ログインAfter my husband's brother died, he took Miranda, his widowed sister-in-law in. He claimed that he would give me his love—but gave all his money to her. He said that since she had no official status, being with him would make her the subject of gossip, so he took her with him and left me behind in the countryside. Every month, he wrote me three love letters, yet sent all his allowance to her. During the famine, she and her two children sat in a warm little house eating well, while my two children died before I could return from selling my blood. One froze to death, the other starved to death. Later, my husband finally came back, but he didn’t shed a single tear for the children. Instead, he told me he wanted a divorce. "Nathalie, to apply for housing, we need a marriage certificate. It hasn’t been easy for Miranda all these years. I want to give her a home. Don’t worry, even if I marry her, I’ll still divorce her afterward—because you’re the only one I love." In the end, I was devastated and threw myself into the icy river. When I opened my eyes again, I was back on the day my children were about to die. This time, I shook them awake, ready to go reclaim everything that was rightfully mine.
もっと見る—¡Sí, soy una escort! —gritó la bella mujer de larga cabellera castaña, piel clara, y ojos color chocolate. —¡No tuve más opciones en la vida! —vociferó agitada—, era eso, o ver morir a mi hermano, así que, si me amas, debes aceptarme con lo que implica, ser una dama de compañía.
El hombre inclinó su cabeza, su respiración era agitada, abría y cerraba sus puños, se debatía entre los prejuicios sociales tan elevados que tenía, y el amor que aquella mujer, dedicada a acompañar y complacer hombres había despertado en él.
Ella lo miraba expectante, el corazón le latía a prisa, esperaba una respuesta, entonces él giró y clavó su azulada mirada en sus dulces ojos color miel, se reflejó en ellos.
—Yo te amo, y te voy a sacar de esta vida —aseguró.
—No es fácil —sollozó ella—, esos hombres no lo van a permitir…
—¡Ya estás bajo mi protección! ¡Nadie volverá a obligarte a hacer lo que no quieres! —La abrazó muy fuerte.
—Tengo miedo. —Se aferró al pecho de él—, nuestra relación será complicada, yo no pertenezco a tu mundo.
Él le sonrió, le acarició la mejilla con ternura.
—Sí en este mundo no aceptan lo nuestro, en Saturno podremos empezar una vida juntos. —Sonrió.
—¡Saturno será un buen lugar para vivir! —contestó ella sonriente, se acercó a él para besarlo.
De pronto se escucharon balazos, ruidos, una puerta se abrió de golpe, un hombre mal encarado apareció, apuntó directo al cuerpo de la chica.
—¡Nadie sale con vida de este mundo Luciana Gómez! —espetó y haló el gatillo, disparó.
—¡No! —gritó el hombre desesperado. —¡Ella no! —Se removía en la cama, su rostro estaba lleno de lágrimas. —¡Luciana vuelve! —fue la súplica llena de dolor que retumbó en las paredes.
La mujer que dormía a su lado, se sentó, apretó los puños con tal fuerza que sus uñas se clavaron en la piel.
—¡Sigues pensando en ella! —susurró frunciendo los labios. —¡Cuánto me alegro de que esté muerta Luciana! —susurró bajito—, y que tú, mi amado Miguel nunca te hayas enterado de la existencia de esos dos engendros. —Apretó los dientes—, lo bueno es que todos murieron, y nadie supo de eso, solo yo. —Sonrió con malicia, entonces movió el cuerpo de su novio—, despierta cariño, tuviste una pesadilla.
Miguel despertó agitado, su frente estaba llena de sudor, sus ojos húmedos, y en el pecho percibía una gran opresión.
—¡Otra vez soñaste con esa mala mujer! —recriminó Irma, su futura esposa.
Miguel apretó los ojos, resopló.
—Lo lamento, no puedo controlar mis sueños —habló con la voz seca—, voy por agua. —Se puso de pie y fue directo a la cocina de la elegante suite del lujoso hotel donde se estaban hospedando, previo a su boda en los próximos días, ahí recargó sus manos sobre la encimera, sintió una opresión que le quemaba el pecho. —¿Por qué si te burlaste de mí, sigo pensando en ti? —cuestionó en un susurro. —¿Por qué apareces en mi mente para atormentarme, Lu? ¿Por qué me hiciste creer que me amabas y te fuiste con tu amante? —se cuestionó sintiendo que el alma le dolía. —¿Por qué me siento tan mal cuando te pienso? ¿Por qué tu recuerdo aún duele?
