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Imposible no es Difícil

Author: Anne Zamora
last update publish date: 2022-06-02 22:10:03

Derek Mayer

Pasaban las tres de la tarde cuando el auto se detuvo frente a la verja de la residencia de los Camel. Detuve el coche ansioso y sin saber cómo Demonios presentarme. 

Si el cielo  antes estaba brillante con un sol caliente y tibio, para este momento las nubes amenazaban por desbordarse sobre la tierra en cualquier instante. Hasta el clima se oponía a mi visita. Maldije por lo bajo y mire a mi hermano tratando que dijera alguna estupidez para hacerme sentir menso tenso. 

—¿Nervioso? — fue la única palabra que articulo. 

Ni siquiera el término "Nervioso"  cubría cómo me sentía. Me terminarían por salir unas cuantas canas después de esto. Ni siquiera venía a pedir la mano de Érika, aún no; pero me sentía más nervioso que si esa fuera la causa de mi visita.

La propiedad entera delataba el poder de la familia que la habitaba. Hasta el propio Dominico se quedó sin habla.Y que mi hermano no tenga ningún chiste o sandez que decir si es absolutamente raro.

Tres segundos después de aparcar el auto apareció un potero junto a la pequeña garita. Bajé el vidrio sin descender del coche y espere que el hombre  se acercara.

—¿Lo puedo ayudar? — inquirió en tono servicial y educado.

—¿Puede anunciarme con la señora Érika Camel?— pregunté hablando fuerte para que pudiera escucharme.

— ¿Cuál es su nombre? — insistió el hombre.

—Dominico Mayer—respondí con una sonrisa nerviosa. Mi hermano me miró tan sorprendido que casi suelto una carcajada si no hubiese estado tan nervioso.

— Me permite una identificación por favor— insistió el hombre y Dominico  a prisa me paso el primer documento que encontró en su billetera, la licencia de conducir.

Baje del auto y le pase el documento al señor, que entró a su pequeño recinto era evidente que a llamar a la casa grande. Regrese a mi coche y me volví a sentar tras el volante tamborileando el timón con mis dedos.

—¿Por que dijiste que era yo, en vez de anunciarte como Derek? — pegunto Dominico extrañado—Estas en tu derecho de venir… ella tiene a tu hijo…tienen que hablar en algún momento.

—No estoy seguro de tener algún derecho para estar aquí— comenté —Digamos que es un truco que le aprendí a la dueña de esta casa— musité sin mirarlo, con la vista fija en la mansión que se extendía ante mi. —Si ella en algún momento cambió su nombre por miedo al rechazo de decir la verdad para acercarse a mi, ¿por qué no puedo yo hacer lo mismo?

—¡Eres temible Bro!— bromeó Dominico y rodé los ojos ante su sarcasmo.

Un rato  más tarde regresó el guardia en lo que parecieron los diez minutos más largos de mi vida y anunció que Érika Camel descansaba, pero que la señorita Julie Peterson nos recibiría. «¿Tendría que colarme en la habitación de Érika?»

Mire a Dominico que me hizo un gesto indicando que mantuviera la calma, que él resolvería las cosas.

La puerta se abrió y entramos en el interior del jardín. Apague el coche y retire las llaves preparándome para la batalla campal que obviamente se me vendría encima cuando apareciera frente a la hermana de Érika.

«Toda esa  familia debía estarme odiando».

Descendimos ambos del coche mirando fijamente la moderna estructura que servía de morada de Alejandro Camel y su pequeña familia.

—¿Te imaginaste que sería así su casa?— pregunta retóricamente Dominico— Sabía que eran ricos, pero no imaginé que tanto.

—¡Despabila Dominico!— llamé su atención, — no estamos aquí para dejarnos impresionar con un buen diseño arquitectónico.

Justamente en ese momento como si mi karma no pudiera ser peor un Range Rover entró en el jardín sin siquiera detenerse en la verja de la entrada.

Eso solo podía significar dos cosas, o era el ex novio  de Érika(cosa que dudaba bastante« los diputados sin mucho prestigio no tienen ese tipo de coches») o era su padre, el mismísimo Alejandro Camel.

El auto se acercó despacio sobre la grama mientras que mi hermano y yo mirábamos idiotizados cómo hacía su entrada.

El chofer se detuvo y descendió llevando un traje azul marino el famoso magnate. Tan pronto me vio su rostro se transformó en una máscara de ira.

