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Su Mayor Pecado

Su Mayor Pecado

Mi matrimonio con Dante, el heredero Moretti, estaba destinado a ser una unión de poder, una alianza de imperios. Pero para mí, también era algo real. Entonces, mi hermana adoptiva, Clara, apareció en la fiesta. Llevaba puesta su chaqueta de cuero hecha a la medida, montada en su preciada Ducati, y me miró directamente con una sonrisa burlona. —Dante dice —ronroneó—, que estas preciosidades me sientan mejor a mí que a ti. Mi sonrisa se congeló. Dante la subió a un avión con destino al extranjero tan rápido que fue como si nunca hubiera existido. Cinco años después, la noche antes de nuestra boda. Lo encontré mirando fijamente el diseño de nuestros anillos de boda. Él había cambiado el grabado. El «Amor Aeternus» (Amor eterno) había desaparecido. En su lugar estaba: «Mea culpa, mea maxima culpa». Mi pecado, mi mayor pecado. Me quité el velo en ese mismo instante. —La boda —dije con voz gélida— se cancela.
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Activar: La Obediente Heredera de la Mafia

Activar: La Obediente Heredera de la Mafia

Mis padres piensan que no soy lo suficientemente femenina, así que adquieren a una hija IA, dócil y dulce, llamada Serafina Moretti. El día que traen a Serafina a casa, toda la familia se ensaña conmigo. Papá odia que sea mala en los estudios, al contrario de Serafina, que absorbe cualquier conocimiento con solo procesarlo una vez. Mamá arruga la nariz ante mi personalidad alegre y activa. Por lo visto, no soy lo bastante sumisa, algo que la fastidia y le provoca jaquecas constantes. Mi hermano mayor, Dario Moretti, también me regaña todo el tiempo. —¡Eres una vergüenza para la familia Moretti! ¿Qué más sabes hacer aparte de comer y dormir? Incluso Serafina tiene el descaro de burlarse de mí, así que, en un arranque de rabia, la empujo al suelo. La expresión de mamá se ensombrece. Luego me da una fuerte cachetada. —¡Serafina es tu hermana! Si fueras tan dócil como ella, no me fastidiarías hasta el punto de provocarme estos dolores de cabeza. —¡Ya es hora de que aprendas a ser una hija obediente y comprensiva en una academia de corrección conductual! Y así, me obligan a estudiar ahí. Dos años después, mi familia me recoge de la academia. No paran de llamarme por mi nombre, pero yo nunca les respondo. El profesor Luca Caruso los corrige con una sonrisa: —Señora Moretti, debe pronunciar la palabra clave: “Activar”. Solo entonces NS-5 responderá por su cuenta.
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52 Rechazos Hasta Dejar De Ser Su Luna

52 Rechazos Hasta Dejar De Ser Su Luna

Llevaba cinco años con mi compañero, el Alfa Callum Nash… pero ya había aplazado la ceremonia de coronación de la Luna cincuenta y dos veces. La primera vez, Seraphina Vance, una Omega renegada a la que Callum había acogido, perdió el control y se transformó en su forma de lobo en el campo de entrenamiento. Él corrió enseguida a calmarla… y me dejó sola, olvidada en el terreno sagrado durante todo el día. La segunda vez, a mitad de la ceremonia, Callum sintió que uno de los ancianos estaba molestando a Seraphina. Sin pensarlo, interrumpió el ritual de juramento y regresó a la manada solo para defenderla. Yo me quedé sola sobre el altar… escuchando cómo todos se reían de mí. Desde entonces, cada vez que intentábamos celebrar la ceremonia de coronación de la Luna, Seraphina siempre encontraba algún problema que necesitaba la atención inmediata de Callum. Al final… me cansé. Me cansé de esperarlo. Me cansé de creerle. Así que decidí romper nuestro vínculo de apareamiento. El día que abandoné el territorio de la manada, cuando Callum dejó de percibir mi olor… se volvió completamente loco.
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Cincuenta Mil Razones para Vengarme