*****
Al día siguiente.
—¡Ya no sé qué hacer contigo Lucía Cedeño! —espetó la gerente del prestigioso hotel donde ella laboraba. —¡Otro cliente se quejó de ti! ¡Estás despedida!
Aquella frase retumbó por enésima vez en la mente de Lucía, sus ojos color miel se llenaron de lágrimas, y pensó en sus dos hijos.
—¡Por favor señora, no lo haga! —suplicó—, yo necesito el empleo, no hice nada malo, fue ese hombre que quiso pasarse de listo y yo me defendí.
Lucía Cedeño trabajaba como camarera en una importante cadena de hoteles; sin embargo, parecía que su vida estaba destinada a encontrarse con hombres que siempre querían aprovecharse de su belleza, estaba cansada de las propuestas indecorosas, de que le palmotearan al descuido los glúteos cuando limpiaba las habitaciones, o peor aún que la quisieran forzar a tener relaciones con ellos.
«Es como si me notará lo que fui en el pasado» pensó.
Cuando la rescataron de manos de aquella mafia, la pusieron en la lista de testigos protegidos, hicieron creer que Luciana Gómez y sus bebés recién nacidos habían muerto en una explosión en el burdel donde la tenía secuestrada, ahora tenía una nueva identidad, todos la conocían como Lucía.
—Lo lamento Lucía, sabes bien que en nuestros hoteles el cliente es lo primero, además…—Reprimió lo que estaba pensando decir.
—Pero tengo dos hijos que mantener, ellos necesitan una educación más especializada, su coeficiente intelectual es superior al de los demás pequeños. —La miró con desesperación.
La gerente negó con la cabeza, suspiró profundo, conocía a esos dos diablillos, y se condolió de la situación de Lucía.
—Te voy a dar una última oportunidad, te cambiaré al piso de la suite presidencial, así que toma tus cosas y ve a limpiar, hay un cliente muy importante.
La mirada de Lucía brilló, esbozó una amplia sonrisa, abrazó emocionada a su jefa, la señora: Fabiana.
—No la voy a defraudar, muchas gracias.
—Mejor ve a hacer lo que ordené, antes que me arrepienta —sentenció.
Lucía se perdió en los pasillos del lujoso hotel a toda prisa, Fabiana sonrió.
«Espero no te metas en más problemas»
****
Juan Miguel Duque se hallaba en la terraza de la suite presidencial, pensativo. No había acompañado a su novia a ultimar los detalles de la boda, no se sentía bien, cada vez que Luciana aparecía en sus sueños, al día siguiente el dolor de cabeza con el que amanecía era punzante.
Luego de haber estado en coma, después de ese grave accidente, aún tenía secuelas de aquel golpe, apaciguaba la molestia con medicamentos, pero estaba cansado de consumirlos, por lo que sobó su frente intentando aplacar su malestar, no deseaba volver a quedarse dormido, cerró sus ojos por segundos, pero cada que lo hacía la imagen de Luciana se venía a su memoria.
—¿Por qué no recuerdo con claridad nuestra historia? —se cuestionó aturdido, y una agitación en el pecho que no lograba comprender.
Entre tanto, Lucía frunció el ceño, al no mirar el rótulo de: “Hacer la limpieza” en la suite presidencial, entonces tocó a la puerta, y no escuchó ningún ruido, pero de pronto su corazón se agitó con tal fuerza que tuvo que llevarse la mano al pecho, fue como si detrás de aquella madera fuera a encontrarse con algo no muy agradable.
Algunas de sus compañeras ya se habían llevado buenos sustos al encontrar a clientes desmayados, y hasta una vez hasta hubo uno muerto.
—¡Dios mío, que esta vez no me toque a mí! —imploró.
