LOGINSebastien:
No puedo evitar reír ante lo último que dijo, cuando me giro a verla, ella se ha quedado dormida, el movimiento del auto no parece afectarle, así que al llegar la bajo con cuidado, camino a su habitación y la deposito con cuidado, busco su camisón y con cuidado comienzo a cambiarla, retiro los accesorios y la cubro con la manta, había visto un pequeño moretón de color verdoso-amarillento, señal de que tiene mucho tiempo.
Tomo su teléfono y desactivo la alarma, eran pasadas las 3 de la mañana, sería un desgraciado si le permitiera despertar tan sólo 2 horas después.
Había salido de su habitación y caminado a la mía, me había quitado el traje, y me había acostado en bóxer, era más cómodo.
Me sentía cansado, sin embargo, no podía sacarme de la mente lo acontecido, y sobre todo, sus palabras, no sonaba como alguien que lo hace porque así es la vida que le tocó vivir, le gusta a pesar de ser cansado o tedioso, más bien sonaba a alguien que no tenía opciones, salvo hacerlo.
No sé en qué punto mi mente dejo de pensar, quizás cuando se concentró en la suave fragancia que desprendía su piel cuando la cargue, ese recuerdo fue lo que quizás logró que mi cabeza dejará de pensar y se durmiera.
Cuando abrí los ojos, Cleo tocaba suave a la puerta anunciando que eran las 10 de la mañana y que el desayuno estaba listo.
Le doy las gracias y me apresuro a levantarme, me dirijo al baño para una ducha rápida, debía ser sincero, tenía mucha hambre, además de que era probable que Agnes hubiese preparado la comida, y no es que Cleo cocinara mal, tenía buena sazón, pero la comida de Agnes estaba a otro nivel.
Una vez listo bajo al comedor, todo esta listo y a lo lejos puedo ver a Agnes riendo por algo que dijo Cleo, ella se había ganado el cariño y respeto de esos 2, ellos que no dudaron en dejar todo con tal de volver a trabajar para mí, aunque debía decir que Cleo casi le da algo al saber quien era yo, porque al igual que el resto del mundo, yo estaba muerto.
- Aquí tienes Sebastien –dice Cleo colocando un plato de fruta frente a mí, le agradezco bajo y la veo alejarse, desvió la vista y puedo notar como Agnes esta de espaldas, seguro debe estar cocinando algo, Martin come un poco de fruta que ella le había extendido unos minutos antes, reía a algo que ella le decía, y por un breve instante sentí celos, no porque ellos fueran a enamorarse o algo parecido, tenía celos de eso que yo no podía tener, o más bien dicho, que me negaba a tener, mi odio y sed de venganza era mayor al parecer.
- Coman ustedes Cleo –digo bajo cuando deposita huevos revueltos con tocino, hot-cakes, en un plato aparte con pan tostado.
- Muy bien –me sirve una taza de café antes de irse a la cocina, la veo hablar con Agnes, ella asiente y la veo servir en 3 platos, todos toman uno y se sientan a comer, pico mi plato varias veces la comida, la verdad es que me sentía muy solo en aquella enorme mesa mientras ellos 3 disfrutaban de un plácido y ameno desayuno, pero suponía que este era el precio que debía pagar.
Con mucha fuerza de voluntad terminó mi desayuno, ellos lo habían hecho minutos antes por lo que se encontraban limpiando la cocina. Cuando terminó Cleo viene a recoger mi plato, lo lleva al fregadero y Agnes comienza a lavarlo junto al resto de la loza, me pongo de pie y camino a mi despacho lo mejor era trabajar para despejarme.
Agnes:
Había optado por limpiar abajo, preparar el desayuno y después hacer las habitaciones de arriba, y había sido un gran acierto ya que Sebastien entró al despacho, sabía que estaría ahí todo el día.
Mientras sacudía un mueble, siento el móvil sonar, al sacarlo hago cara de disgusto al ver que se trata de mi padre, suspiro antes de contestar.
- Responde sí o no a la siguiente pregunta –dice en tono frío, trago saliva, me imaginaba hacia dónde iba esto–, ¿estás sola? –«hola papá, sí, yo estoy bien, ¿tú igual?, que bueno», pienso rodando los ojos, menos mal no podía verme.
- Sí –digo de manera escueta, sabía lo que venía a continuación.
- Perfecto, si llega alguien ya sabes que debes hacer –ruedo los ojos con fastidio, como si no hubiese hecho esto toda la vida.
