Antídoto
Desde mi habitación, oía sus gritos:
—¡Si no podemos concebir, debemos ver a un médico! —lloriqueaba Daniela.
—¡El problema es tuyo! ¡Ve tú sola! —le espetó Adrián, arrancándole mechones de pelo.
La verdad era un cuchillo en su orgullo:
Sin herederos, nunca controlaría el imperio Mendoza.
Días después, Adrián comenzó a buscar "sustitutas".
Yo me encargué de que Daniela recibiera las fotos.