Cincuenta Mil Razones para Vengarme

Me disponía a irme del restaurante de mi hermano cuando la gerente me detuvo. —Señorita, no ha pagado su cuenta todavía. Al ver su cara desconocida, pensé: "Debe ser nueva y no me conoce". Así que me expliqué con calma: —Cárgalo a la cuenta del señor Blanco. Él ya sabe. La gerente me lanzó una mirada llena de desprecio. —Señorita, somos un Tres Estrellas Michelin. Aquí no cargamos cuentas a nadie —dijo, entregándome la cuenta impresa. Bajé la mirada y la revisé: cincuenta mil dólares por una comida. Incluía: "Mantenimiento de vajilla brillante: tres mil. Purificación de aire exclusiva: cinco mil. Servicio de manejo emocional para VIPs: diez mil". Y montones de conceptos absurdos más. No sabía que mi hermano hubiera abierto un lugar tan estafador. Solté una risa sarcástica. —Soy la hermana del señor Blanco. Si hay algún problema, que me hable en la casa. Pero ella no se dio por vencida. —¿Ahora no puede pagar y se hace la emparentada? ¿Y hasta se inventa ser familia del señor Blanco? Envié un mensaje de texto a mi asistente: "Dile a mi hermano que o despide a esta mujer ahora mismo, o retiro toda mi inversión".
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Sin Salvación

Sin Salvación

Mi esposa profesaba su propia fe y seguía estrictamente sus perceptos, evitaba cualquier tipo de intimidad física. Solo nos permitía estar juntos al decimosexto día de cada mes. Y aun así, todo debía estar bajo su control. Si alguna vez sobrepasaba esos límites, no dudaría en interrumpirlo todo y marcharse. Llevábamos cinco años de casados. Aunque me sentía insatisfecho, la complacía una y otra vez por amor. Me convencí de que, pese a su frialdad, al menos había algo de amor por mí. Hasta que, durante una misión de rescate en un hotel en llamas, descubrí lo equivocado que había estado. Cuando la encontré, mi esposa estaba recostada contra el pecho de otro hombre, y entre los dos había un niño pequeño.
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El Error Que Puse En Cuatro

El Error Que Puse En Cuatro

—Ya, detente... no me beses, ay... Le eché el ojo a la hermana menor de la esposa de mi amigo y pensaba aprovechar la borrachera para llevármela a la cama. Lo que no me esperaba era que, a medio beso, me diera cuenta de que la mujer que tenía en los brazos era la esposa de mi amigo. —¿Cuñada? ¡Pero qué…! De cualquier manera, estaba igual de buena, así que decidí seguir con la corriente...
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Traición a la luz en la cena de Navidad

Traición a la luz en la cena de Navidad

Aquella Navidad, mi esposo estaba lejos, atrapado en un viaje de trabajo que lo mantuvo apartado de mí en una fecha que siempre imaginé distinta. Como si eso pudiera remediarlo, ordenó que me enviaran una cena navideña de un restaurante elegante, directo hasta la puerta de mi casa. Pero al abrirla, algo dentro de mí se quebró. No solo estaba llena de mariscos —justo lo único que no puedo comer—, sino que además incluía un menú infantil. El repartidor, incómodo, bajó la mirada y se disculpó. Me explicó que mi esposo había encargado dos pedidos a direcciones diferentes, y que se había confundido. Dos pedidos. Esa idea se quedó flotando en mi mente, pesada, inquietante… imposible de ignorar. Sin pensarlo demasiado, fui a la dirección que aparecía en el recibo. Y ahí, frente a mí, la verdad tomó forma. En el jardín iluminado de una enorme mansión, lo vi. Mi esposo. Sonriendo como nunca conmigo. Estaba junto a una mujer y un niño, ayudándolos a recoger dulces de un árbol de Navidad decorado con esmero. El pequeño corrió hacia él y se lanzó a sus brazos con una naturalidad que me heló la sangre. —Papá, este año quiero un parque de juegos para mi cumpleaños —dijo, con los ojos brillantes. Él rio suavemente, como si ese momento fuera lo más importante del mundo. —Claro que sí… —respondió, pellizcándole la mejilla—. Y a mamá le regalaré un juego nuevo de joyas. La mujer se recostó contra su hombro, radiante, como si ese lugar siempre le hubiera pertenecido. —Amor, eres increíble con nosotros. Saqué mi teléfono, temblando, y grabé cada segundo de esa escena que ya no podía negar. Después, envié el video a mi abogado. “Necesito el divorcio lo antes posible… para que mi esposo pueda volver con su verdadera familia”.
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El Blanco Ocaso De Un Alfa Sin Alma

