempo
Amor Forzado
Solidaridad
Aventura
Apocalipsis
Maldición
Mundo del Entretenimiento
Ventaja Especial
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Melodramático
Renacido
Lazo Familiar
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Dulce Romance
Obsesivo
Inspirador
Sanador
Crush
Múltiples Perspectivas
Apasionante
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Encuentro Amoroso Short Stories & Novels

Discover a collection of enchanting Encuentro Amoroso short stories that explore the depths of passion. Perfect for readers seeking one-hour short stories to inspire and ignite their imagination about Encuentro Amoroso.
La Colegiala y La Pulga Picona - undefined novels & stories
Tipo Repugnante
—Padrino, ayúdame rápido, se me metió una pulga bajo la falda, ¡qué comezón! Mi ahijada salió a pasear al perro y una pulga la mordió en su lugar íntimo, me pidió que le calmara la comezón, y, entre tanto calmar a la jovencita le dio todavía más comezón; al final terminó pidiéndome que le quitara la falda para aliviarle otra comezón.
Enferma con adicción al sexo - undefined novels & stories
Mangonel
—¡No, ahí ya no cabe más! Tirado en la cama de hospital, con las nalgas pálidas al aire, el doctor me examinaba por mi problema de adicción sexual. Pero parecía más bien estar jugando conmigo. Sus manos no paraban de acariciar mis glúteos, hasta que introdujo un dedo en mi interior. Cuanto más le suplicaba, más excitado parecía ponerse. No pudiendo soportarlo, volví la cabeza para mirar. ¡Ese no era el doctor, era mi profesor de la universidad! Al siguiente instante, sus movimientos se volvieron aún más violentos.
Más que una Muñeca de Silicona - undefined novels & stories
Erosi
Entrada la noche, me encontré con la hija del dueño en la tienda de artículos eróticos, con la luz apenas encendida. Se estaba complaciendo a sí misma. Tenía los ojos vendados, las piernas abiertas sobre el sillón tántrico, cada una apoyada en un brazo del sillón, perdiéndose en el placer. Hasta que el sillón falló. Se retorció hasta ponerse colorada, incapaz de soltarse, y tuvo que pedir ayuda. —Ayúdame... Me agaché y pasé los dedos por sus muslos, sus pantorrillas y la cara interna de sus muslos. —No te muevas. Este sillón es complicado. Necesito revisarlo bien primero. —Por... por favor. La observé ir del pudor al deseo, hasta que se quebró y dejó de luchar. —Dámelo. Dame todo lo que tienes. En ese instante, desde afuera llegó el sonido del dueño al abrir la puerta. La empujé detrás de los estantes. Ahí descubrí una muñeca de silicona idéntica a ella.
La Cura A Mi Calentura - undefined novels & stories
Héctor Cerrajas
—Sé buena y ponte en cuatro. La terapia de apoyo ya no es suficiente; tengo que ayudarte yo mismo. Soy la más bonita de la universidad y tengo una adicción. Después de dejarlo seco, mi novio, Iván, empezó a temer que mi adicción me llevara a serle infiel, así que me mandó con el médico del campus para que me curara. Nunca imaginé que el tratamiento de ese médico fuera tan raro. Al final hasta se bajó los pantalones y sentí algo duro y caliente que se me clavaba por detrás...
El Semental De Los Tres Huevos - undefined novels & stories
Benito Camelier
—Como no logro curarte desde la mente, voy a tener que iniciar el tratamiento de manera física. Ven aquí. La despampanante doctora Paulina se quitó la ropa interior y se recostó en la camilla. Abrió las piernas y, con un gesto coqueto, me hizo señas para que me acercara.
Inseminación Corporativa - undefined novels & stories
Leep
—Sigue, no pares. Hazla gritar, quiero escucharla. Esa noche, ya tarde, en la recámara, le hice trizas el fino y delicado camisón de seda a la esposa del jefe. No llevaba nada debajo. Ese cuerpazo de metro setenta se estremecía bajo mis manos, y sus piernas blancas y esbeltas se me enroscaban a la cintura con fuerza, casi sin querer, mientras seguía con el celular en la mano y la llamada del jefe en altavoz. Atrapada entre la vergüenza y un placer arrollador, se aferraba a las sábanas, indefensa, mientras gemía mi nombre sin darse cuenta. Justo cuando, con mi miembro tan duro que me dolía en la mano, lo alineaba con su sexo empapado, a punto de embestirla con fuerza, alguien abrió la puerta de la recámara.
