La Diosa Que Durmió En Su Sombra
Durante cinco años, mi pareja destinada, el Alfa Killian, ha usado mi cuerpo para sobrevivir a sus ansias de intimidad. Pero jamás me ha marcado.
Durante cinco años, he tenido que tragarme los supresores a la fuerza para ocultar nuestro vínculo ante el mundo.
Hasta ahora. Esta noche, al terminar, me ordenó que asistiera a la ceremonia de luna llena.
Llegué a pensar que por fin estaba listo para reclamarme. Para convertirme en su Luna.
Pero solo rio con gusto y me dio la noticia.
—Celebraré mi unión con Vivian.
La hija de un Alfa. Una sangre pura.
¿Y yo? Yo no era más que su sucio secretito. El remedio para sus periodos de celo.
Se alejó sin decir más. Me sequé las lágrimas, regresé a mi departamento y tiré todos mis supresores de esencia a la basura.
Mi mejor amiga pensó que me había vuelto loca.
—¿Estás segura? El Alfa te odiará —me advirtió.
Negué con la cabeza.
—No importa. Voy a borrarlo de mi vida.
Entonces, acepté la invitación del Alfa Adrian, un rival que venía de Europa.
En siete días, me iría para siempre.