De Su Amor a Su Venganza
Y sobre él, arrodillada, una mujer con la ropa medio caída.
Sí, medio caída. La falda de cuero que Inés había visto en la foto estaba ahora con la cremallera abierta, y la parte superior le resbalaba hasta el pliegue del codo.
Desde donde estaba Inés, la escena era tan provocadora como ofensiva: el contraste del hombre aristocrático con la mujer voluptuosa era como un golpe directo al corazón. Interrumpir esa atmósfera ardiente la convertía, de repente, en la intrusa.