Dominado Por La Esposa De Mi Profesor - undefined novels & stories
Benito Camelier
—No pasa nada si no sabes... te enseño paso a paso. Fui de visita a casa del profesor Blanco, pero la esposa del profesor, guapa y coqueta, no podía dejar de coquetear conmigo con la mirada. Hasta se pegó a mí para enseñarme de la mano cómo cocinar. Su cuerpo suave y redondeado se pegó al mío, y casi sentí una reacción. Pero lo que no esperaba era que la señora Silvia sonriera de manera coqueta y, frente al mismísimo profesor Blanco, se atreviera a...
La Dulce Leche De Mi Suegra - undefined novels & stories
Moonich
Una mujer madura, con una figura envidiable y curveada, vino a buscarme para una consulta. Ya dentro del consultorio, se acomodó de espaldas sobre la camilla. Sin dudarlo, se levantó la falda y me suplicó que le hiciera una revisión completa. En cuanto terminé de ajustarme los guantes médicos, ella se movió hacia mí con urgencia. —Ayúdame, por favor... rápido, te lo ruego.
Bebiendo La Cura Viscosa De Mi Deformidad - undefined novels & stories
Mangonel
—¿Por qué tienes un bulto ahí abajo? No se parece en nada a lo mío. Lucy, mi vecina de dieciocho años, me miraba con curiosidad esa parte del cuerpo. Había algo en su mirada que delataba un deseo, aunque ella no entendiera lo que estaba sintiendo. Yo fingí no entender. —¿Dices que no se parece? Enséñame cómo es el tuyo. No esperaba que lo hiciera sin dudarlo; de pronto, se bajó su minifalda blanca y me mostró su piel blanquísima. —Mira, aquí yo estoy plana, no tengo nada.
¡Suegrito! Me atoré en la lavadora - undefined novels & stories
Mangonel
Cuando lavaba la ropa con el trasero levantado, me embistieron por atrás y terminé metida en la lavadora. Mi trasero carnoso quedó expuesto afuera, sujetado por sus manos fuertes. No podía ni moverme. Su mano enorme me acariciaba por detrás como quería. Empecé a ponerme bien caliente y el placer hizo que hasta las piernas me temblaran. Volteé a ver quién me estaba haciendo esto, y me di cuenta de que era ni más ni menos que mi suegro.
Mi Papi También Saca Leche - undefined novels & stories
Verde
Me llamo Ángela Portillo. Este año empecé la universidad. Como tenía una cara demasiado bonita, busto generoso y piernas largas, apenas puse un pie en la universidad, atraje el interés de muchos chicos. Pero no me atrevía a salir con ninguno porque apenas me había enterado de que tenía una enfermedad muy vergonzosa.
Puse A Madre E Hija En Cuatro Ruedas - undefined novels & stories
Mangonel
—Hay algo duro aquí abajo que me está picando. En el auto de la escuela de manejo, para enseñarle a manejar a mi ahijada, hice que se sentara en mis piernas para guiarla personalmente. Pero apenas encendimos el motor, el auto se nos apagó y la carrocería dio un brinco muy fuerte. Esos amortiguadores de mi ahijada se hundieron profundamente en mi entrepierna. Lo que terminó por acelerarme el pulso fue notar que Camila solo llevaba puesta una minifalda cortísima que no le cubría nada.
Revisión Profunda - undefined novels & stories
Búsio
—Te lo ruego, si no llamas a la policía ni le dices a mi papá, yo… yo haré lo que sea. Cuando trabajaba en la tienda, instalé una cámara oculta encima de los estantes para atrapar ladrones. Para mi sorpresa, la primera en caer fue una universitaria de aspecto inocente y figura espléndida. La llevé a la bodega para hacerle un cacheo. Durante el cacheo, la suavidad de sus pechos me encendió de golpe. Lo más insólito fue que, sin que yo supiera cuándo, su calzoncito estaba empapado.
El Cuidador De Maduras - undefined novels & stories
Nájera Testa
—Aaaaahhhh... Don Alejandro, mi vecino, tenía que irse de viaje de trabajo durante dos días y me encargó cuidar a su joven esposa, Martha Castañeda. Jamás imaginé que ella se descuidaría tanto conmigo. Vestida con un camisón ligero, dormía profundamente en la cama; su cuerpo desnudo y blanco quedaba a la vista y se movía al ritmo de su respiración. No pude contenerme. Extendí la mano hacia ella mientras dormía y acaricié su cuerpo sensual. Se estremeció ante mi contacto, pero no despertó del todo; en cambio, se fue excitando más y más con cada roce y arrimó su cuerpo al mío. Sin poder contener más las ganas, acerqué aquello que ya estaba duro y lo rocé entre sus piernas...
