Adiós, querido esposo
—Te amo, Anne, juro que te amo, desde que hicimos el amor por primera vez y hasta ahora, mis sentimientos siempre fueron reales, siempre te amé y te amo.
Anne le miró con ojos enormes, sintió que temblaba, se alejó de él, no quería que él notara lo débil que se sentía, luego lo miró a los ojos, sonrió de una forma que era irónica.
—Felipe, ¿Y qué creíste? ¿Qué vendrías y dirías un par de palabras falsas, ensayadas, y yo caería en tus brazos, otra vez? Debes pensar que soy muy tonta, pero, no, mi cara puede parecerte la de una tonta, pero nunca más volverás a engañarme, yo no te amo, yo te odio. No te olvides que esto es un contrato, yo ya tengo quien me ama, y me calienta la cama. Ahórrate t