Con sumo cuidado ingresó la tarjeta, la puerta se abrió, Lu miró por todo lado, y liberó el aire que estaba conteniendo, de inmediato se inclinó a retirar las sábanas de la cama, de pronto ese aroma tan varonil impregnado en una de las mantas, revivió antiguo recuerdos, su estómago se encogió, cerró sus ojos, suspiró.
«Miguel, tantos años sin saber de ti. ¿Qué habrá sido de tu vida?» pensó y de nuevo aquel dolor atravesó su alma.
****
En la terraza Juan Miguel apretó los dientes del dolor, no pudo resistir más, se puso de pie y se sintió algo mareado.
—Mi medicamento —susurró, y agarrándose de los muros, logró abrir la puerta corrediza, su visión algo borrosa se posó en la figura de la mujer que estaba inclinanda acomodando una sábana. —¿Quién es usted? ¿Qué hace aquí? —cuestionó.
Esa voz sobresaltó los sentidos de Lu, sintió que el corazón le dio un brinco.
«No, no puede ser él» Se quedó estática, sin atreverse a girar.
—¡Señorita!
Lu escuchó los pasos de él, sus sentidos se alertaron, entonces dio vuelta, sus ojos se cruzaron con los de Juan Miguel, pensó que alucinaba, las piernas le temblaron, los labios se le abrieron. Después de cinco largos años estaba frente a ella, el hombre al cual nunca dejó de amar, el padre de sus hijos.
Miguel parpadeó, arrugó el ceño, se quedó paralizado, sintiendo que el corazón le latía desaforado, varios flashes vinieron a su mente. Luciana se quedó sin respiración, y ambos rememoraron aquella noche en la cual sus caminos se separaron:
(***)
Miguel entró como un desquiciado a aquella casa, la sangre se le congeló cuando miró prendas regadas en el piso, apretó la mandíbula, abría y cerraba sus puños. Subió en un par de zancadas, y abrió la puerta de la habitación de un solo golpe.
—¡Luciana! —gritó iracundo, sus pupilas estaban dilatadas. —¡Así los quería encontrar!
Ella estaba desnuda abrazada al cuerpo de aquel hombre.
Lu derramó varias lágrimas, miró a Miguel, y notó la rabia, la decepción en sus ojos, el corazón se le hizo pedazos.
«¡Soy inocente!» declaró ella en su mente, no podía hablar, la tenían amenazada.
Miguel la miró con desprecio, se acercó a Albeiro, quién era su ex pareja y el supuesto escolta que contrató, entonces lo agarró del cuello, le lanzó un puño, pero el hombre se defendió. Empezaron una batalla campal.
Lu se estremeció, estaba pálida, temía por su reciente embarazo, como pudo se envolvió en una sábana, y se alejó.
—¡Basta! —gritó Lu.
Juan Miguel escuchó la voz de ella, la miró con profunda ira, enojo, decepción.
—¿Por este infeliz me rechazabas? ¿Cómo fuiste capaz de meterlo en nuestra propia casa? —Subió por la cama y de un salto estaba frente a Luciana, la tomó de los brazos, la zarandeó.
—Miguel yo…
—Vamos Lu, díselo —gritó Albeiro, la miró amenazante.
Luciana inclinó la cabeza, temblaba, un gran torrente de lágrimas viajaba por sus mejillas.
—Yo… no te amo, estoy enamorada de Albeiro, me regreso con él.
Esas palabras fueron como puñaladas para el corazón de Miguel, ahora tenía sentido todo, desde que ese hombre llegó ella actuaba extraño.
—Eres la peor de las mujeres, la más falsa, la más mentirosa. —La agarró del brazo, tal como estaba envuelta en una sábana, casi a rastras la bajó por las escaleras, abrió la puerta de la casa, y la echó. —¡Lárgate! ¡No quiero volver a verte jamás! ¡Eres una prostituta de lo peor! —Gruesas lágrimas rodaron por sus mejillas. —¡Jamás debí fijarme en alguien como tú! ¡Por ti hice a un lado mis principios, dejé a mi novia! ¡Espero nunca volver a cruzarme en tu vida!
El rostro de Luciana se hallaba cubierto de lágrimas, se quedó en el piso sollozando, no se defendió, no podía hacerlo, todo había sido planeado a la perfección. Y ella había quedado ante él como la peor de las mujeres.
