MasukÉrika Camel
Con un plan detallado y preciso de pautas a seguir decidí relajarme un poco. ¿Por qué no? Si de algo estaba segura, es de que me merecía estar tranquila después del terremoto de emociones de las últimas semanas, aunque sería más justo decir “meses de emociones convulsas”.
Me cepillé el cabello con cuidado, tratando de no pensar en nada. El espejo me mostró que a mi cabellera ciertamente le estaban favoreciendo grandemente las locas y descontroladas hormonas del embarazo. Ya que lucía mucho más negro que nunca, más brillante y se notaba más abundante.
No tenía mucho que hacer fuera de casa y a fin de cuentas llevaba horas de ser liberada de prision, así que el estar en mi propia cama al contrario de perjudicarme me haría mucho, pero mucho bien, a mi y sobre todo al mini Derek que vivía dentro de mi pancita. «O a la mini alemana».
No tenía idea del posible sexo y la verdad es que me hacía ilusión dejarlo como una sorpresa para mi misma y para papá. «La cara que pondría cuando descubriera en vivo y a todo color el sexo de su primer nieto».
A fin de cuentas anticiparnos en eso no marcaría la diferencia, mujercita u hombrecito sería demasiado bien recibido por toda la familia. No me decidiría nada para comprar lo necesario para el bebé, pues los colores eran lo de menos. Ese concepto obsoleto y machista de que el azul es para los chicos y el rosa para las nenas, eso no va conmigo.No quería fantasear desde ya sobre que rasgos heredaría el bebé, ni cuál sería el sexo. Me conformaba con saber que era el bebé más amado de todos, el resto no parecía darme ninguna preocupación.
Pero si me rondaba por la cabeza algo… ¿¿Qué ocurriría si bebé heredaba la terquedad de los genes de su madre y el insufrible carácter de su imponente padre?
«Más que un bebé sería un tirano atroz lo que traería yo al mundo». Vaya liga que tendría que acomodar la sabia genética para hacerlo soportable. Me espsraban demasiadas noches sin dormir... de eso seguro podía estar. «Si ese retoñito era lo mitad de exigente de lo que su padre es... pues estaba en problemas».
Me quede en cama durante el resto de la mañana. Seguía un poco incómoda y como con cierto dolor punzante en el abdomen que me tenía algo preocupada. «Más traté de pensar que todo era normal».
Mi Nana tocó despacio en la puerta sobre el mediodía y entró como una hada madrina con todo y vara mágica. En sus manos traía una bandeja con varias cosas para alimentarme, me decidí por un caldo de pollo, pues me apetecía algo caliente. Ella no perdió la oportunidad para consentirme y se quedó conmigo todo el tiempo hasta asegurarse que lo comiera del todo, hasta la última cucharada y el último minúsculo pedazo de cebolla que no me dejo apartar.
Juiciosa la complací y de poco en poco devoré también lo que había traído como postre. El flan de vainilla era una dulce exquisitez que mejoró algo mi estado de ánimo y mi humor. Es que la azúcar es más efectiva y adictiva que la cocaina… y si no me creen, pues intenten hacer una dieta para adelgazar; en ese momento descubrirán que tan dificil es dejar el vicio por lo dulce.
Por suerte había dejado de llover, el cielo seguía gris y totalmente cubierto de oscuridad, y probablemente lloviera más entrada la tarde, pero de momento se respiraba algo de calma. Así que sentada cómodamente engullí el jugo de naranja que quedaba en la bandeja.
Sonreia a cada rato por algún comentario divertido d emi nana sobre el padre del bebé. Era evidente que mi Nana, la dulce Angelica Mattrox había quedado flechada a primera vista por Derek Mayer.
—Cuando lo vi marcharse bajo la lluvia pensé en ir a alcanzarlo— soltó y me carcajeé.
—¿Nos estabas espiando? — inquirí asombrada, esa mujer era la más discreta y menos metiche que conocí en mi vida.
—¿Cómo crees Erik? A ti, a ustedes no. A él. Lo vi desde que llegó y te juro que jamás había visto un hombre tan guapo. En mis tiempos no habían de esos...
—Si, lastima que todo haya acabado mal entre nosotros— ella se percató que no me apetecía continuar hablando de Derek y guardo silencio.
Completamente saciada de tanto caldo, postre y jugo; aparte la bandeja de mi regazo con ayuda de mi diligente nana y me dispuse a ponerme de pie.
Necesitaba ir al baño, pues creía que me haría pis en cualquier instante.
En cuanto apoye mis pies en el piso un líquido caliente corrió por mis piernas mojando rápidamente mi pantalón de chandal.
