La Dulzura de la Traición
De pronto, le arrebaté la bolsa, la tiré al suelo y lo empujé.
—¡Lárgate! ¡No quiero verte!
***
Mientras tanto, Iván, que no tenía trabajo pendiente, se fue a pasear con Natalia. Habían rentado una finca en la sierra, y, por la tarde, todos disfrutaban de las aguas termales. Algunos cabeceaban entre la bruma del vapor. Hasta que, de repente, alguien gritó:
—¡No manches! ¡El heredero de la familia Carranza volvió al país! ¿No tenías un proyecto donde necesitabas que la familia Carranza invirtiera? ¡Ahora es el momento de acercarte!
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