ANMELDENAntonella:
Pase la noche en la casa del abuelo de Bradley, él cual fue muy comprensivo conmigo y tampoco me pidió explicaciones. En si nadie me ha dicho nada y lo agradezco, tampoco hay quien se acuerde salvo Bradley, que le tuve que contar por lo del divorcio, Giovanni y el señor Rodríguez que no lo veo desde hace mucho tiempo.
Deseo ver mi celular pero ir hasta el ropero por el no vale la pena además que si me hubiera llamado o mensaje estaría sonando. Seguro ni cuenta se dio de mi partida salvo en la noche cuando se acueste pero quien sabe.
Despierto temprano, desayuno y le agradezco al señor Harrison la amabilidad. Tomo el viejo camino hacia aquel lugar al que llame alguna vez casa. Paso la seguridad de la residencial sin problema, supongo que Rodriguez aviso sobre mi visita además que el señor Dono todavía continua en su puesto de vigilancia.
Todas las residencia en este lugar son de lujo podría decir que hasta de ensueño, el lugar perfecto para que una joven pareja pueda formar una familia. La única mancha entre todas esas inmaculadas casas es en la que viví mi infierno con Giovanni. Me estaciono en la cochera, busco la llave que se encuentra debajo de la maceta izquierda que esta en la entrada.
Al abrir la puerta la pulcredad y belleza que tuvo ahora son solo cosas llenas de polvo o cubierto con telas de araña. Nada a cambiado, todo esta tal cual lo deje esa tarde que decidí no volver más, hacer una nueva vida y dejar mi pasado atrás sin embargo no puedo dejar de visitarlo él.
Cruzo la sala hasta llegar a la puerta corrediza que llevaría al jardín, me alegra que él señor Rodriguez cumpliera su palabra, el jardín luce tan bello. El césped cortado y verde, el árbol de naranja que me ayudo a plantar ese día está bien cuidado. Rodriguez me conto que de acuerdo a la tradición japonesa cuando nace un niño se planta un árbol en el jardín el cual crecerá al mismo ritmo que el pequeño. Han pasado dos años desde aquello.
Voy por agua para regar las plantas además de ponerle estás flores. Si tan solo hubiera tenido unos meses más tal vez hubiese tenido derecho a una tumba y no tener que suplicarle al doctor que me entregara sus restos en un frasco de formol, no quedarme de otra que enterrarlo en el jardín.
Recuerdo que ese día regrese de la clínica echa una zombi, con una tormenta dentro de mi cuerpo que se resistía a mostrarla a pesar que las lágrimas no dejaban de caer de mi rostro. El señor Rodriguez no se separo de mi lado en todo ese día y me ayudo hacer un hueco en el jardín para poder colocarlo, Al día siguiente vino con su pequeño árbol.
Él me pidió que perdonara a Giovanni, que estaba confundido y envenenado por su padre. Pero que al final se daría cuenta de su error , regresando arrepentido. Le dije que no podía, si me hubiese roto una pierna un brazo lo que sea a mi tal vez lo pensaría pero a quien lastimo fue un angelito que no tenía la culpa de nada, que fue tan valiente que dio su vida por la mía.
Todos esos eventos me causan tanto dolor que las lágrimas vuelven a brotar a cantaros. No debería llorar para que su almita pueda descansar tranquila, él se merecía todo.
—Antonella ¿Qué haces aquí? – Escucho a alguien detrás de mí.
Me giro e intento limpiarme en vano la cara: Giovanni. – Es lo único que atino a susurrar sin derrumbarme de nuevo.
Puedo sentir como sus brazos me rodean, los apartaría pero es como si todas mis fuerzas hubiesen sido drenadas y mi llanto se hace más intenso.
Giovanni:
Antonella no dejo de llorar hasta que se quedó dormida en mis brazos, la cargué y con cuidado la acosté en el sillón. A pesar de su rostro estar ligeramente hinchado por el llanto sigue igual de bella. Hasta ahora no comprendo como pude ser tan vil para dañar a tan maravilloso ser.
Me siento en el mueble que está al costado para vigilar su sueño, por ahora es lo único que puedo hacer por ella. No estoy del todo seguro que está haciendo aquí pero no puedo olvidar que hoy se cumplen dos años del que fue mi más terrible crimen.
Lo peor es que ni siquiera fui del todo consciente de lo que hice, lo que si sé es que la noche anterior a ese día me emborrache como nunca creyendo que mi esposa me engañaba y llevaba al fruto de su aventura en su interior. Que imbécil fui, supongo que me aparecí en la madrugada, la desperté para luego reclamarle, insultarla, sin hacer caso a sus pedidos sobre tener misericordia por nuestro hijo, esa parte son como flashes en mi mente pero lo que no puedo olvidar es el último por favor no lo lastimes y cayo desmayada.
