로그인Cap. 24: Flores
Durante todo el caminó Lara sólo veía al frente. Por unos minutos su ira se hizo presente, sus labios apretados y sus movimientos bruscos denotaban sus sentimientos.
—Sólo quería que alguien me oyera —comenzó diciendo, con su rostro enrojecido—. Cuando mi hijo nació mi mundo se hizo tan brillante que podía sola contra el universo entero, pero desde que Egmont enfermó mi corazón, mi mente y mi cuerpo no han tenido paz ni sosiego... El verlo sufrir con sus dolencias, con sus terapias, el temor a perderlo y no verlo más es lo más terrible que he sentido en mi vida y ellos, mi madre y Emil son los únicos que han estado conmigo, incondicional y desinteresadamente. Y Emil, especialmente Emil ha estado conmigo, antes, durante y aún sigue muy pendiente de nosotros, sobre todo de Egmont.
Ritter aspiró aire profundamente y se orilló a la acera.
—Ya estamos próximos a llegar a la casa —le dijo y tomó una servilleta y se la dio—. No es bueno que Egmont te vea así.
Lara tomó la servilleta y el envase con agua, humedeciéndola. La pasó por su rostro y se quedó mirándola en sus manos. En silencio.
—La mirada de ese hombre para ti no es desinteresada —dijo entre dientes.
—Yo lo tengo en mi corazón como un gran amigo y eso es lo que cuenta.
Ritter le quitó los restos de la servilleta, ya que ella la estrujaba entre sus manos.
—Tienes razón —asintió—. Pero eso no es lo que vi al llegar a ese hotel.
Lara levantó la cara y vio los ojos de Ritter muy cerca a ella, enrojeció más al tenerlo tan cerca, movió los suyos de lado a lado mientras Ritter con su mano iba quitando restos de servilleta adheridos a su rostro. Aun serio como estaba miró sus labios, Lara sintió un calor que le subió hasta las mejillas, bajó la mirada para no mostrarle esa necesidad tan grande que tenía de él, de su abrazo, sus caricias, de sus besos… Apretó los ojos cuando él se separó de ella y volvió al volante mientras le decía.
—La mirada de ese hombre para ti no es para nada desinteresada —dijo entre dientes, el enojo se hizo evidente al salir a gran velocidad de nuevo con la mandíbula apretada.
En el garaje ella bajó apresurada del auto y entró sola al salón, allí se encontró de frente con Adalia.
—Mi querida Lara —le saludó hablándole en español. Le dio un abrazo.
Ritter la miró con odio al pasar por su lado, sabía que ella ayudó a Lara a escapar, además, le hablaba en español delante de él sólo por molestarlo, pero todos ignoraban que él ya dominaba aquél idioma y simulaba no entenderlo.
—¿Y esa rareza? —le dijo Ritter—... Tú nunca nos visitas.
—¡Hello, cuñado! Yo también me alegro de verte —dijo con sorna—. Vine a saludar a mi amiga—argumentó y volviéndose a Lara agregó—: Estás bellísima. ¿Y qué cuentas?
Ritter siguió al mesón del bar y se sirvió un Whisky que tragó de un tirón.
—Todo está bien, “amiga” —dijo Lara, movida aún por el coraje que traía. Su discusión con Ritter aún no había terminado—. Adalia, de vuelta a Berlín me he sorprendido al saber que la agencia de viajes que me trajo es tuya y que estabas comprometida con Derek Wolf. ¿Tienes más secretos ocultos para mí?
Ritter seguía mirándolas con curiosidad, dándose cuenta que Lara estaba siendo Mordaz.
—Bueno, tú te hiciste novia de Ritter pronto y él te acaparó por completo… Él, siendo tu novio debió decirte esas cosas, pero él es tan egocéntrico.
—Adalia, los hombres no suelen compartir esas cosas.
Adalia la empujó por el codo a unos pasos de Ritter.
—Tienes razón, te pido me disculpes te prometo que desde hoy seré sincera y leal contigo, Seremos como hermanas.
Lara enseguida respondió:
—Soy hija única —Ritter levantó una ceja y se puso de espaldas a ellas para sonreír ladead.
—¡Mejor amiga! —exclamó—. Discúlpame entonces y te pongo al día… Cuando “desapareciste” me hice novia de Derek, porque hasta que tú llegaste estuve con Ritter… —se pegó a su oído y dijo en murmullos y viendo los ojos de Ritter que las miraba—. Tonteábamos en su cama. Pero llegaste tú y… Se acabó.
Lara se alejó de Adalia mordiendo su labio inferior. Vio a Ritter que veía impaciente y con los ojos oscuros. Caminó a largos pasos y sonriendo ladeado tomó a Lara de la mano. Pasó frente a Adalia y con sorna le dijo:
—Tengo cosas más interesantes que hacer con mi mujer—jaló a Lara y caminó apresurado a las escaleras.
—Ritter, estamos conversando. ¡Respeta! —chilló Adalia, enojada.
