Brenda La Valkiria
Brenda se fue a paso rápido a su habitación, pensaba “que rayos he hecho. A caso no me prometí a mí misma dejar a ese príncipe tranquilo, que no era conveniente, y es que ese era el problema es un condenado príncipe, no solo es millonario y heredero de un imperio hotelero muy público, es bondadoso y gallardo, un jodido príncipe de cuento, todo iba de maravilla, sexo salvaje, sudoroso y entretenido, muy conveniente para olvidar mis fantasmas, entonces me comienza a besar y mimar con cariño las marcas de lucha, mis jodidas marcas de lucha, las que le dan sentido y me hacen sentir viva, tapando con dolor todo mi dolor interno, maldita sea, porque tenía que venir a poner besos y caricias, por un