«¿No me estaría haciendo en la ropa ya?¿O si?»
La palidez del rostro de mi nana me avisó que algo no estaba bien, realmente que algo iba muy mal.
—Creo que me hice pis— musité sintiéndome ridícula. Si el embarazo iba comenzando así a los siete meses me conectarían una sonda a la uretra.
—¡Es Sangre Érika!— … chilló ella desesperada y sin saber qué hacer. Me mire la pijama y me lleve las dos manos al vientre muerta del miedo de que algo terrible estuviera ocurriendo con mi bebito.
—¡Ayúdame! — grite desesperada— ¿Qu-qué hago? ¡Tienes que saber que hacer!— volví a chillar exigiendo como una loca, esperando que me aconsejara algo. Que me dijera cualquier cosa, cualquier remedio, lo que fuera… pero que hiciera algo para ayudarme.
El mundo se me volvió un lugar muy oscuro de pronto y el pánico me paralizó completamente. No sabia si moverme, si caminar, si acostarme. «El maldito dolor leve y estupido que sentía… si resultó ser algo terriblemente malo».
«¿por qué no hice caso de esa punzada cuando comencé a sentirla?» me recriminé mil y una vez.
No me perdonaría jamás si se perdía la vida de mi bebé por exponerme a tanto estrés, por no ser más pro activa y dejar que esto pasara.
Nunca en mi vida había sentido tanta angustia, tanto pavor ante la posibilidad de perder algo. «Algo tan mío».
No podía ser que la vida me arrebatara lo que me había ofrecido sin yo pedirlo, pero ahora que estaba conmigo, lo sentía como parte de mi corazón.
Me aferré con ambas manos a mi vientre otra vez, y me senté despacio en la cama para volverme a acostar con cuidado.
«Reposo… reposo… Los pies arriba de almohadas» Miles de veces había escuchado eso.
Algo tenía que ayudarme.
Si yo me había quedado en blanco mi nana estaba mucho peor.
—¡Ayúdame! ¡Por lo que más quieras! ¡pásame esas almohadas!— las fue acomodando hasta hacer una torre y subir en ella mis pies— si… así.
—No te desesperes mi niña… intenta respirar…—trató de calmarme aunque sus palabras no ayudan ni un carajo.
—¡Busca ayuda!. ¡Trae a mi padre!, A Julie… a quien sea—¡Llama a una ambulancia mejor!
Mi nana sale corriendo y me desespero aún más en la soledad de mi habitación.
«¿Como es posible?»«¿Qué fue lo que hice tan mal?»… ¿qué pude haber hecho tan mal como para que el karma me tuviera en su lista negra?… quién dijo negra… Yo estaba en el jodido agujero negro del karma.
Dos minutos después irrumpió Julie asustada empujando la puerta como una loca. «Debo decir que esos dos minutos fueron los más largos de mi vida».
—¡Érika!… pero…¿qué pasó?— preguntó verdaderamente aterrada, yo no pude responder con el alma completamente desgarrada y rota en cientos de miles de fragmentos diminutos. Julie se acercó y me limpio el rostro bañado de lágrimas, las lágrimas más amargas que había derramado en mi vida. —¿Te caíste?— inquirió despacio con voz muy suave. Negué con la cabeza y ella miró a mis piernas, yo me negaba a volver a observar a mi entrepiernas. Mas sabia que aún sangraba. El olor metálico y terriblemente triste de la sangre se había adueñado de la habitación.
—¡Ayúdame! — pedí entre sollozos— ¡No quiero perderlo… no quiero perderlo. Es todo lo que me quedará de él. Es a lo que quería aferrar mi vida. No había nada más importante que este bebé en mi vida.
—Trata de calmarte Érika…— murmura despacio, también le cuesta hablar.
— No puedo calmarme Jul. No quiero calmarme. ¿Es que nadie entiende que estoy perdiendo a mi hijo? Es carne de mi carne la que se está muriendo en esa sangre.
Ella agarro mi celular de la mesita con decisión. Julie sabría que hacer… Si alguien había sabido desde siempre consolarme en todos los momentos de mi existencia, esa había sido Julie.
—¿Cómo se llama tú Obstetra?— preguntó pasándome la pantalla para que desbloqueara mi celular.
—Alejandra Zambrano, pero nunca la he visto— expliqué entre sollozos— Me la recomendó Maritza, mi ginecóloga de siempre. Tenía cita esta misma tarde y mira lo qué pasó— me ahogue una vez más en llanto. Me cubrí los ojos con las manos.
—No importa que no te haya visto, ella sabrá que hacer y como detener el aborto— acotó Julie buscando en la agenda del móvil.