—¡Vete a esperar a tu marido en casa!… —le dijo sin siquiera volverse a verla. Lara lo siguió prácticamente corriendo, pues un paso de Ritter eran tres de ella.
Entraron directo a la habitación grande. Ritter la jaló tirándola a la cama.
—¿Estás segura de que ese hombre en la cocina les habló al atenderlos? ¿Estás segura que era él?
Lara se sentó y sobándose el apretón de su mano asintió, luego con furia refunfuñó.
—¿Tienes que ser tan rústico?
—Sabes, y ella también, que odio que hablen y murmuren en tu idioma, no las entiendo y tú le sigues la corriente, ¿no quieres que sepa de qué hablan? —le dijo encogiendo la nariz.
—¡Disculpa! —le dijo con ira y de inmediato entró en su habitación cerrando con seguro. Ritter le golpeó fuerte a la puerta.
—Voy a ducharme —gritó. El hombre apretó los puños iracundo.
—¡Maldición! —gruñó. Minutos después salió del baño y vio un mensaje en su teléfono, leyó y luego marcó un número. Preguntó —. ¿Qué me tienes?
Sonrió espléndido al trancar el teléfono y se arregló para salir. Lara salía de su habitación porque vio por la ventana que traían a Egmont de su rutina de deportes.
—¿A dónde vas? —le preguntó Ritter. Ella siguió de largo ignorándolo y al bajar las escaleras vio a Egmont correr a ella.
—¡Mami! —Lara lo levantó en brazos y le dio un beso apretándolo contra sí, Ritter se acercó pegándose a Lara para abrazarlo también, le dio un beso en las mejillas y le dijo:
—Regreso en breve, cenen sin mí.
Los ojos de Lara se fueron tras él, olía a perfume exquisito, varonil y su aliento mentolado tan cerca la distrajo perturbadoramente. Se quedó mirándolo irse, pero entonces Egmont lo detuvo.
—¡Papi! —Lara lo bajó y este corrió hasta Ritter y con su mano lo llamó a ponerse cerca—, ven, ven —Ritter se puso sobre su rostro—. Recuerda las flores —y le guiñó un ojo. Luego llegó corriendo a los brazos de su madre. Ritter sonrió dejando ver sus blancos dientes.
Cerca de medianoche alguien tocó la puerta, Lara abrió metida en su pijama corta. Ritter fijó su mirada en su rostro limpio y su cabellera despeinada. Ella alzó las manos para recogerla, pero él subió su mano rápidamente y la detuvo, Lara oyó su desbocado corazón.
—Déjame verte así, nunca lo había hecho, te fuiste tan pronto aquella mañana que ni siquiera te pude ver cuando despertaste.
«¿Se recuerda eso, recuerda algo como eso?»
—Esto es para ti.
Sacó su mano con tres rosas rojas. Lara sintió sus piernas gelatinas, miraba sus ojos…
—Debemos… hablar —Ella negó, pero él se dobló y la cargó sin darle tiempo ni a pensar.
—Ritter, Egmont, está solo —Ritter rio.
—No iremos lejos —Empujó la puerta de su habitación con los pies y la puso en la cama—. Egmont necesita un hermanito, ¿no crees que debamos enfocarnos en eso?
Lara lo pateó y se revolvió debajo de su cuerpo.
Ritter la rodeó con sus brazos y piernas…
—Es tiempo de trabajar en ello…
Cap. 114: El beso de los novios. El enorme jardín de la mansión de Derek Wolf estaba decorado de colores pasteles y un gran arco de rosas Blancas lo cubría. Había muchas piedrecitas en el largo camino desde la puerta del jardín hasta el aro de los novios. Un sacerdote estaba esperando mientras apretaba su libro de oraciones en sus manos y un colgante del rosario marcaba unas cuantas enseñanzas que daría el cura a los novios y los presentes ese día, soleado y maravilloso.Aby salió de la mano de su padre, un anciano abogado que se veía tan orgulloso de su hija y de todo lo que ella representaba… Se detuvieron en la entrada principal hasta oír el arrancar de la orquesta y los coros.Todos se pusieron de pié cuando sonaron los compases de un Ave María cantados por un coro de pequeñas y bellas niñas que entre risas y bromas lo cantaban acompasadas.La clínica estaba toda presente. Todos los compañeros de trabajo de los novios y los dueños de las clínicas Wolf estaban allí…El novi
Cap. 113: Un perdón no es suficiente.Derek esperaba en la sala de operaciones, mientras Mía y Ritter estaban en la sala de operaciones. El rostro de Derek estaba totalmente serio, de su boca nadie había oído que pronunciase alguna palabra desde que vio a Aby en aquel pozo de sangre…—Hijo —le dijo Zav sentándose a su lado y apretando su mano dentro de la de él—. Todo va a salir bien.Derek continuaba viendo al frente, a la nada.—A veces no sabemos con quien convivimos, y tu madre siempre ha sido manipuladora, pero jamás imagine que fuese capaz de hacer todas las cosas que te hizo para evitar que te unieras a esta muchacha.Derek resopló.—Mi madre aceptó a Adalia a mi lado, sólo porque con ella a mi lado yo obtendría la vice presidencia de las clínicas, de lo contrario no lo hubiese hecho. Ya luego con nació Berit ella sintió que tenía a alguien más en su vida.Zav sonrió.—Sí, ella pensó que tendría a alguien más a quien manipular, pero se encontró con una dura roca, es decir, Be
