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Conversaciones Parlamentarias

Author: Anne Zamora
last update publish date: 2022-05-26 23:24:55

Julie Peterson

Durante toda la mañana he estado sentado con el alma pendiendo de un hilo en el lobby de la empresa de Derek Mayer. Han pasado dos horas y  aún más aque me recibe aunque sé que está en la empresa.

La recepcionista me anunció y me puso en espera desde entonces. «Maldito arrogante»

La chica solo cumplió con sus ordenes  directas y me explico educada y amablemente  que hasta que no terminara la junta de accionistas no sería atendida y que eso podía llevarse perfectamente todo el maldito día . Y aún estoy aquí. Esperando..., y aquí estaré así me tengan que echar cuando se acabe la jornada, pero me tendrá que escuchar así sea a los gritos. Ya no me interesa dar un escándalo más o un escándalo menos. 

Ese hombre tiene que escucharme, tiene que sacar a Erika de la cárcel. Ya tuvo su venganza, si le parece que con esa semana y tanto que lleva Érika retenida no es suficiente, pues que se joda... porque ya fue suficiente de salirse con la suya. 

Tiene que entender que no hubo espionaje, que solo fue el disparatado deseo de mi hermana de estar cerca de él, lo que nos puso en esta situación.

A fin de cuentas si no lo hace por Erika que lo haga por el hijo de ambos. Erika no puede estar privada de su libertad estando embarazada. Tiene que cuidarse, es imperativo que empiece con todos los programas prenatales para tener una gestación sana y feliz. Cosa que en este momento ha resultado ser imposible, porque no se está alimentando bien, porque no tienen tranquilidad ni siciego y no está descansando nada. 

«Si algo llegase a suceder con Érika o con su hijo... Derek Mayer el irracional sería el único culpable». 

Sobre la una en punto de la tarde un joven apuesto sale del ascensor y se acerca a la recepcionista. Ambos miran en la dirección en la que me encuentro y susurran algo incomprensible. 

me siento derecha y levanto la barbilla, no estoy aquí para que alguien me humille, así que si no me dejo afectar no pueden tocarme.

El joven duda, pero finalmente se acerca al sofá donde me encuentro sentada. Se acerca con pasos largos y seguros y se planta frente a mi en toda su estatura. 

En otras circunstancias me hubiese desmayado observando lo atractivo que era ese hombre, ahora solo estaba furiosa por haber esperado tanto, eso sin contar que me dolía el trasero por las horas sentadas en la misma posición.

—Soy Dominico Mayer— expresó y me ofreció su mano para saludarme. Al escuchar ese nombre no pude hacer otra cosa que enojarme aún más. Derek Mayer no era capaz de recibirme y enviaba a su propio hermano como emisario para deshacerse de mi. 

Me puse de pie y noté que el tal Dominico relajaba las facciones de su rostro al observarme de cuerpo completo.

—Quiero hablar con Derek Mayer... no con su emisario— musité de manera cortante y desagradable. 

—No soy emisario de nadie señorita— aclaró con un tono firme que me hizo mirarlo a los ojos— Puede hablar conmigo o puede quedarse sentada Justo donde estaba esperando por algo que no ocurrirá .

—O puedo esperar  pacientemente que aparezca Derek Mayer en este lobby— espeté con orgullo alzando la barbilla. No me dejaría confundir.

— Derek no tiene por qué aparecer por aquí, uno de los ascensores de la presidencia conduce directamente al parqueo del edificio. Perderá su tiempo— explicó con sencillez. 

Aun más frustrada de lo que me sentía al llegar, solté el aire. Estaba convencida que lograría hablar con Derek Mayer.... pero ahora estaba empezando a dudar que lo lograría. 

—Aceptaré hablar con usted sólo si me promete que le trasmitirá cada palabra de lo  que le cuente a Derek Mayer.  ¿Es hermano de Derek Mayer? — Tenia que tomar esta como la única oportunidad que se me había ofrecido hoy para acercarme a los Meyer. Mañana regresaría aquí y sino al día siguiente, pero hablaría de una forma u otra con Derek Mayer. 

