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Capítulo 2

Author: Mingo
Cuando salí de la municipalidad, llovía a cántaros, por lo que me detuve un momento bajo la entrada, justo cuando mi móvil comenzó a sonar dentro de mi bolso. Al ver el nombre de Derek en la pantalla, solté un suspiro antes de contestar.

—Chloe, ya llevas bastante tiempo en la bóveda privada. ¿Cuánto más piensas llevarte? —preguntó con su voz destilando sarcasmo.

Guardé silencio un momento y, cuando hablé, la voz me salió ronca:

—¿Qué quieres?

—¿Que qué quiero? —Soltó una risa fría—. Esta noche vienen invitados importantes a la mansión. Mueve el trasero y vuelve aquí a preparar el banquete. Ya que te llevas el dinero de la Manada Thorn, al menos cumple con tus deberes de Luna.

Aunque ya había decidido irme, su descarado desprecio seguía hiriéndome más de lo que quería admitir.

Me tomé un momento para tragarme la amargura antes de responder:

—Está bien.

Pero mi obediencia no fue suficiente. Lejos de calmarlo, mi actitud pareció enfurecerlo todavía más.

—Claro. Mientras haya dinero de por medio, estás dispuesta a hacer lo que sea, ¿verdad? A ver cuánto tiempo puedes seguir con este numerito.

Dicho esto, y sin darme oportunidad de responder, colgó.

Cuando llegué a casa, estaba empapada de pies a cabeza. Aquella noche habría invitados y lo último que necesitaba era provocar un escándalo. Solo quería que el banquete transcurriera en paz para poder marcharme cuanto antes.

Sin embargo, al apoyar el dedo en el lector de huellas de la cerradura inteligente, la pantalla mostró un mensaje de error.

«Acceso denegado.»

Me quedé paralizada frente a la cerradura, incapaz de asimilarlo. Sin embargo, no tardé demasiado en comprenderlo: me habían revocado el acceso.

Solté una risa amarga y toqué la puerta, pero nadie respondió. Insistí una y otra vez, hasta perder la cuenta de las veces que había pulsado el timbre, sin obtener nada más que silencio.

Bajo aquel aguacero, empapada y sin más abrigo que un vestido ligero, no tuve más remedio que acurrucarme en un rincón junto a la entrada. Pasaron dos horas antes de que, por fin la puerta de la mansión se abriera.

El mayordomo salió y me observó con una frialdad que me hizo sentir aún más pequeña.

—Luna, ya puede entrar. El Alfa considera que, si recibe dinero de la manada, también debe someterse a sus reglas. Dos horas de espera son apenas un pequeño castigo. El Alfa espera que, a partir de ahora, aprenda a comportarse.

Temblaba, y tenía el rostro pálido como la muerte, pero ya lo había entendido. Derek me había dejado bajo la lluvia de manera deliberada, y no pensaba disculparse por ello.

Dejé escapar una risa hueca que apenas logró ocultar mi amargura, y entré en la mansión, tambaleándome sobre mis propios pies. A pesar del mareo y del malestar que me invadían, me obligué a seguir adelante y terminé de preparar todo lo necesario para el banquete.

Al caer la noche , la mansión resplandecía bajo la luz de las lámparas, mientras las risas y las conversaciones llenaban cada rincón.

Camilla apareció en lo alto de la escalera, ataviada con un vestido plateado que jamás le había visto. Sin embargo, fue el collar que llevaba al cuello lo que me hizo detenerme. Era mi collar de Luna.

Bajó los escalones con una copa de vino en la mano y se acercó a mí. Cuando habló lo hizo con una dulzura calculada, asegurándose de que todos los presentes pudieran oírla.

—Luna, espero que no te moleste. Le pregunté a Derek si podía tomar prestado este collar para ver cómo me quedaba.

La cabeza me daba vueltas y no tenía fuerzas para seguirle el juego, por lo que, sin responder, me di la vuelta para marcharme. Sin embargo, ella me sujetó de la muñeca.

—Luna, ¿de verdad no puedes perdonarme? —Hizo una pausa y, cuando volvió a hablar, su voz se elevó de pronto, rompiendo la calma del salón—: ¡Ah! ¡Luna! ¿Por qué me empujas?

Apenas había terminado de decir aquello cuando perdió el equilibrio y cayó hacia atrás, rodando escaleras abajo.

—¡Camilla!

Derek reaccionó al instante y se lanzó a atraparla antes de estrecharla contra su pecho.

Un grito ahogado recorrió el salón mientras todos los presentes volvían la mirada hacia ellos.

—Derek, sé que la Luna no lo hizo a propósito. Simplemente, no le caigo bien. No la culpo por ello…

Derek alzó la cabeza despacio y clavó en mí sus ojos inyectados de sangre, encendidos por una furia que no se molestó en disimular.

—Chloe, no esperaba que fueras a capaz de caer tan bajo.

Me quedé paralizada, sin saber qué decir.

—No la empujé. Se cayó sola.

—¿No la empujaste? —Derek estrechó aún más a la loba que temblaba entre sus brazos y soltó una risa cargada de amargura—. Todos los presentes vieron cómo la agarrabas de la muñeca.

Bajó la mirada hacia Camilla antes de volver a clavarla en mí.

—Ella es tan bondadosa que ni siquiera es capaz de hablar mal de ti, y aun así sigues empeñada en hacerle daño. ¿Es eso lo que haces siempre? ¿Destrozas a cualquiera que se acerque a mí con buenas intenciones solo para llamar mi atención?

Sin mucha dificultad, comprendí que no tenía sentido defenderme. A sus ojos, todo lo que yo hiciera estaba mal, y ninguna explicación iba a cambiarlo.

Derek se incorporó, sin soltar a Camilla, y me dirigió una mirada gélida.

—Ya que te niegas a cambiar, te quedarás encerrada en la bodega del sótano hasta que hayas reflexionado sobre tu comportamiento. No saldrás de allí hasta que entiendas qué has hecho mal.

A su lado, el mayordomo vaciló, antes de decir:

—Alfa, a la Luna le aterra la oscuridad…

Derek ni siquiera se inmutó.

—Lo sé. Precisamente eso es lo que le permitirá reflexionar.
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