Fue cuando temí lo peor, la borrachera que tenía se me fue. Vi algo de sangre entre sus piernas y en su labio. Pero en lugar de llamar a emergencias para que la socorrieran y tal vez hubiesen podido salvar a nuestro hijo, sólo huí como un maldito cobarde pensando que diría y como me justificaría al haber matado a mi esposa.
Por suerte ella estuvo inconsciente y lo único que tuvo fueron varias contusiones sin embargo el pequeño ser que estaba con ella no tuvo la misma suerte. Al enterarme sentí una punzada en el pecho, trate de quitármela repitiéndome que no debería de dolerme porque era el hijo del amante de Antonella, con ese sentimiento hice lo más estúpido de mi vida, mandar a un abogado para presentar el divorcio en lugar de mandarle flores y suplicar de rodillas su perdón. Después de ese momento lo único que he hecho es cometer error tras error con ella consiguiendo perderla.
—Giovanni. – Se despierta y ve todo a su alrededor se le ve confundida.
—Hola, te quedaste dormida. – Le cuento.
—¿Qué paso?— Me pregunta. — ¿Acaso todo fue una pesadilla? – Lo dice más para si tocando su vientre buscando algo que ya no esta.
—No lo fue… Soy aquel demonio que acabo con toda nuestra felicidad. – Le contesto.
Traga saliva: ¿Qué haces aquí?
—Torturarme con mis recuerdos, con lo que pude tener y lo perdí por estúpido. – Es mi respuesta. — ¿Tú? Creí no verte de nuevo en esta casa.
—Vine a visitarlo a él. – Mira al jardín.
—¿A él? – No entiendo.
—A nuestro bebé…. –Su respuesta es un susurro.
—No te entiendo, explícame por favor. – Le pido.
—Creo que ninguna madre le gustaría que su hijo terminara como un desecho medico así que le suplique, rogué y soborne al doctor para que me lo entregara. Luego de tanto insistirle accedió entregándomelo en un frasco de vidrio con formol… — Hace una pausa podía percibir el nudo en su garganta. – Así que lo enterré con ayuda del señor Rodriguez en el jardín, como sabrás al ser tan pequeño y morir dentro de mi vientre no tiene derecho a una tumba en un cementerio… Ni siquiera a un nombre o algo en lo quede registro su existencia, salvo el amor que le tuve o mis recuerdos.
—Antonella… Yo tampoco lo olvidare. – Le tomo las manos.
—Me alegra. – Se suelta. – Ya termine mi visita así que me retiro, cuídate.
La sujeto: Antonella tu no estás bien, no puedo dejarte ir así.
—Tengo que irme, el viaje es largo y si me demoro Giancarlo se va a preocupar.— Su voz está quebradiza quiere hacerse la fuerte.
—Antonella, si quieres llorar hazlo no tienes que fingir que todo está bien cuando por dentro estás que te desgarras. – Le digo.
Ella se tapo la cara con sus manos y empezó de nuevo solo que está vez me pregunta porque se tuvo que ir su bebe, porque si ella lo quería tanto, se cuestiona sobre por qué no fue más fuerte, se culpa por no haberlo defendido por no correr, golpearme, detenerme, hasta por ser una tonta al quererme tanto y seguir a mi lado. Voy a consolarla y lo único que salen de mis labios son un lo siento para todas aquellas palabras que se dice. Otra vez se quedo dormida en mis brazos.
Cuando despierta la obligo a que me acompañe a comer porque no pensaba dejarla ir con el estómago vacío, ni con esos ánimos. Su estado no cambia seguía apagada y triste. Me despido de ella, luego de insistirle en que probara bocado porque si de ella dependiera dejaba el plato intacto.
Al terminar me despido de ella y veo como se va. Me prometí a mi mismo reivindicarme de alguna forma para poder mitigar en algo el dolor que ella sentía, no me importaba cuanto tuviera que hacer o dinero que gastar incluso si tendría que ir al mismo infierno.