—¿Señores?— saludó secamente con un gesto de la cabeza— ¿Qué m****a los trae a mi casa?— indago sin preámbulos y con expresión cortante que nos invitaba a marcharnos por donde mismo habíamos llegado.

No me dejaría amilanar a pesar de ver la cara de pocos amigos de mi futuro suegro.

—He venido a hablar con su…

En ese momento la puerta principal se abrió de golpe dejando ver el rostro de Julie, que salió casi a la carrera con la vista fija en mi hermano.

—Dominico viene a verme a mi… — trato de explicarle  a su padre justo en el instante en que su mirada me descubrió.

—¿Qué hace este imbecil aquí? — preguntó al aire y solo levante mi mano para saludarla.

No estaba aquí buscando problemas, solo deseaba poner las cosas claras con Érika, si su familia se negaba, pues todo sería más difícil.

—Dejemos algo claro— declaró el señor Alejandro con voz fuerte— Ustedes dos no son bienvenidos en mi casa…

—Entiendo su posición señor, pero estoy aquí para hablar con su hija Érika— anuncie interrumpiendo sin ceder un milímetro de mi posición de no marcharme hasta no verla.

—¿Ahora quiere hablar? — preguntó el señor Camel enarcando una ceja. —¿Cubatas veces al día mis abogados intentaron contactarlo? ¿Al menos respóndame cuantos días? ¿Uno?¿Dos? ¿Tres? — hizo una pausa y me miró con superioridad— No hijo no… fueron Tres semanas completas. ¿Y ahora se aparece aquí como si nada?

—Intente retirar los cargos…

—¡Hoy!— rugió de forma cortante— Ya estoy enterado que estuvo en la comisaría tratando de retirar los cargos, cargos que ya no exigían por supuesto. No precisamente gracias a usted.

—Se que cometí un error— me defiendo. No tenía idea de que esto fuera casi imposible, sabía que llegar a Érika sería difícil, pero no así.

—Uno muy largo. Tardó mucho en darse cuenta de su error— acotó Julie acercándose a su padre y saludando a Dominico con un gesto de la cabeza mucho más amable que la manera terrible en que me miraba a mi.

—No me iré sin hablar con Érika— pronuncie con indiferencia a los ataques que estaba recibiendo.

—Tienes agallas muchacho— observa el señor de la casa— Pero se necesita más que eso para aparecerte en mi casa después de lo que hiciste con mi hija.

—Su hija no es una blanca mariposa. Tuvimos problemas pero podemos resolverlos si solo me presumiré hablar con ella. Soy sincero en decirle que si no es hoy, ni aquí en esta casa; eso no me detendrá. Érika y yo necesitamos hablar con calma y no me quedare tranquilo hasta que aclare nuestra situación.

—Es conmigo con quien hablaras— me informa con prepotencia. Es lógico que intente defender a su hija de los problemas que yo represento— Si me convence lo que dices, entonces llamaré a Érika. Si no… pues te vas al infierno de donde viniste.

—Si así lo requeriré hablaré con usted primeramente, pero no dejaré de insistir en hablar con Érika— le advierto ganándome una mirada de reproche. No me molesto en ocultar mis intenciones.

El hombre rueda las ojos le da una palmada cariñosa  al hombro de su hija y comienza a  caminar para entrar en la casa.

—¿Tú hermana duerme? — escuchó cuando le pregunta a Julie por Erika.

—Eso creo, no le anuncie que este hombre estaba aquí, porque creí que se trataba solo de su hermano cuando él vigilante me comunicó  que había un Mayer en la puerta.

No me gusta escuchar conversaciones ajenas, pero esta vez no lo puedo evitar. Me concierne demasiado el tema como para hacerme el desentendido.

— Se te dañó  el factor sorpresa— susurra Dominico codeándome el costado. Lo fulmino con la mirada y continuó caminando sin emitir un solo sonido. 

—Ya me di cuenta— musito segundos después con los dientes apretados. — Creo que haber venido aquí fue un completo error. Debí presentarme en otro lugar y con convencimiento de que Érika no podría esconderse para verme o no podría ser ocultada por sus familiares.

Entramos al vestíbulo de la casa y nos siquiera me fijo en la decoración, que contrario a lo que creí es bastante hogareña. No parece una de esas mansiones impersonales que acostumbran a tener los millonarios.

Miró alrededor fantaseando con que Érika aparezca a curiosear después de presenciar mi altercado con su padre en el jardín. «Nada» decepcionado sigo avanzando.