—Miguel… las cosas no son…
—Cállate, no quiero escuchar tus mentiras.
«Lamento tanto que no me escuches, y dudes de mí, aunque todo me culpa, me duele no decirte sobre la existencia de nuestros bebés» dijo ella en su mente, sintiendo un dolor tan fuerte que le desgarraba el alma.
Miguel miró a Albeiro con profundo odio, el hombre sonrió, alzó a Lu del suelo, y se la llevó.
«Adiós Miguel»
****
—¡Eres tú! —exclamó Miguel todo era confuso para él, tanto que se desvaneció.
Lu parpadeó volviendo al presente, abrió sus ojos con gran sorpresa, corrió para sostenerlo.
—¡Miguel! —exclamó sintiendo su cuerpo temblar y su corazón a punto de salirse del pecho. —¿Qué tienes? —cuestionó agitada. Sus ojos lo contemplaron, se veía más varonil, más maduro, mucho más atractivo, sus dedos le acariciaron el rostro, palpó la blanquecina piel de él, y no pudo evitar derramar un gran torrente de lágrimas—, despierta.
Él no reaccionaba, y eso asustó a Lu, entonces lo colocó con delicadeza sobre la alfombra, corrió al teléfono del hotel a pedir auxilio.
—El huésped de la suite presidencial se desmayó, no reacciona, necesito ayuda —habló con la voz temblorosa.
—¿Qué? —preguntó asustada la señora Fabiana—, de inmediato envío al doctor. ¿Está con él su prometida?
—¿Prometida? —inquirió Lu, balbuceando, esa frase fue como una puñalada en su corazón.
—Sí, muchacha, él se está hospedando con una mujer, con su futura esposa.
Lu inclinó su rostro, su corazón volvió a fragmentarse en miles de pedazos como esa noche en la cual ella tuvo que romperle el corazón a él, haciéndole creer que lo estaba engañando.
—No, no hay nadie con él, más bien localiza a su… novia —esa última palabra pasó como hiel por su garganta.
—Bien, ya va el médico allá.
Luciana colgó de inmediato la llamada, enseguida colocó una almohada en la cabeza de Miguel, lo cubrió con una manta, volvió a contemplarlo.
«Eres idéntico a nuestro hijo» pensó y volvió a llorar, entonces sin pensarlo un segundo se aproximó a él, inclinó su rostro y besó sus fríos labios.
—Aún te amo, nunca he dejado de hacerlo. —Acarició el rubio cabello de él sintiendo su pecho agitado—, espero que la mujer que escogiste te haga feliz.
Entonces la curiosidad fue muy grande, quiso descubrir quién era la afortunada, buscó en las cosas, y miró en unos de los cajones de la mesa de noche una elegante tarjeta de invitación de boda.
—Irma y Juan Miguel —masculló apretando los dientes.
Lu palideció, cerró sus puños con tanta fuerza que se clavó las uñas en la piel, la respiración se le volvió irregular.
—¿Irma? ¿Te vas a casar con esa arpía? ¿Con la culpable de nuestra separación? ¿Con la mujer que quiso robarme a mis bebés?
La sangre hirvió por sus venas, se llenó de ira, enojo, dolor, celos. Se llevó la mano a la cabeza, se acercó a Miguel.
—¡Eres un imbécil, Juan Miguel Duque! —recriminó el pecho le ardía de pensar que esa mujer andaba por ahí tan campante y que iba a convertirse en la esposa de él. —¡Fue ella, Irma es cómplice de Albeiro! —exclamó, entonces reaccionó, y recordó como aquella mujer intentó robarle a sus bebés, y abrió sus ojos de par en par. —¡Ella no puede verme! ¡No puede saber que sigo viva! ¡Mis niños correrían peligro! ¡Él escapó de prisión! ¡Debo irme! —Miró al padre de sus hijos con profunda decepción. —¡Jamás sabrás de su existencia! —sentenció ella, sin imaginar que el destino muy pronto podría a sus pequeños frente a su papá.
****
Queridos lectores espero disfruten de este libro, no es necesario leer los anteriores, pero si deesean el orden de la Saga Duque, aquí se los dejo:
Un café para el Duque.
