Enamorados durante siete vidas
Sus lagrimas recorrian su rostro, algo que detuve con mi mano derecha.
El amor y pasión que nos teniamos contrarrestaba el frío que invadía mi cuerpo. Con suavidad, me elevé al darle un beso lleno de misterio. Bajo el resplandor de la luna roja, debajo de mi ser inundado de sangre, ante la promesa de amor eterno, con cada beso, mi energía se desvanecía poco a poco. Mientras mis párpados se entornaban, mi cuerpo comenzaba a debilitarse. Experimentaba una sensación de liviandad, como si fuera una pluma, mientras mis párpados se hacían cada vez más pesados. La oscuridad comenzo a invadirme, y supe por fin que podria descansar del dolor.