—Entonces tendré que grabar esa conversación — respondió Dominico.— Mi memoria no es muy buena como para recordar todo a detalle. Y si... soy el hermano menor de Derek Mayer. ¿De que quiere hablar con mi hermano? 

—Tal y como le comuniqué a la recepcionista, necesito hablar con él sobre Érika Camel— expresé, el rostro del chico se desfiguro con una mueca de desagrado. 

—Tema dicicil. ¿Eres periodista?—indagó con el rostro serio. Negué con la cabeza—¿ Entonces cual podría ser su relación con Érika Camel?

—Soy su hermana— me apure en responder. 

—Entonces usted es la verdadera...

—Julie Peterson— lo interrumpí respondiendo por él. — Yo soy la verdadera Julie Peterson. 

—Vaya genética la de ustedes. No sabría decir cuál de las dos es más hermosa— espetó desconcertado, luego trató de cambiar el tema— Supongo que viene a abogar por su hermana.

— Entonces supone bien. Vengo a tratar que Derek entre en razón y retire los cargos contra Érika.

—Eso será realmente difícil. Derek no quiere ni oír mencionar el nombre de Érika.

—Pero es necesario que lo haga— sentencie — y cuánto antes mejor.

—¡Bueno Vamos!— invitó y  echo a andar por el lobby.

—¿A donde vamos? — pregunté sin entender nada en absoluto. 

—A comer... ¿A donde más? — se alzó de hombros y me sonrió— Tengo un  hambre endemoniada. Y a diferencia de mi hermano mayor, a mi si me interesa escuchar la versión de los hechos contada por el otro lado. Quiero conocer la versión de Erika y quien mejor que tú para contármela con detalles. No somos los malos de esta historia, solo reaccionamos a las acciones de tu hermana.

—Érika actuó mal, pero no por las razones que crees— le informe. 

—¿Vienes o no?— preguntó otra vez— A dos cuadras de aquí hay un restaurante italiano buenisismo. Allí me podrás contar lo que quieras, pero cuando tenga el estómago lleno. Así mi cerebro se niega a trabajar. 

Salimos a la calle y él comenzó a caminar por la acera llevando rumbo norte. Comencé a seguirlo tratando de alcanzar su paso.

—¿Dónde está su coche Dominico?— pregunté sintiendo que la punta de mis zapatos de siletto me estrangulaba los dedos. No estaba acostumbrado a caminar por las aceras de pequeños adoquines de esta calle. —Mi coche está allá atrás en caso…

—¿No le gusta caminar? — inquirió y se acercó a mí para tomarme de la mano con un entusiasmo que me sorprendió. No pensé que después de esta disputa entre Érika y su hermano, Dominico me resultara tan desconcertante y ciertamente agradable. — El restaurante está   a solo dos cuadras, ya llevamos la mitad de una… Ni siquiera se dará cuenta que camino esa distancia.

—¿Si me gusta caminar?¿Con estos zapatos? — inquirí retóricamente, pero aún así él miró mis piernas más de lo que me hubiera gustado. — No… no me gusta. Puede estar absolutamente seguro que notaré cada centímetro del terreno.

No me quedó otro remedio que seguirlo mientras que él me seguía sosteniendo la mano, gesto que me seguía sosteniendo la mano, gesto que me pareció demasiado íntimo, pero no dije nada. Me limite a dejar que me guiara. No era un buen momento para parecer una antipática con mi única posibilidad real de que Derek Mayer me escuchara y sacara a Erika de esa pocilga que hacían llamar calabozo.

Finalmente llegue al restaurante dando trompicones. Entramos rápidamente , ocupando una mesa con vista a un jardín interno lleno de claveles. El sonido de una cascada artificial refrescaba el sitio y lo hacía muy agradable.

El restaurante no era nada lujoso, pero eso si, estaba excelentemente decorado, haciendo del sitio un espacio muy acogedor. Las mesas tosas perfectamente alineadas, con pulcros manteles a  cuadros blancos y rojos hacían  que me impresionara gratamente y deseara probar la comida del sitio.

Un camarero nos atendió diligentemente, y nos tomó el pedido a penas nos sentamos.  Pedimos unas cervezas como si de viejos amigos nos tratáramos, como para compartir un almuerzo casual.

