Aprendiendo a que Me Manejen
Con esos pechos tan grandes, debe de ser muy incómodo que te reboten así.
Muerta de vergüenza, me aferré al volante y dejé que siguiera amasándome. Con el vaivén, el tirante del vestido me bajó el escote y dejó al descubierto más de medio sostén. Él metió la mano por ahí y, por encima de la copa, empezó a frotarme el pezón, suave y sensible.
—Esa fuerza de voluntad tuya no te sirve de nada. Yo te voy a enseñar a usarla…