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Le di a mi novio a su amor ideal... y terminó arrepentido

Le di a mi novio a su amor ideal... y terminó arrepentido

Tuvimos una relación de diez años. Salvador Ríos, finalmente, aceptó casarse conmigo. Pero el día en que debíamos tomarnos las fotos para la boda, cuando el fotógrafo nos pidió que nos besáramos, Salvador frunció el ceño con desagrado, murmuró que sufría de misofobia y, sin más, me empujó suavemente a un lado y se marchó solo. Yo, con la cara ardiendo de vergüenza, me vi obligada a disculparme con todo el equipo por su actitud. Afuera caía una nevada densa. Era imposible encontrar un taxi. Caminé sola, paso a paso sobre la nieve, con los pies empapados… y el corazón también. Y al llegar al departamento que sería nuestro hogar conyugal, lo encontré besando a Lucía Solís. Abrazándola como si el mundo estuviera a punto de acabarse. —Lucía… solo dime una palabra… y dejo esta boda y todo ahora mismo —susurró él. Diez años de amor ciego… de pronto se convirtieron en una broma cruel. Lloré como nunca. Y luego decidí que sería yo quien escapara primero de esa boda. Tiempo después, se corrió la voz en todo nuestro círculo social: El joven Ríos buscaba desesperadamente a su ex prometida por todo el mundo, solo para rogarle que lo mirara una vez más.
Short Story · Romance
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El choque de la traición: entre la mentira y mi renacer

El choque de la traición: entre la mentira y mi renacer

El día del control prenatal, mi esposo Emilio estaba ocupado en el trabajo, pero su amiga de la infancia, con quien llevaba años de coqueteo, Laura se ofreció a llevarme en auto. En el camino, de pronto giró el volante y el vehículo se estrelló de lleno contra la parte baja de un camión de carga; la carrocería quedó aplastada al instante. No llamé a mi esposo, que era médico de urgencias, sino que marqué al servicio de emergencias y esperé el rescate, solo porque, en mi vida anterior, lo primero que hice fue llamarlo para que me llevara al hospital. Al final, el bebé se salvó, pero Laura murió en el acto por la gran pérdida de sangre. Él decía que no me culpaba, que me recuperara tranquila, incluso me consiguió una habitación individual en el hospital. Pero el día del alta, me llevó a la tumba de Laura, allí, me clavó un cuchillo en el vientre; el bebé murió y yo quedé al borde de la muerte. Sus ojos estaban llenos de un odio encendido, y, ante mis súplicas, solo dijo con frialdad: —¡Si no hubieras girado el volante a propósito, Laura no habría muerto! ¡No creas que por fingir inocencia voy a creerte! Ojo por ojo: ¡quiero que la acompañes en la tumba! ¡El dolor que ella sufrió antes de morir, tú lo vivirás diez veces... cien veces más! Giró el cuchillo con fuerza, una y otra vez, atravesando mi cuerpo. La sangre salpicó sobre la lápida, tiñendo de rojo el nombre de Laura. Cuando abrí los ojos, estaba de vuelta en el lugar del accidente.
Short Story · Romance
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El ex no me quiso, el CEO sí

El ex no me quiso, el CEO sí

—¿Quieres acostarte conmigo? Santiago Silva miró a la mujer de rostro sonrojado que se había lanzado contra su pecho y preguntó con desgana. Gabriela Ramírez estaba teniendo un episodio y no podía controlarse, así que asintió. Llevaban un año de matrimonio, pero su esposo, Felipe Ramos, nunca se acostaba con ella. Gabriela había desarrollado un trastorno psicológico por ello: cada vez que tenía un episodio, no podía controlar sus deseos. Hasta que una noche sorprendió a su esposo besando una foto de su hermana. Entonces supo que solo era un sustituto de ella. Su condición empeoró. No tuvo más remedio que ir al hospital, donde conoció a un joven y apuesto doctor. En ese momento, casi no pudo contenerse y terminó acostándose con él. Al día siguiente, al llegar a su trabajo en la empresa, el doctor que se le había metido resultaría ser el nuevo presidente. Gabriela quiso fingir no conocerlo, pero la ascendieron a asistente personal del presidente, trabajando a su lado. *** —Señor, tengo esposo, ¿acaso quieres ser mi amante? Gabriela estaba obligada a sentarse a horcajadas sobre sus piernas, habló con el rostro enrojecido por la ira. El hombre la sujetó por la cintura y la besó: —Querida, ¿ya olvidaste que anoche me llamaste ''cariño'' toda la noche? Más tarde, Gabriela se volvió a casar sin dudarlo. Sin embargo, Felipe se arrepintió. Él lloró y suplicó: —Gabriela, ¡empecemos de nuevo! ¡Lo que sea con tal de no divorciarnos! Gabriela respondió con frialdad: —Lo siento, pero no necesito a un hombre que ni siquiera funciona en la cama.
Romance
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Tu hijo, mi adiós