Antonella:Las cosas que me ha contado ese hombre han sido terribles, pero ahora comprendo las razones que tiene Giancarlo para sentirse así, Giovanni estaba tan sorprendido como yo, y yo, simplemente Sali de allí tan rápido como pude, no he logrado comunicarme con Giancarlo, tiene su celular apagado, seguramente esta demasiado ocupado con sus pendientes, y quizás es mejor que no le cuente nada de lo que he averiguado, aunque admito que me duele que me oculte una cosa así, realmente, no se ni que debo pensar al respecto, han pasado solo unas horas desde que me entere de la verdad y no se como debo sentirme o como debo reaccionar al respecto.Giancarlo:Me siento hecho una furia, tan es así que realmente no puedo ni me quiero controlar. Se demasiado bien de que se trata todo este repentino interés después de tantos años, y esos regalos supuestamente desinteres
Giancarlo:Antonella esta rara, es como si me escondiera algo y si intento preguntar me advierte que no está para interrogatorios. Lo único bueno de hoy que fuimos donde Michael para que nos diga que todo está bien y que en unos días los sentiremos. Porque lo del sexo de los gemelos vamos a dejarlo como para nuestro aniversario de relación, es decir al día siguiente de la vendimia, ella lo decidió sin consultarme, pero mejor no la contradije porque me vio con mirada asesina si protestaba.Al final me pidió quedarse en casa de su madre porque deseaba ponerse al día con ella tal vez hasta ir de compras. Me ha dejado de lado. Aprovechare para hacer una visita pendiente, una que espero que me de la paz que estoy buscando.Antonella:Hace tiempo que no venía a la casa de los Spencer, la última vez fue cuando Alondra me hizo queda
Hola mis lectores, quiero pedir una disculpa si no he subido actualizaciones, e estado ocupada con cuestiones familiares, a partir del lunes retomo la actualizacion para el final de esta hermosa historia, gracias por su paciencia. Espero puedan comprender que la situacion se fue de mis manos y por ello les ofreco una disculpa. Espero sus comentarios y esperen tambien una nueva historia que pronto estara disponible en la aplicacion, se que han preguntado pro las actualizaciones pero hasta hoy tuve tiempo de avisar, nuevamente espero comprension y amor, de verdad una gran disculpa por las molestias que esto genero, no era mi intencion fallarles. Yubel.
Adam:Antonella sale más temprano de lo habitual y también al irse, siempre se va antes que llegue Giancarlo. Estoy segura que ese par a discutido por algo lo peor es que ninguno de los dos se abre. Antes ella lo hacia pero desde lo sucedido con Teodora le cuesta confiar, no hay necesidad que lo diga sus acciones lo muestran. Tal vez ya no esta tan contenta aquí y quiere irse, después de aquello quien no. Todos conocíamos la historia entre Giancarlo y Teodora, ninguno fue digno de advertirle.—Chau Adam, te veo mañana. – Se despide igual que todos los días.—Antonella ¿Podemos hablar un momento? – Le pregunto.Duda un momento: Está bien.—Acompáñame al otro salón. – Le indico, no es bueno discutir esto en público.—¿Qu&ea
Antonella: Desde la operación Giancarlo a estado serio y extremadamente sobreprotector. No entiendo el motivo, mi madre dice que es por el embarazo sin embargo antes no estuvo así, sin olvidar esos obsequios que llegan a los bebes. Quiero reclamarles a los de la tienda y exigir saber quien los envía porque puede ser algún loco, Giancarlo no deja. Según él porque son tonterías sin importancia, lo peor es que sospecho que conoce al misterioso remitente. Supongo que no tendría que preocuparme pero me es molesto. Lo que ha sido más difícil en este tiempo es tener quieto a Giancarlo, es peor que niño chiquito. Desde la operación si no esta a mi lado saca loco a Adam para ver las cosechas. Al menos ya tomo de nuevo el interés en el trabajo porque Adam me conto que desde que me fui su único plan era como comunicarse conmigo y solucionar todo, después cuando se entero que iba a ser padre se leyó todos los libros sobre paternidad, cuidados en el
Giancarlo:Despierto y lo primero que busco con la mirada es a Antonella o a Adam.—Hasta que por fin despiertas. – Escucho una voz indeseable.—¿Qué haces aquí?— Mi tono es molesto.—No deberías alterarte luego de una operación, es riesgoso. – Por desgracia tiene razón.—¿Qué quieres? Hasta donde recuerdo usted y yo no tenemos ningún parentesco. – Le contesto.—Negar lo innegable. Mírate, eres igual a mi. – Me dice.Me rio: Yo no le quite su herencia a nadie, ni abandone a una mujer embarazada y menos a mi hijo. Tampoco soy un golpeador.—El enojo se ve en su rostro.—Son situaciones que ameritaron dichas acciones. – Se justifica.—No me interesa