- Sí, padre –digo suave, no quería que esto fuese peor.
- Esta noche tú y tu esposo deben venir a cenar, necesito proponerle un trato muy benéfico para ambos, aunque más para mí, como ya sabes –trago saliva, esto no me gustaba nada, con sólo eso me había dicho que debía hacer, convencer a mi esposo de aceptar, porque mi padre tenía la falsa creencia de que me amaba con locura y haría cualquier cosa por mí, muerdo mi labio pensando en qué demonios haré, ¿cómo saldré de esta situación?, no podía decirle a ninguno de los 2–, así que debes convencerlo, mover las pestañas o cogértelo, me da igual lo que hagas, pero debes hacer que acepte –sentencia con ira contenida, me estremezco, sentía tanto miedo por sus palabras a pesar de que no podía hacerme nada, bueno, eso no era cierto, bien podría citarme en su casa y molerme a palos de tal manera que nadie se diera cuenta de los golpes, la ropa era larga y Sebastien rara vez acudía a mi cama, siempre con la luz apagada así que no vería nada, lo único en lo que podía pensar era en el dolor, uno que tendría que contener y si debía ser sincera, no me creía capaz de hacerlo, sin lugar a dudas, todo esto era una m****a.
- Sí papi, claro que nos gustaría ir –sonrío con suavidad cuando veo a Cleo pasar, él entiende el mensaje por lo que habla bajo y en tono suave, no le diría que la persona que se acercó, ya se había ido–, sí, perfecto, adiós papi –escucho como cuelga y suspiro, lo siguiente sería una misión suicida, no tanto el que aceptase ir, si quería seguir con su plan de matrimonio perfecto, debía hacerlo.
Termino de limpiar y bajo las escaleras rápido, voy al despacho y llamo a la puerta suave.
- Adelante –dice sin más, al abrir la puerta lo veo revisando algunos documentos, sonrío, luce demasiado guapo.
- Sebastien, sólo quería decirte que mi padre nos invitó a cenar esta noche –digo bajo, lo veo alzar la vista contrariado, suspira frotándose el rostro.
- Genial, cena en la mansión St. Vincent –dice con ironía–, en fin, no se puede hacer nada al respecto, nos vamos a eso de las 8 para que estés lista –asiento antes de salir, ¿debía decirle de manera sutil lo que planeaba mi padre? Aunque estaba bastante segura que él lo sabría, así como también sabría que hacer para darle largas o zafarse por completo de aquello, sólo rogaba poder darle largas a su padre.
Habían sido meses de recuperación, pero todo había valido la pena cuando fui capaz de caminar hacia el altar sin problema alguno, esta vez la ceremonia había sido pequeña, con algunos socios de Sebastien y con personas a las que de verdad estimaba.Era extraño pasar de Agnes Edevane-Gray a Agnes Grayson, y no es que me quejara, para nada, porque amaba a Sebastien pero supongo que sólo me costaría trabajo adaptarme.Habían pasado unos meses más tras la boda, Sebastien me había llevado a todas partes, habíamos comido y bebido de todo, bueno, salvo algunas cosas por orden del médico, pero fuera de eso, la luna de miel había sido perfecta, triste había sido volver.- Te vaya bien –digo como cada mañana que debe ir a la empresa, habíamos decidido mudarnos a Londres, era un cambio agradable.- Nos vemos a la hora de la comida –me pega a él y me besa con intensidad, eso lograba dejarme descolocada por algunos segundos, me sonríe travieso antes de salir, suspiro enamorada.- Agnes, llegó un pa
Miraba la tumba dónde descansaba, traía sus flores favoritas, al final Alexander St. Vincent había sido acusado por crímenes como e****a, lavado de dinero, abuso de confianza, prostitución infantil y manejo de lugares ilícitos, así mismo, de planear a cabo el asesinato del matrimonio Grayson, y el asesinato de Elaine St. Vincent y violencia doméstica contra su única hija, Agnes Edevane-Gray.- Al fin tienen una tumba –dice ella suave mientras coloco las flores, asiento.- Seguro les da gusto estar juntos, tu madre era una buena persona –dice él acomodando las flores, les había costado un mundo encontrar los cuerpos de sus respectivos padres, pero al final había valido la pena–. ¿No estás muy cansada? –pregunta volviéndose hacia ella, iba en silla de ruedas para evitar cansarse, su rehabilitación iba muy bien, pero aún así se cansaba con facilidad, el daño en sus pulmones había sido mucho, pero poco a poco se recuperaba, fue hasta varias semanas que le confeso lo del bebé, ella había ll
Sebastien:Durante el trayecto la reanimaron 2 veces, cada que su corazón fallaba sentía el mío desplomarse junto al de ella.Al llegar, nos reciben 2 doctores, los paramédicos le explican su estado.- Paciente femenina de 23 años, tiene múltiples fracturas en pierna izquierda a la altura del fémur, brazo derecho en la parte cubital, al menos 8 costillas de ambos lados, tuvo 2 paros cardíacos, Glasgow 3 –los médicos la llevan adentro, corro tras ellos, gritaban ordenes incomprensibles para mí, sólo entendí una cosa: quirófano, radiografías y análisis.Se acercan a unas puertas y un doctor me detiene, niega.- Necesito estar con ella –digo suplicante, sentía que si no estaba a su lado, la perdería.- No puede pasar, vaya a la sala de espera, lo mantendré informado –asiento derrotado, camino a la sala de espera, me dejo caer, pasados unos segundos se acerca un interno para preguntarme si deseo ser revisado, niego, no me sentía mal, aunque suponía que mi aspecto daba a entender otra cosa.