El Hueco Que Dejó Papá - undefined novels & stories
Mangonel
—Me pica muchísimo. Mi papá salió, ayúdame a rascarme con la cuchara. En la mesa, la hija de mi amigo había comido demasiados ostiones; las hormonas se le alborotaron y el deseo se le desbordó. Llevaba una minifalda; sus piernas se abrieron hacia mí, dejando ver su tentador calzoncito blanco. Llevaba años sin estar con una mujer, y al ver la intimidad ligeramente hundida de la jovencita sentí que el cuerpo me traicionaba. Me desabroché el pantalón, saqué mi hombría y la agité frente a ella. —¿Qué tanto te va a ayudar una cuchara? Ráscate con esto.
Chiquita Pero Tragona - undefined novels & stories
Hombre Sucio
—¡Ay, qué duro!... como que ya te urgía, ¿no? Esa noche de San Valentín, mi amigo, su esposa y yo regresábamos al pueblo en auto. Lo que no esperaba era que su esposa, medio dormida, me confundiera. Su mano suave me acariciaba los muslos duros como piedra, una y otra vez. Y de vez en cuando frotaba sus meloncitos blancos contra mí: —Amor... juega con tu zorrita. ¿Cómo iba a aguantarme al escuchar eso?...
Secretos Calientes de la Tutora Privada - undefined novels & stories
Violeta Díaz
—¡Ay... más suave, mi esposo me está llamando! —exclamé con las mejillas enrojecidas mientras tomaba el teléfono y contestaba la videollamada. Al otro lado de la línea, mi esposo, con la mirada perdida, me daba una orden tras otra, sin percatarse de que, fuera de cámara, un joven movía la cabeza entre mis piernas.
Pedaleando A Máxima Succión - undefined novels & stories
Mangonel
—Pao, ayúdame aquí abajo, chupa con un poco más de fuerza... Con tal de ayudarme a que todo volviera a funcionar, la guapa chica que tenía enfrente se puso de rodillas y empezó a succionarme con muchísimas ganas. Ella es mi entrenadora de ciclismo. Por un descuido, terminó dándome un golpe accidental en la entrepierna. En ese momento, estaba toda angustiada intentando que mi hombría despertara de nuevo. Pero en realidad yo ya había recuperado la sensibilidad desde hace rato; solo me estaba dejando llevar por el placer de su boquita. Y lo que menos me imaginé fue que, por lo visto, ella también se estaba empezando a calentar.
La Maldad De Esa Cabeza - undefined novels & stories
Señor Calabazón
Después del accidente de auto, la tía Lore se confió demasiado porque creía que yo estaba mal de la cabeza. Jamás se cubría frente a mí y, cuando me aprovechaba de ella, solo le quedaba intentar calmarme con cariños. Poco a poco fui sobrepasando los límites, tentando el terreno para ver hasta dónde podía llegar con ella. Por fin, un día, aproveché que el tío Roberto estaba profundamente dormido y me metí en su cama para gozar de ese cuerpo que tanto me hacía babear. Ella temblaba entre mis brazos, muerta de miedo de que el tío Roberto nos descubriera. No tuvo más remedio que tragarse sus gemidos y tratarme como loquito; se fue quedando sin fuerzas, atrapada entre el placer y la culpa que sentía. Pero lo que ella no sospechaba era que yo ya estaba bien de la cabeza desde hace mucho tiempo.
La mujer en el gimnasio - undefined novels & stories
Mangonel
—No... mi cuerpo es de mi esposo. En el gimnasio, había contratado a un entrenador personal para trabajar los glúteos. Para poder mostrarlos mejor, llevaba puesta solo una minifalda rosada muy corta, bajo la cual se alcanzaba a ver ligeramente mi ropa interior blanca. Yo ya era una persona muy sensible por naturaleza, y cuando el entrenador levantó directamente mi falda corta y empezó a tocar mis nalgas, mi cuerpo reaccionó sin que pudiera controlarlo. Al ver mi reacción, el entrenador tiró de repente de mi ropa interior, que ya estaba completamente húmeda. —¿Te pica tanto que no lo soportas? Déjame ayudarte.
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