Un hijo para mi jefe
—preguntó —Si lo prefieres, puedo llevarte al médico ― propuso, con hartas ganas, de abrazarla y consolar el nerviosismo que se le nota.
―Sí, estoy bien, jefe, afortunadamente no pasó a más. Le agradezco su inesperada visita, le juro que me ha salvado la vida y he de agradecerle por el resto de esta. Cualquier favor que necesite, no dude en hacérmelo saber y yo le ayudaré.
―Oh, no, no lo hagas. He llegado por casualidad, vine a dejarte tus cosas que dejaste olvidadas en el auto y para ser sincero no me ha gustado el acto que presencié.