Entre Traición y Venganza
Lo ignoré, y el auto arrancó lentamente.
Sofía me abrazó. —Mamá, ¿a dónde vamos?
Le acaricié la cabeza y, con voz dulce, le respondí: —A otro país, a un lugar donde nadie nos hará daño.
Sofía asintió obediente en mis brazos. —Mientras esté contigo, podemos ir a cualquier lugar.
***
Cuando Andrés salió, ya no había rastro de Valeria y Sofía.