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capítulo 2

Author: Anto_2608
last update publish date: 2026-08-31 15:51:16

Capítulo 2:

Al cruzar la puerta de cristal de la recepción y salir a la calle, escuchó el sonido de una bocina. A unos metros, un auto se detuvo junto a la acera. La ventana del copiloto bajó y apareció el rostro preocupado de Camilo, su mejor amigo.

—¡Yasmín! ¡Súbete rápido! —le gritó Camilo haciéndole señas desde el asiento del conductor.

Ella no lo pensó dos veces; corrió, abrió la puerta del auto y se arrojó al asiento del pasajero, cerrando de golpe. Estaba hiperventilando, con las manos temblándole sobre las rodillas.

Camilo la miró con los ojos muy abiertos, notando su estado alterado.

—Oye, ¿qué te pasó? Tienes una cara como si hubieras visto a un fantasma —preguntó Camilo mientras ponía el auto en marcha y se incorporaba al tráfico.

—Peor que un fantasma, Camilo... Sebastián. Sebastián es el nuevo director general de la empresa. Mi nuevo jefe.

—¿¡Qué!? —exclamó Camilo, casi perdiendo el control del volante por el impacto de la noticia—. ¿El mismo Sebastián? ¿Tu ex? ¡No me digas eso! ¿Cómo es posible?

—No lo sé, no tengo idea, pero me tiene atrapada. Firmé un contrato por un año y la cláusula de renuncia es de cincuenta mil dólares. No me puedo ir, Camilo. Estoy acorralada —dijo Yasmín, llevándose las manos a la cabeza mientras dejaba caer unas lágrimas de pura impotencia.

Camilo extendió la mano derecha para apretar la suya con firmeza y darle apoyo.

—Cálmate, respira profundo. Ya pensaremos en algo para resolver esa locura, te lo prometo. Pero escucha, no podemos enfocar la mente en eso ahora mismo. Concéntrate en el presente. ¿Acaso olvidaste qué día es hoy? ¡Hoy es nuestra boda por el civil!

Yasmín parpadeó rápidamente, tratando de salir del trance y de la nube de rabia en la que estaba envuelta. Su boda. El compromiso pactado con Camilo, su mejor amigo de toda la vida, un acuerdo lleno de cariño y conveniencia mutua para ayudarse a organizar sus vidas y protejerse el uno al otro.

—Tienes razón... Lo siento, Camilo, perdóname, estoy hecha un mar de nervios —dijo Yasmín secándose las lágrimas apresuradamente—. Mi cabeza está en cualquier parte.

—Tranquila, no pasa nada —le dijo él con una sonrisa comprensiva—. Pero tenemos que movernos ya. Necesitamos ir a tu casa a buscar tus documentos personales, tu acta de nacimiento y tu identificación. Si no llegamos a tiempo al Registro Civil, vamos a perder el turno y la cita estaba programada para hoy a mediodía.

—Sí, tienes razón. Vamos a mi casa rápido —asintió ella, tomando aire para tratar de recomponerse.

Camilo aceleró el vehículo, esquivando el tráfico de la ciudad hasta llegar al apartamento de Yasmín. Subieron corriendo las escaleras, entraron al piso y Yasmín se dirigió directamente al escritorio de su habitación. Rebuscó en los cajones entre papeles, carpetas y documentos viejos hasta que finalmente encontró la carpeta con su documentación personal completa.

—¡Los tengo! —gritó saliendo del cuarto.

—¡Perfecto, no hay tiempo que perder, vámonos! —indicó Camilo revisando la hora en su reloj.

Salieron de nuevo a toda prisa, bajaron las escaleras corriendo, se montaron en el coche y Camilo condujo a gran velocidad directamente hacia la sede del Registro Civil.

Aparcaron en frente casi sobre la hora límite. Se bajaron del carro prácticamente corriendo, atravesaron el vestíbulo del edificio público y se dirigieron al mostrador asignado para las bodas civiles del día. Detrás del escritorio se encontraba un funcionario de mediana edad con gafas, revisando una lista de expedientes.

—Buenas tardes —dijo Camilo, intentando recuperar el aliento—. Tenemos una cita programada para el matrimonio civil de Yasmín y Camilo.

El funcionario alzó la vista, los miró por encima de sus gafas y asintió levemente.

—Pásenme los documentos de ambos, por favor.

Yasmín le entregó la carpeta con sus papeles junto con la identificación de Camilo. El hombre abrió los expedientes, tomó la cédula de Yasmín y comenzó a teclear su número de identidad en el sistema informático.

Yasmín y Camilo se miraron, sonriéndose con cierta complicidad y alivio, pensando que por fin el día tomaría un rumbo tranquilo después de la tormenta vivida por la mañana en la empresa.

Sin embargo, el tecleo del funcionario se detuvo de golpe. El hombre frunció el ceño frente a la pantalla, volvió a teclear el número lentamente y luego miró el documento físico que tenía en la mano. Repitió el proceso una tercera vez con una expresión cada vez más confundida.

—¿Pasa algo malo, señor? —preguntó Camilo, notando la tardanza y el cambio de actitud del encargado.

El funcionario se quitó los lentes, acomodó los papeles sobre la mesa y miró fijamente a Yasmín con una mueca de seriedad absoluta.

—Señorita Yasmín... Me temo que no podemos proceder con esta ceremonia ni registrar ningún matrimonio hoy.

—¿Cómo? ¿Por qué no? —preguntó Yasmín desconcertada, dando un paso al frente—. Mis documentos están al día, traje todo lo que me pidieron.

El funcionario suspiró, señaló la pantalla del ordenador y la miró a los ojos con total frialdad:

—Porque según el sistema nacional de registro, señorita... usted ya está casada.

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