Anatory
Me llamo Amanda Hayes, tengo 24 años, y mi vida cambió el día en que firmé ese contrato.
Todo empezó con unas prácticas en Black Industries, la empresa más prestigiosa de Londres. Estaba orgullosa, ingenua, convencida de que era mi gran oportunidad. Pero el primer día oí una conversación que nunca debí haber escuchado: nombres, cifras, amenazas, palabras como «cártel», «entrega», «accidente limpio». Quise huir, pero Cameron Black el CEO, 32 años, 1,93 m de hielo y peligro me acorraló en su despacho del piso 67.
Sabía que lo había oído todo. Me tendió dos contratos: un NDA blindado y otro… que me ataba a él, cuerpo y alma, las 24 horas del día. Obediencia total. Disponibilidad inmediata. A cambio, borraba el riesgo que yo representaba. ¿Negarme? Un «accidente» para mí, y quizás para mi familia. Firmé con las manos temblando, porque tenía miedo. Porque no tenía otra opción.
Desde entonces vivo en una jaula de oro que él llama «protección». Un apartamento de lujo que me impuso, un vestuario que él eligió, una vigilancia constante. Sé que es un jefe de la mafia. Y, sin embargo, cuando me toca, cuando me protege con una posesividad que me aterra y me enciende, ya no sé dónde está el límite entre el miedo y el deseo.
Dice que estoy en peligro por secretos que aún no comprendo. Pero cada día siento que me hundo más profundamente en su mundo oscuro, en sus brazos que me aprietan demasiado fuerte, en este contrato que ya no está solo en el papel.
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