Esposa, aún me perteneces
Los ojos de Mariza le miraron con dolor, pero le dio la espalda, no iba a permitir que la viera.
—Bien.
Ella intentó irse, estaba dispuesta a subir a su habitación.
—Entonces, ese te amo de ayer, ¿era falso?
Mariza sintió que temblaba, quería gritar que no, que lo odiaba por romper su corazón, levantó la barbilla, tragó sus lágrimas.
—Era falso, tú no mereces mi amor.
—Felicidades, ayer casi me creo tu actuación, me alegra saber que no me equivoqué con una falsa mujer como tú.