—¡Dios! No menciones esa palabra— grite comenzando a llorar más fuerte. — No puede ser un aborto.
—¡Érika se fuerte!, Siempre has sido una mujer extremadamente fuerte. Tienes que entender y manejar que es posible que ya el bebé no esté… entiéndeme…es posible que se haya ido al cielo.
Aquello fue como un disparo directo al corazón. Oírlo me pego más fuerte que un arma de artillería pesada de más de doscientos milímetros de calibre. «¿Cómo diablos me repondría de esa tragedia?».
Finalmente localizó el nombre de la doctora y el teléfono comenzó a timbrar. Era evidente que había quedado registrado y agendado con la “Z” de Zambrano y no con la “A” de Alejandra. «Sin dudas en Karma y el destino no me estaban ayudando ni un ápice».
—¡Ponlo en altavoz!— exigí— quiero escuchar la conversación. Quiero saber que dice, quiero escuchar algo que me enseñe cómo puedo parar esto.
Finalmente la doctora respondió y Julie le explicó rápidamente la situación identificándose primero.
—Zambrano— escuchar la voz de esa mujer me dio un poco de esperanza después de todo.
—Mi nombre es Julie. Soy la hermana de Érika Camel, ella tenía consulta con usted, pero comenzó a sangrar. No sabemos qué hacer, Érika está desesperada.
— ¿Recibió algún traumatismo?— inquirió la doctora del otro lado de la linea, pero yo fui la que chilló la respuesta. —¿Se golpeó o se cayó?
—¡No!— respondí chillando prácticamente en un gemido. Las lágrimas prácticamente me estaban ahogando.
—¿Cuánto tiempo hace que comenzó la pérdida Érika?— me erice del todo cuando escuché la palabra perdida.
—¿Pérdida?¿Entonces si lo estoy perdiendo? — pregunté con la voz rota y sollozando aún más fuerte. Me puse aún más histérica de lo que estaba y Julie trato de contenerme abrazándome un poco.
—No Érika, no me refería a ese tipo de pérdida. Me refería al tiempo que llevas perdiendo sangre— rectifico la pregunta— ¿Cuánto tiempo llevas sangrando?
— Unos cinco minutos— respondió Jul pues en mi estado ya no lograba articular palabras. La doctora estuvo unos instantes en silencio, supuse que pensando y volvió a hablar.
— Érika enviaré una ambulancia de urgencia por ti y te estaré esperando en la clínica con el equipamiento de urgencias listo para intervenir, por si es necesario. Necesito que me envíes el link con tu ubicación exacta.
—¡No quiero el quirófano, no quiero que intervengan!— chillé, que al parecer para gritar no necesitaba concentrarme.
—Érika si queremos contener la hemorragia, y evitar un aborto es posible que tengamos que recurrir a algún método de urgencia—se impusó la doctora dándome algo de que aferrarme.
—Envié la ambulancia doctora— decidió Julie, —Érika estará lista para cuando llegue el traslado aquí. Ya le estoy enviando el Link. Y le escribo ahora mismo la dirección por si también la necesita.
EPÍLOGO(Cinco Años Después)Fráncfort, Alemania.Érika CamelEl frío del invierno me hace abrazarme más el cuerpo, mientras espero paciente que Derek Mayer llegue hacia mi con un enorme ramo de flores que acaba de comprar del otro lado de la calle.Lleva la semana completa llenándome de regalos, y no es casualidad que estemos en esta helada ciudad justo hoy.Hoy es el día de nuestro quinto aniversario. Nuestras bodas de Madera, como metáfora de un árbol que crece y necesita de crear una base sólida para prosperar y crecer. Nuestra unión estaba en su mejor momento y se mostraba resistente con el tiempo.Nuestros dos hijos estaban junto a sus tío Dominico Mayer, y Julie Camel de Mayer, porque mi hermana después de tantos años por fin decidió cambiarse el apellido Peterson al de nuestro padre, y todo motivada porque deseaba que su primer hijo tuviera el nombre del hombre al que le debía prácticamente todo en la vida. Evidentemente papá y yo fuimos los más felices con su decisión,
Érika CanelEntré en la mansion de los Mayer y todo estaba en total quietud. Dominico fue el primero en aparecer por el living con un pantalón de pijama y una remera también negra. En las manos traía un vaso de cristal lleno de leche. Parecía un Niño pequeño on un bigote blanco sobre el labio superior.Julie se acercó a su flamante nuevo esposo sonriendo encantada y le besó con mucha dulzura la comisura de los labios.—Delicioso—susurro ella contra los labios de su esposo y rodé los ojos ante el hecho de tanta comolicodad. Aún no me podía creer que ese par de revoltosos inatrapables se hubieran casado antes que Derek y yo. Era totalmente increíble... en el sentido más literal de la palabra «increíble».—Hola Cuñada— me saludo Dominico Justo después de que acabo de comerse viva a su esposa. —Derek está en su habitación…. Se fue a dormir temprano, ya sabes…. Sueño embellecedor para estar «bien Alemán y bien matador» mañana en la boda.Julie se partió de risa y yo tuve que disimula