Tu hijo, mi adiós

Cuando fui al hospital para verificar si el cuarto intento de fertilización in vitro había sido exitoso, vi a Francisco Gutiérrez —quien supuestamente estaba de viaje de negocios— ayudando cuidadosamente a una joven y hermosa chica a salir del sección de ginecología y obstetricia. La chica tenía el vientre tan abultado que parecía estar a punto de dar a luz. Francisco solo se desconcertó por un instante, antes de proteger a la chica detrás de él. —Laura, nuestra familia necesita un hijo para continuar el linaje. Cuando nazca el bebé, volveremos a ser como antes. Escuché claramente la determinación en su voz, y le sonreí diciendo que estaba bien. Ante su mirada sorprendida, guardé silenciosamente mis resultados médicos. El día que la chica dio a luz, dejé un acuerdo de divorcio y me alejé de él para siempre.
Short Story · Romance
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Renacimos los dos... y él terminó en la cárcel

Renacimos los dos... y él terminó en la cárcel

El día de la sentencia, mi prometido Diego González me tomó de la mano, sollozando, y me pidió que dejara de defender mi inocencia y firmara un acuerdo de culpabilidad. —Clara, sé que tú no hiciste nada… pero Isabella está esperando un hijo mío. No puedo permitir que ella vaya a la cárcel. Hazlo por tu bien, por favor —suplicó, con lágrimas que le empañaban la mirada. Sin dudarlo ni un instante, firmé el acuerdo. En mi vida anterior me negué a cargar con la culpa de Isabella García y, por eso, no solo terminé tras las rejas: la furia de Diego envió gente a torturarme hasta dejarme estéril. Esta vez me propuse complacerlo. A la mañana siguiente, los noticieros reventaron con la primicia de que yo había robado secretos comerciales de la Corporación López. Para colmo, Isabella se presentó como testigo. —Sí, fue ella; la vi con mis propios ojos infiltrarse en la compañía —declaró ante las cámaras. Pero aquella tarde, cuando inició la audiencia, el demandante Santiago López, director general de la corporación, retiró la acusación. Bajo la mirada atónita de la prensa, sacó un anillo, se arrodilló y me preguntó: —Clara, ¿en esta vida aceptarías casarte conmigo?
Short Story · Romance
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Puse A Madre E Hija En Cuatro Ruedas

Puse A Madre E Hija En Cuatro Ruedas

—Hay algo duro aquí abajo que me está picando. En el auto de la escuela de manejo, para enseñarle a manejar a mi ahijada, hice que se sentara en mis piernas para guiarla personalmente. Pero apenas encendimos el motor, el auto se nos apagó y la carrocería dio un brinco muy fuerte. Esos amortiguadores de mi ahijada se hundieron profundamente en mi entrepierna. Lo que terminó por acelerarme el pulso fue notar que Camila solo llevaba puesta una minifalda cortísima que no le cubría nada.
Short Story · Pasional
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Renací: Intercambio de Boda

Renací: Intercambio de Boda

Cuando renací, con los recuerdos de mi vida pasada bien presentes, lo primero que hice con mi prima Ofelia Pérez fue cambiarnos de novio. En mi vida pasada, Ofelia y yo nos casamos el mismo día. Ella, tan dulce y tranquilita, acabó casada con el comandante naval Ignacio Ramírez, frío y distante. Pero un día, Ignacio, por irse a celebrar el cumple de su amiga de la infancia, Liliana Flores, se le pasó su aniversario de bodas. Ofelia solo quería una explicación. Él, en cambio, soltó: —No tengo por qué sentirme culpable. Y desde ese día, se quedaron en la ley del hielo… por cincuenta años seguidos. Yo, con mi carácter explosivo, me casé con un contador de una fábrica de maquinaria, Fernando Aguilar. Él era calladito. Y aun así, todo el día me reclamaba que yo hablaba demasiado fuerte, que no sabía arreglarme, que no sabía "comportarme". Lo nuestro era pelear sin parar. No pasaban ni tres días sin un pleito… y a veces ni tres horas. Hasta que terminamos peleando tan feo que él mejor ni regresaba a casa. No llegamos ni al año de casados y ya estábamos divorciados. Y cuando volví a abrir los ojos, Ofelia y yo habíamos regresado al mismo día: el día de la boda…
Short Story · Romance
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RECHAZADO: El alfa tras la máscara

