Más que una Muñeca de Silicona
Entrada la noche, me encontré con la hija del dueño en la tienda de artículos eróticos, con la luz apenas encendida. Se estaba complaciendo a sí misma.
Tenía los ojos vendados, las piernas abiertas sobre el sillón tántrico, cada una apoyada en un brazo del sillón, perdiéndose en el placer.
Hasta que el sillón falló. Se retorció hasta ponerse colorada, incapaz de soltarse, y tuvo que pedir ayuda.
—Ayúdame...
Me agaché y pasé los dedos por sus muslos, sus pantorrillas y la cara interna de sus muslos.
—No te muevas. Este sillón es complicado. Necesito revisarlo bien primero.
—Por... por favor.
La observé ir del pudor al deseo, hasta que se quebró y dejó de luchar.
—Dámelo. Dame todo lo que tienes.
En ese instante, desde afuera llegó el sonido del dueño al abrir la puerta.
La empujé detrás de los estantes.
Ahí descubrí una muñeca de silicona idéntica a ella.