Agnes:Me habían llevado dentro de la casa casi a rastras, había intentado luchar, aunque no mucho, ellos me llevaban mucha ventaja. Me llevan al despacho de mi padre, no me había dado tiempo de poner la estatua en su lugar, por lo que quizás eso me había delatado.Uno de los hombres me sienta con brusquedad en un sillón individual, miro todo atenta, no había manera de escapar, 2 hombres resguardaban la puerta y otros 2 estaban a mi lado, suspiro, seguro estaban esperando a mi padre, esperaba se tardarán en comunicarse con él, pero como la vida me odiaba, mi padre entro 5 minutos después hecho una furia.- ¿Qué tan estúpido crees que soy? –grita mientras camina hacia mí, el golpe de su mano me hace girar la cabeza con brusquedad, sentía el ardor donde su palma había impactado–, ¿creíste que dejaría este lugar sin protección? –escupe al tiempo que me abofetea la otra mejilla, evito chillar del dolor, no le daría ese gusto–, eres igual de estúpida que tu madre –tira de mi cabello hacia a
Agnes: Las palabras dichas por Sebastien habían logrado que mi corazón latiese tan rápido, que creía se saldría de mi pecho usando mi garganta como conducto de salida. Pero aquellas palabras también me habían hecho ver la realidad, una cruda y triste realidad, que a pesar de todo lo que dijera, mi padre si era un gran impedimento, y siempre lo sería a menos que lo detuviera, y eso haría. Entro a mi habitación y comienzo a planear todo, debía tener cuidado con cada cosa que podría salir mal, cada aspecto de la casa y cada movimiento que se hacía dentro de la misma. Para eso, había tomado un lápiz y un cuaderno, había hecho un croquis de la casa, había señalado los puntos que tenían vigilancia y había anotado los horarios en que los guardias cambiaban de turno o solían salir un rato, esto último lo había descubierto de niña, en la cabina de vigilancia no estaban a eso de las 2:15, más o menos volvían a eso de las 2:30, así que tendría quince minutos exactos para poder llevar a cabo mi
Sebastien: - Creo que no eres el único culpable, quizás si hubiese hablado, si hubiese tenido el valor de enfrentarlo, esto no habría sucedido, creo que nos hubiésemos ahorrado mucho sufrimiento innecesario –la escucho suspirar, la separo suave de mi cuerpo, sus ojos están rojos, verla así me rompe el corazón, me había cansado de mentirme y de mentirle. - No creo que tengas la culpa de nada, a pesar de mis pensamientos idiotas, jamás has tenido la culpa, no pediste nacer ni ser amada por ese monstruo –eso era lo más que podía contenerme, el odio y la rabia que sentía hacia él era mucha. - Sebastien, mi querido Sebastien, ¿de verdad crees que un ser cómo él es capaz de amar a alguien? –pregunta con ironía, algo que me sorprende. - Todo el mundo ha sido testigo del amor desmedido que tiene por ti –digo frunciendo el ceño, comienza a reír y niega. - Ese hombre no ama a nadie, salvo a él mismo –sonríe de lado con ironía–. Alexander St. Vincent se ha encargado de crear la imagen perfec