Cómo entrante solicite una ensalada y él una tabla de quesos importados.

Dominico pidió una pasta Boloñesa, y como insistió tanto que era la mejor pasta del país, termine por pedir lo mismo que él.

Sirvieron las cervezas y me quedé detallando discretamente el rostro del hombre frente a mi, identificando los rasgos más parecidos a Derek Mayer. Podía comprender el por qué Érika perdió la cabeza de ese modo casi absurdo por ese Alemán.

Aunque mi acompañante ciertamente poseía  el cabello más rubio que su hermano, era también un hombre impresionantemente guapo. Además de ser el poseedor de un porte de príncipe encantado, y una altura envidiable por el resto de los mortales; sus facciones faciales eran perfectas y eso unido a sus ojos verdes esmeralda. Pues tenía que admitir que  Dominico Mayer era de lo mejor en cuanto a belleza masculina  que había visto en mi vida.

Otra vez me sonrió con una especie de complicidad y se quedó mirándome instándome a que comenzara a hablar.

—Soy todo oídos— pronunció mojándose los labios con la lengua y yo me quede por un instante mirando su boca. Recuperé rápidamente el juicio. No podía estar mirando con deseo al hermanos del monstruo que insistía en dejar a mi hermana en la cárcel quién sabe Dios por cuánto tiempo.

—¿Por donde empiezo?— murmuré pensativa.

—Por el principio— respondió él con cierta diversión.

—Veras… Érika es una mujer muy centrada y discreta. Su vida personal ha sido dejada a un lado por años, mientras que florecía en el mundo de los negocios.

—Eso lo sé— acotó él llevándose el vaso a la boca— ciertamente es una mujer exitosa, pero tienes razón en eso de que de su vida personal se habla muy poco, y su imagen es poco conocida  a pesar de ser una celebridad entre los empresarios de  Manhattan.

—Érika nunca ha sido tramposa, ni ha escogido el camino fácil. Todo lo que  ha logrado lo ha conseguido a pulso de puro esfuerzo. Tiene una capacidad de lider innata.

—Entonces como fue que terminó metida en este lío por colarse en nuestra empresa— preguntó Dominico.

—Eso es fácil de explicar. Érika nunca había visto a Derek… y en Francfort quedó absolutamente impactada  por él,  pero en el momento que se dio cuenta que el hombre que había llamado tanto su atención no era otro que Derek… pues se cayo en cuenta  que no podría presentarse ante él…

—No podría presentarse ante él como Érika Camel, su competencia, pues era obvio que mi hermano la mandaría a volar. 

—Así es, por eso uso mi nombre. No porque tuvo tiempo para pensarlo y planearlo… sino porque yo la llamé esa noche y ella solo dijo el primer nombre de mujer que le vino a la mente. El mío.

—Entiendo— dijo él haciéndose a un lado para que le sirvieran  la pasta. — Pero eso no explica cómo termina de asistente de mi hermano. Sé que los Mayer levantamos pasiones... pero eso no explica la falsificación de documentos. 

— Lo qué pasó entre ellos en Alemania al parecer fue muy fuerte. Ella volvió solo hablando de Derek, y de cuánto la había impresionado. Tu hermano por su parte no se quedó atrás, al punto que consiguió el número de Julie Peterson para hablar con Erika, solo que fue mi número el que realmente consiguió. Se vieron par de veces más, y cuando Erika se dio cuenta que estaba enamorada de él, pues nada pudo detenerla.

— No me podrás negar que Erika actuó con premeditación. Tuvo que conseguir papeles falsos. 

—¿Qué premeditación por amor de Dios? Érika planeó ese terrible plan en una borrachera. ¿Premeditación dices? Puedes estar convencido que si lo hubiera planeado con cabeza fría, y no pensando solo en la … Bueno en tu hermano; si Érika Camel hubiese elaborado un plan para robarles información jamás la hubieran atrapado.

—Aún así nuestro proyecto perdió… y el de ustedes resultó ganador. Eso no lo puedes negar, a pesar de no haberse emitido los resultados odiciales de la puja.

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