RECHAZADO: El alfa tras la máscara

“No solo eres humana, sino también débil y frágil, tan diferente a mi tipo”, gritó mientras la apretaba contra la pared. Su lobo aullaba dentro de él, pero lo ignoró por completo y la miró directamente a los ojos, donde se reflejaban el miedo y el dolor. “Nunca te aceptaré como mi compañera, no porque seas humana, sino porque no eres en absoluto mi tipo. Amo a otra persona, y ella será mi compañera”, escupió esas palabras con una rabia tan intensa que hizo que las rodillas de la joven temblaran de miedo. El alfa Eric había odiado y rechazado a su compañera desde el mismo día en que puso los ojos en ella. Haría cualquier cosa por sacarla de su vida… hasta que todo cambió la noche en que la encontró en un club BDSM, donde tuvo que disfrazarse con una máscara. P.D.: En este libro, los hombres lobo viven entre los humanos, y su existencia no es conocida por todos. P.D.: Esta historia contiene un alto contenido sexual, específicamente con temáticas de dominación y sumisión.
Hombre lobo
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Crié Gemelos para la Venganza

Crié Gemelos para la Venganza

Mi esposo, Jorge Martínez, y el amor de su vida, Elvia Meza, murieron juntos en un accidente automovilístico, y a mí me dejaron a cargo de dos gemelos ilegítimos. En un abrir y cerrar de ojos, dieciocho años se esfumaron. Me partí el alma para criarlos, los saqué adelante y hasta logré que los admitieran en la mejor universidad. Pero justo el día en que llegó la carta de admisión, Jorge y Elvia —muertos desde hacía años— reaparecieron. Ella se prendió del brazo de mi esposo, sonriendo de oreja a oreja, y me dijo: —Gracias por criarlos tan bien. Mis dos hijos pudieron ingresar a la universidad más prestigiosa. Sin ti, Jorge y yo no habríamos podido pasar tantos años fuera, viviendo tan a gusto… Después, Jorge me pidió el divorcio. Me dijo que se casaría con ella, y que, por fin, los cuatro estarían de nuevo "reunidos" como una familia. Y yo no lloré ni armé un escándalo. Solo sonreí, serena, como si nada, y respondí: —Está bien.
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El Disparo Que Me Devolvió La Vida

El Disparo Que Me Devolvió La Vida

Cuando cumplimos tres años de casados, recibí una invitación para la boda de mi esposo; la novia era mi prima, Lina. Seguí la dirección que venía en la invitación y volé a Estados Unidos. Sin embargo, en cuanto llegué, vi a mi marido, Marco, el Don más joven de Italia, abrazando a Lina por la cintura mientras brindaban juntos. Varios fuegos artificiales estallaron en el cielo formando los nombres de los dos. Dentro de la capilla, sus hombres se reían y bromeaban. —En Italia se casó con Aurora y en Estados Unidos se va a casar con Lina. ¡El Don sí que sabe cómo quedarse con lo mejor de los dos mundos! —¿No que no sentía nada por Lina? La voz de Marco se escuchó por encima del ruido: —Al principio, en serio que no sentía nada por ella. Para mí era solo una niña, pero me buscó durante años. Nunca le importó que la ignorara, e incluso se quedó a mi lado los dos años que estuve paralítico, cuidándome. Aunque nunca la dejé entrar a mi corazón, no podía ignorarla para siempre. Los dos años que estuvo paralítico... Así que durante ese tiempo, mientras yo estaba en el desierto, comiendo tierra y durmiendo a la intemperie, luchando contra el cansancio solo para conseguir esos extractos medicinales raros para curar su columna herida, mi esposo había empezado un romance con mi prima. Me limpié las lágrimas, saqué los papeles del divorcio que Marco había firmado cuando recién se lastimó y puse mi firma. Si mi dedicación no vale nada comparada con que alguien esté ahí a su lado, no necesito a un hombre que puede traicionarme tan fácil.
Short Story · Mafia
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