Hoy te vuelvo a enamorar.
¿De nuevo a tu lado?
Una esposa de mentira.
No sabía que tuvimos dos hijos.
From that day onward, Jerome appeared frequently at my doorstep.At first, he brought small things—food and daily necessities. Then, he came with bigger things—like a television and a telephone.I told him time and again not to waste his efforts. I had no intention of forgiving him.He just smiled bitterly. "I'm not asking for forgiveness anymore. I just want to make it up to you and the children."I did not stop him from interacting with the kids.I had thought, given their personalities, they would eventually forgive Jerome.However, to my surprise, although they accepted what he brought, they never said they forgave him.When I asked them why, my son said, "That night, when you knelt and begged for him to come back, and he still refused us—I stopped acknowledging him as my father."Dad didn't come back because he knew he was wrong. He came back because no one else wanted him anymore."I was shocked by my son's clarity and maturity.Later, I ran into the chief's wife on the
In the end, Jerome and I got a divorce.Despite everyone urging him to send Miranda away, he still could not bear to let her go.After the divorce, I felt utterly disillusioned. I had no interest in the mess that was their private life anymore.Once everything was settled, the chief gave me a sum of money.He said it was to make up for what Jerome should have given me in compensation.He also told me that a portion of Jerome's future salary would be deducted to pay child support.With that money, I settled in the city.I had gone to school when I was younger and knew a bit of Drakovian, so I found work as a foreign language teacher at the local middle school.My two children officially started elementary school.Life was still difficult, but compared to before, it was already much better.I never stopped Jerome from visiting the kids—but he never once came to see them.The children no longer talked about their father like they used to.After seeing Jerome's true nature, the
My arm was covered in large bruises and puncture marks from needles.Once they were exposed, a gasp echoed from the crowd.Those people were children of farmers. They knew all too well that survival in the countryside depended on the land. Without food, there was no life.It was then that someone finally noticed—the clothes worn by Miranda's children were made of expensive, high-quality fabric, while my children were dressed in rags, their sleeves tattered. They also had frostbite covering their tiny arms."Oh my god, how did she survive in the countryside with two children?""The government already gave her compensation. Yet, she's still shamelessly clinging to another man's life and taking up someone else's resources. That's just wrong."When Jerome saw the marks on my arms, his eyes finally flickered with remorse.He knew life had been hard for me—but he never imagined it had come to the point where I was selling my blood."Nathalie, I…I…" he stammered, unable to form a comp
Jerome and Miranda were stunned when I knelt and cried.Everyone around us went silent, their eyes turning toward us in unison.Many of them recognized Jerome and began whispering."Isn't that Jerome and Miranda? Who's the one kneeling?""She just said husband—wait, don't tell me he and his wife…"The hushed gossip reached Jerome's ears. His face paled and he tried to pull me up.However, my knees were stuck to the ground—I did not move.He leaned down and pleaded softly in my ear, "Nathalie, come on. I know you're upset, but this isn't the place to cause a scene. Let's find somewhere to talk privately."I bit my lip and wrapped my arms around his waist."Jerome, don't drive me away. I know I'm not as pretty or capable as Miranda, but I can learn. Back then, you said that she was a widow with no one in the countryside, and she'd be bullied—so you brought her to the city and left the three of us behind. But it's been three years now. Can't she take care of herself now?"Don't
I had already witnessed this scene in my previous life.Eight years ago, Jerome's elder brother was severely injured in a mining explosion. Before dying, he entrusted his wife and two children to Jerome.From that day onward, our two families became one.At first, Miranda and her children lived w
After I was reborn, I sold the cheap watch that Jerome Shaw had given me.I exchanged it for some money, bought some grains, and went home to cook a meal, saving the two children who were on the brink of starvation.Once the children had recovered a little, I took them with me to find Jerome.Aft
I was stunned by the words that came out of his mouth."When did you send me money?""I sent it every month!"As soon as he said that, something seemed to occur to Jerome. He strode into the bathroom and called Miranda into the study.Soon I heard her crying. When she came out, her eyes were red


















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