El Juego del Destino
Cada Nochebuena, en la familia Marco se celebra una tradición absurda y cruel.
Adrián Marco, heredero de la mafia, debe sacar un papel al azar para decidir si puede casarse conmigo.
Porque yo no soy una de ellos.
Porque no nací en la mafia.
Si no aparece mi nombre, no hay boda.
Durante cuatro años, Adrián sacó cuatro veces.
Cuatro veces en las que mi nombre nunca apareció.
Yo creí que luchaba por mí.
Que estaba dispuesto a perder su lugar como Don con tal de elegirme.
Cada fracaso venía acompañado de un abrazo.
—Está bien —me decía al oído—. Siempre habrá un próximo año.
Y yo esperé.
Esperé tanto que dolía.
Este año me prometí algo distinto:
si mi nombre no salía… lo cambiaría yo misma.
Pero entonces escuché la verdad, detrás de la puerta de su estudio.
—Don… siempre sacas el nombre de Irene. ¿Por qué finges que no? ¿Aún no puedes soltar a Sera?
Adrián no se detuvo.
No dudó.
—Sera me necesita.
Haz lo de siempre. Cambia su nombre por uno en blanco.
Cuando entré, el papel con mi nombre seguía sobre la mesa.
El vacío, en la basura.
Lo tomé.
Y fui yo quien hizo el intercambio.
Vi mi nombre caer en el fondo del cesto.
Adrián Marco…
ya no quiero esperar.
Ni casarme contigo.
Esta vez, tu elección será real.