Cap. 112: ¡Paralítico!Derek salió de la habitación mientras su madre le seguía.—Madre ¿qué haces aquí? ¿Por qué no avisas que vendrás y llegas así sin avisar y sin tocar a la puerta de los demás… ¿Hasta cuando esta invasión a mi privacidad?—Derek, he venido porque quiero salvarte precisamente de ese francés. ¿O acaso estás interesado en ese francés?Derek soltó la carcajada.—Madre, te repito: ¡RESPETA MI PRIVACIDAD! Lo que yo haga con mi vida es mi asunto y tú no tienes nada que ver con ella. ¿Estamos?—No estamos, no me resigno a ver que tú, sólo por esa necesidad de cariño y de ser reconocido seas capaz de aceptar a ese hombre aquí…—Mamá tú viniste por qué quieres separarme de ese hombre o de todo lo que “ese hombre significa para mi”… ¡MALDICIÓN VETE! DÉJAME DECIDIR LO QUE QUIERO EN MI VIDA Y CON QUIEN! Derek le gritaba tan fuerte que Jérémie estaba muy nerviosa en la cocina caminando de un lado a otro, las mucamas estaban caminando también alrededor de las escaleras y los
Cap. 111: SituacionesDerek apretó la mano de ella cuando la sintió querer zafarse de su agarre, entonces ella chilló de dolor y él miró la mano que mantenía sostenida entre las de él para quedarse sorprendido al ver que el dedo meñique estaba toda la piel negra por una quemadura que había sufrido. Derek se quedó estupefacto al darse cuenta de que su amada Aby tenía una quemada igual a la que había sufrido, esa mañana, su chef Jérémie en la cocina, justo cuando preparaba las delicias que todos degustaban y halagaban por su exquisito sabor. En silencio simuló no haberse dado cuenta de nada, quería escuchar que le diría Aby con respecto a lo que tenía en ese preciso dedo.—Aby, ¿te pasa algo? ¿Te duele esta mano?Ella lo miró con dolor en sus ojos y a punto de llorar.—Es que me quemé este dedo cuando ayudaba a adornar las mesas de degustación, ya sabes que me gusta hacer eso.—Sí, ya veo. Pero es que eso lo tenía que hacer mi chef Jérémie y resulta que este se fue y ni siquiera t
Cap. 110: Doble compromiso.Después de 15 días de intenso trabajo entre las clínicas y la mansión de Ritter preparando los adornos y envolviendo los regalos y premios a entregar al personal, así que se hizo intenso el trabajo que tuvieron que hacer entre todos.Aquél día el rollizo chef llegó bien temprano a las clínicas, ya en las cocinas las ayudantes habían acondicionado con todos los ingredientes que el chef había pedido con antelación.Jérémie estaba ajetreado aquella mañana, mientras que Derek se movía angustiado y marcaba cada cinco minutos un número telefónico, sin embargo ese número parecía estar apagado.Derek entró al auditorio y Lara estaba siendo ayudada a colocar una tarima en el centro, los hombres movían cada cosa según las instruciciones de ella, Derek se le acercó y le preguntó.—Lara, ¿Has tenido noticias de Aby hoy?—Sí, ella está muy ocupada así que no podrá estar por estos lados…—¿Qué dices? ¿Y por qué no podrá estar por aquí? —Por qué ella estará hoy prepar
Cap. 109: Mi esposaSi Derek tenía dudas sobre luchar o no por volver a conseguir el amor de Aby, con este beso todo quedó muy claro. Él no la dejara ir esta vez.Aquella mañana Jérémie llegó muy temprano, estaba animado y conversador. La primera en notarlo fue Berit.—Hallo, Jérémie. Hoy estas contento. ¿Por qué?—Quizás y sólo quizás comparta contigo hoy algún secretito de cocina.—Entonces vendré directo a la cocina hoy. Por cierto Jérémie, la abuela se fue a su chalet, así que en cuanto regresé de clases podemos esta a nuestras anchas.—¿Te gustaría que traiga a Arón más tarde?—Sí —Berit abrió sus ojos enormemente y junto sus manos —. Soy muy feliz al poder compartir con mi… Amiguito Arón. Jérémie sonrió divertido y agregó:—Haré un postre que les guste a los dos.—Nos vemos Jérémie, estoy muy feliz hoy porque tú estad feliz y me traerás a mi niño Arón.***Derek aquella mañana se vistió en un traje de taller en beige todo con una camisa en dos tonalidades más oscuras, lo q