—Señor Camel venga conmigo. ¡Sígame por favor! — pide el señor Camel y camino en la dirección que lleva. Dominico me mira con cara de susto.

La voz del señor de la casa se vuelva a escuchar.

—Julie querida, ofrécele algo de beber al señor  Mayer más joven, es evidente que es más simpático que su hermano.

No me dejo afectar por la pulla y continúo caminando tras el padre de la mujer que me interesa. Llega a su despacho y entra dejando la puerta abierta para que yo haga lo mismo.

Su despacho me recibe y la habitación se parece bastante a su dueño, todo es sobrio, serio, denota clase y buen gusto.

—Tome asiento señor Mayer— invita mientras se acomoda tras el escritorio de madera tallada.

—Gracias— pronunció despacio y Me dejo caer en la silla aparentando una profunda paz, pero en mi interior la cosa es muy distinta.

Una nube de incertidumbre me cubre, al no saber que esperar de esta reunión privada con el señor Alejandro. Mi vida personal depende del desarrollo de las reuniones  que acontecerán bajo este techo en la tarde de hoy.

Escucho contra los cristales que la lluvia a comenzado a caer y la tarde se torna aún más oscura y amenazante… al igual que interlocutor.

—¿Se le ofrece una bebida? ¿Un buen whisky para entrar en valor?— pregunta con tono jocoso arqueando una ceja. Obviamente sabe que me intimida estar aquí, y lo incómodo de la situación en que me encuentro. Lo peor es que está disfrutando todo esto, está haciéndome pagar  cada minuto de desasosiego que vivió mientras que su hija estuvo presa. Aunque no es comparable.

—No gracias. Estoy bien así—le aseguro sin moverme de mi posición. Solo estoy esperando que comience al atroz interrogatorio.

—¿Que quiere hablar con mi hija? —pregunta entrando de lleno en el tema sin otro preámbulo.

—Las cosas entre nosotros no comenzaron bien— digo escuetamente sin dar otra explicación.

—Me temo que empezaron demasiado bien— observa organizando unos papeles sobre el escritorio.— ¿O me equivoco? De no haber sido así Érika no tuviera casi doce semanas de embarazo.

—No me refería a eso señor—alegó sintiéndome como un adolescente regañado.

—Entonces a que se refería señor Mayer— insiste y su tono autoritario me hace observarlo con respeto.

—Érika se hizo pasar por otra persona…

—Si, estoy al tanto de eso. Se hizo pasar por su hermana— me interrumpió.

—Verá, como debe estar al tanto la empresa de su hija es mi principal competidor. El que Érika haya entrado como una ladrona,  y usando otro nombre a mi empresa… pues eso me confundió.

—¿Y no pensó por un instante que ella podría ir tras otra cosa?

—¿Lo hubiese creído usted?— lo abordo— Si una mujer, la más hermosa y sensual de todas se mete a su vida, a sus sueños, a su empresa y después resulta que no era real. Después resulta que esa mujer no se llamaba como le hizo creer, ni tenía el pasado que le hizo creer. ¿Que pensaría usted?

—Realmente Érika se equivocó.

—Los delitos que Érika cometió son reales… no la acuse por nada injusto o que ella no haya hecho.

—Pero Érika no robó información. Ya eso debe saberlo—acota sin quitarme la vista de encima  tamborileando con los dedos en la madera del escritorio

—Eso lo sé ahora. En el momento que formule la noticia desconocía tales cosas.

—Érika trató de explicarle. No me diga que no lo hizo.

—Érika defraudó mi confianza. Cuñado descubrí que no era otra cosa que una impostora, pues me cegué— él me miró con la duda reflejada en el rostro. — Me llene de ira, sobre todo porque creí que había jugado con mis sentimientos.

—Entiendo— pronunció despacio. —Entonces que hace aquí. Ya me dijo que Érika lo defraudó.

—Érika está embarazada como bien dijo. Lo más lógico es que lleguemos a algún tipo de acuerdo…

—¿Un acuerdo matrimonial?—Indaga mirándome muy serio. —Dadá las circunstancias es lo único que permitiré que le ofrezca a mi hija.

—Si Érika me acepta, con gusto le propondré matrimonio.

—Pues entonces me imagino que tenga señor Mayer… una larga conversación con la loca de mi hija. Le deseo suerte. Esta que arde de ira contra usted.

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