Aullido de medianoche
La vista de Regina, entre azul y verdosa estaba puesta en el mar, ese mar azul profundo del horizonte y que conforme parecía acercarse, se aclaraba suavemente hasta casi desaparecer en un tono verde tan suave, justo en ese momento acababan de bajar del vuelo que en varías horas los tenía ahí, en China, en esa isla magnifica de Hanya, específicamente, cruzando ese puente que unía la enorme isla con su destino final, la isla Phoenix.
Desde el momento de subir al avión, Regina decidió que dejaría todos sus problemas en New York, no iba a pensar en su padre ni en el absurdo compromiso que aseguraba debería, o en la reprimenda de calidad infernal que le pudiese dar si llegaba a enterarse que habí