El Blanco Ocaso De Un Alfa Sin Alma

Ethan, mi cachorro de apenas tres años, se metió por error en territorio errante y lo mataron de forma brutal. Cuando me dieron la noticia, perdí el sentido. Desperté y vi a Alexander, mi pareja Alfa, apretándome la mano con fuerza. Tenía la voz ronca por la tristeza. —Te juro que voy a vengar a Ethan. Voy a despedazar a esos malditos errantes con mis propias manos. Pero tres días después, en el entierro, escuché por casualidad una conversación entre Alexander y Marcus, su Beta. —En serio no entiendo. —Marcus sonaba confundido—. ¿Por qué no dejó que el sanador de la manada ayudara a Ethan? Estaba herido de gravedad, pero vivo. Si hubiéramos actuado a tiempo... —Fue Lucas. Empujó a Ethan hacia territorio errante por accidente. —Alexander sonaba dolorido—. Lucas es solo un niño y no conocía las fronteras. No fue su intención. —Si hubiera dejado que el sanador lo salvara, el niño le habría contado la verdad a todo el mundo. Sophia terminaría en la cárcel y el Consejo condenaría a muerte a Lucas. No podía permitir que eso pasara —continuó Alexander. —¿Qué pasará con el heredero de la manada? —preguntó Marcus, preocupado. —Eso no importa. —El tono de Alexander recuperó una calma—. En cuanto Ivy se tranquilice, traeré a Lucas. Diremos que es un huérfano adoptado y ella misma se encargará de criar al siguiente Alfa. Así que el que mató a mi cachorro fue el bastardo que tuvo con su amante. Mi cachorro pudo haberse salvado, pero Alexander sacrificó a mi Ethan por su bastardo. Marqué un número al que no había llamado en cinco años. —Soy yo. Ivy. —Cambié de opinión. —Yo sonaba firme y no mostraba ninguna emoción—. Voy a regresar para heredar la Manada Imperial. —¿Y qué pasará con la Manada Moonstone? —Quiero que la Manada Moonstone sea destruida.
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Por su broma, volví con la mafia

Por su broma, volví con la mafia

Cada Día de los Inocentes, Wilson Hale y Chloe Mercer me hacían una broma en nuestro aniversario: una propuesta falsa con un anillo falso y una habitación que estallaba en risas. Y cada año, Wilson estaba convencido de que mi amor por él era demasiado como para dejarlo. Este año, terminé con el rostro cubierto de pastel y mi anillo cayendo al suelo de mármol, mientras él sonreía como si fuera algo que yo perdonaría mañana. Lástima que olvidó una cosa. Yo no era Vivian Gray, la pobrecita chica sin lugar a donde ir. Yo era Vivian Vescary, la hija de la mafia más temida de la Costa Este. Dejé ese mundo atrás porque quería ser amada por quien soy… antes de que mi nombre lo cambiara todo. Durante seis años creí que Wilson era ese hombre. Luego descubrí que su primera confesión fue una apuesta del Día de los Inocentes. Así que dejé de ser la broma y volví a casa.
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No quieren soltarme

No quieren soltarme

Cumplía años y mi esposo, Don Damián, me regaló el collar de perlas de su difunta esposa. Me lo puse para la cena. Mi hijastro, León, enfurecido, me arrojó vino tinto encima. Fui el hazmerreír de toda la fiesta. —¡Maldita! —me dijo entre dientes—. ¿Acaso crees que por ponerte las joyas de mi mamá vas a poder reemplazarla? Me clavó una mirada gélida. Y luego gritó: —¡Lárgate de mi casa! Pero su madre murió cuando él era un bebé. Fui yo quien lo crio. Alguien le metió cizaña. Le dijeron que yo había matado a su madre. Ahora cree que soy una víbora que engatusó a su padre. ¿Y su padre? ¿Mi esposo? Él nunca me vio realmente. Solo veía el fantasma de Cristal. No se me rompió el corazón… ¡se hizo añicos! No me amaron. Ni siquiera me tomaron en cuenta. Así que me fui. Entonces, ¿por qué, cuando por fin me había ido, volvieron de rodillas, suplicándome que volviera?
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