Sin Salvación
Cazador de Floresel tío de mi esposoella se llevó la casa, el auto y mi corazónel ceo consentidor no te metas con mi dulce esposa casada en secretoencantado por mi engañosa esposa
Elena divisó mi figura entre la gente y se acercó de prisa.
—¡Hum, no es gran cosa!
Hugo, tan astuto como siempre, observando su espalda alejarse, puso una expresión de resignación y murmuró para sí mismo:
—¿Qué pasa aquí? ¿Ahora a los jóvenes genios con talento les gusta ocultar su identidad incluso a sus esposas?
—Bueno, no importa. ¡El señor Sánchez tendrá sus razones!