AMOR DE VAMPIRO
Pues el ambiente ruidoso, apestoso y superficial de estas fiestas y de estos lugares, me provoca ansiedad, náusea y depresión.
Karina se topó pronto con sus amigos y amigas, todos estudiantes universitarios jóvenes al igual que ella. Además, se encontró con su nuevo “amigo especial”, a quien besó en los labios. Se trataba de Tom Wellington, un joven norteamericano estudiante de intercambio, de casi dos metros de alto, fornido y robusto, de piel muy blanca, barba incipiente de color rojizo, como sus largos cabellos, y ojos azules. Solo le faltaba el traje de vikingo para imaginarlo invadiendo Normandía.
—Helen, te presento a Tom. –Introdujo Karina, ambos estrechamos las manos.