Érika y Camel Supuestamente debería estar en una despedida de solteras, «mi despedida de soltera», pero embarazada de tantos meses la idea no me resulta nada atractiva.Lo que es probable que ocurra es que caiga infartada si un stripper cachondo me muestra su miembro, o puede que me dé risa… no todos los días uno se topa con un semental vergón como con el que estoy a punto de casarme.No puedo beber tampoco, así que no tiene caso alejar a Julie de su flamante esposo, solo por pasar la noche nosotras dos como un par de monjigatas.—Vete a casa de tu esposo Jul— le dijo negociando con ella— Creo que yo hate exactamente lo mismo.—Érika Camel… es de muy mala suerte que el novio vea la novia… desde la noche antes hasta la ceremonia— me advierte Julie apuntándome con un dedo.—Y lo dice la mujer que consumo un matrimonio antes y después de la ceremonia… que para colmo fue a escondidas en Las Vegas— le recordé.—¡Touche!— admitió hiriéndose con una katana imaginaria a modo de harakiri.—Pe
Érika CamelMientras Julie hablaba sentada en mi cama frente a mi, menos daba crédito a lo que me trataba de contar. Tenía que tratarse de una broma .—¡Aún no te puedo creer Julie!¿¡Cómo así que te casaste en Las Vegas!? —pregunté con los ojos como platos y cada vez más sorprendida. —Pero cómo ocurrió, si cuando te marchaste esa tarde parecía que habías erradicado a Dominico Mayer de ti cerebro. No te dije nada sobre qué el también estaría en Las Vegas… pero no creí que las cosas llegarían a este nivel.—Solo ocurrió Erick… me lo pidió y no le pude resistir— se explica y aún no entiendo una mierd@. Para colmo lleva ese anillo de fantasía con un engarce que es más falso que judas. Y de la piedra ni hablar… ni siquiera es vidrio o una imitación aceptable. Es plástico y bastante feo. —¿!A este anillo fue a lo que no te pudiste resistir!?—chillo tomando su mano para analizar la «anti-joya», más bien debería decir la «basura» que lleva en su dedo anular.—No fue el anillo Ericka. El anill
Julie PetersonSi alguien me pregunta alguna vez algún detalle de mi boda… sin duda diré que me dolía el trasero. Creo que eso era lo que más iba a recordar de toda esta locura.También podría rememorar el orgasmo anal que me proporcionó mi futuro esposo una hora antes, pero bueno eso no era algo que se le contara a todo tipo de público.Me vestí con un sencillo vestido blanco ejecutivo, y Dominico se metió en un jeans con camisa blanca y un saco negro casual. Si no nos deteníamos... era un hecho que terminaríamos casados. Abordamos un taxi en plena madrugada y nos dirigimos a la icónica capilla Graceland.¿Hay algo más típico en Las Vegas que casarse ? A la par que el juego, las bodas son el principal atractivo de Las Vegas. Cada año se celebran más de ciento veinte mil bodas, siendo el segundo lugar del mundo en el que más matrimonios se celebran por detrás de Estambul.Sabia a donde nos dirigíamos, ese lugar era famoso. La Capilla Graceland era la capilla más famosa de Las Veg
Dominico MayerSiempre supe que totalmente cuerdo quien dice cuerdo del todo, pues yo no estaba… o era que quizás la crianza que me había dando mi madre en cuanto a relaciones matrimoniales pues no había sido la mejor, porque aunque mi padre murió siendo yo muy Niño aún recuerdo que ella parecía odiarlo a él y a todo lo que su esposo representaba. Así siguió años después... los Mayer para ella no valíamos nada, y después de su muerte quedó aún más claro. Entoces no es muy difícil de entender que después de pedirle a Julie Peterson que nos casáramos… hasta yo mismo me espanté de la intensidad de mis sentimientos hacia esa mujer. No sé de donde demonio había salido esa loca idea de casarme pero me parecía ahora lo más lógico y lo más acertado. Ya ella había huido… y allí estábamos de nuevo. Ya había ido tras ella, así que me merecía el premio mayor y ya no me conformaría con menos. Siempre dije que no me casaría, y ahí estaba pidiendo matrimonio de la manera menos convencional posi







