LOGINSebastien:
Cuando ella se fue, no me quedo de otra que apresurar el papeleo para estar a tiempo, había evitado pasar tiempo en la empresa, iba cada que era necesario o incluso enviaba a mi abogado, cada vez me resultaba peor estar frente a ese hombre, no cuando en las noches debido a mi insomnio, recordaba aquella fatídica noche.
Cerca de las 7 subo a mi habitación para darme otro baño, al salir con una toalla enredada en la cadera, observo la fotografía de mis padres que siempre esta en la mesita de noche a un lado de mi cama, creo que esta era la única razón por la que continuaba con esta locura, cada vez que la veía me convencía que ellos lo merecían, que no importaba cuan infeliz fuera, todo esto era para honrar su memoria. Supongo que este engaño me ayudaba a continuar, al menos quería creer que era así, muchas veces no sabía ni siquiera si el camino era correcto o no.
Me coloco un traje gris y una camisa blanca sin abotonar el primero, no creía que fuera algo formal, pero por si acaso, llevaría una corbata. Me coloco el reloj que era de mi padre, a veces tenía la fantasía que Alexander lo reconocía pero eso no había pasado, al menos no que él hubiese visto.
Bajo al recibidor casi media hora antes, leía algunos correos y así mismo los respondía. Faltando 15 para las 8 ella aparece luciendo un sencillo vestido mangas ¾, cuello redondo, se ciñe a la cintura y cae suelto; era de color blanco y usaba unos zapatos negros a juego con su collar y aretes. Debía admitir que se veía preciosa, el vestido de la vez pasada había causado grandes estragos en mí, era imposible no admirar lo hermosa que era.
- Lamento el retraso –dice apenada mientras se acerca a mí, acomoda la cartera debajo de su brazo, asiento restándole importancia, salimos y Martin ya nos espera, nos ayuda a subir y arranca–. Papá me ha dicho que quiere hacer nuevos negocios, quizás eso quiera decirte esta noche, le dije que en ese caso leerías la propuesta y tras pensarlo mejor, llegarías a un acuerdo –dice suave, movía sus manos mientras hablaba, era una manía que tenía cuando estaba nerviosa o cuando tenía que hablar por un largo tiempo.
- Entiendo, no te preocupes, en todo caso puedo dárselo a mi abogado –ella asiente de acuerdo, casi había visto un atisbo de alivio en sus ojos, pero no podía estar seguro debido a la oscuridad y a que ella no tenía porqué desconfiar de su padre, a menos que mis sospechas fueran ciertas y supiera sobre los fraudes de su corrupto padre, aunque si fuese así, ¿por qué el alivio? Sin duda alguna, siempre tenía más dudas que respuestas.
Agnes:
Saber que Sebastien buscaría la ayuda de un abogado me aliviaba de sobremanera, así, por más que buscase persuadir a mi esposo, sin el consejo del abogado, no lo haría.
Sentía un nudo en el estómago cada vez que veía el habitual camino a mi casa, el sueño de aquella noche se hacía presente, me sudaban las manos y el temor de ver a mi padre se incrementaba, ¿podría ser que el miedo absoluto que le tenía era a raíz de eso? Justo ahora que las emociones eran más fuertes es que razonaba cosas como esas.
Veo como la pantalla se ilumina, y sé que es un mensaje de mi padre, suspiro, tenía la corazonada de lo que fuese que estuviera en el mensaje, no me iba a gustar, y en efecto, no me gustaba.
Vienen otros socios, así que ya sabes, me trago un suspiro y eliminó el mensaje.
- Mi padre me informa que vendrán más socios –digo bajo, lo veo fruncir el ceño molesto, quisiera poder hacer la misma expresión, pero debía mantener la mentira.
Tras unos 10 minutos llegamos a la mansión, Martin abre la puerta, Sebastien me ayuda a bajar, rodeo su brazo y caminamos a la entrada, siento mi estómago revolverse, desde ese sueño esta mansión me daba más miedo, era como si esa pesadilla fuera real.
Trago saliva y me armo de valor para entrar, al llegar noto que hay al menos 3 socios, sus respectivas esposas y uno que otro de sus hijos, menos mal no tendría que lidiar con ellos y sus coqueteos, me pego más a Sebastien intentado que la inquietud se vaya.
- Sean bienvenidos –dice mi padre en falso tono feliz–, mi pequeña –me abraza fingiendo que me ha extrañado mucho, me acomodo en sus brazos imitando la acción.
- Hola papi –digo suave mientras sonrío, podía describir la mirada y pensamientos de cada uno, a todos les causaba ternura la escena, yo sentía que me ahogaba.
- Espero la estés tratando bien hijo –se gira a Sebastien, lo veo relajado, había olvidado lo buen actor que es.
- Claro que sí, con mi vida –dice solemne, mi padre palmea su espalda y nos invita a pasar al salón, ahí hablarían los hombres mientras jugaban cartas, por mi parte, tendría que soportar a todas las mujeres que me caían mal.
Sonreía, asentía y daba una pequeña opinión de lo que hablaban, intentaba agudizar el oído para oír de lo que hablaban, en algún punto logre captar una mirada de irritación en mi sustituto, que tal como lo había imaginado, era cómplice de todos los negocios sucios de mi padre, estaba segura que Sebastien le había hablado de manejarlo con el abogado, algo que no le había gustado, después tendría que hablar con mi padre y tranquilizarlo haciéndole creer que lo convencería.
Suspiro bajo cuando informan que la cena esta lista, me acerco a Sebastien y rodeo su brazo, me acompaña al comedor, retira la silla y me ayuda a sentarme, le sonrío con amor antes de que tome asiento a mi lado, podía sentir la mirada de mi padre en todo momento, sólo podía pensar en lo mucho que debían tener cuidado con sus tratos, casi era venderle el alma al diablo.
Habían sido meses de recuperación, pero todo había valido la pena cuando fui capaz de caminar hacia el altar sin problema alguno, esta vez la ceremonia había sido pequeña, con algunos socios de Sebastien y con personas a las que de verdad estimaba.Era extraño pasar de Agnes Edevane-Gray a Agnes Grayson, y no es que me quejara, para nada, porque amaba a Sebastien pero supongo que sólo me costaría trabajo adaptarme.Habían pasado unos meses más tras la boda, Sebastien me había llevado a todas partes, habíamos comido y bebido de todo, bueno, salvo algunas cosas por orden del médico, pero fuera de eso, la luna de miel había sido perfecta, triste había sido volver.- Te vaya bien –digo como cada mañana que debe ir a la empresa, habíamos decidido mudarnos a Londres, era un cambio agradable.- Nos vemos a la hora de la comida –me pega a él y me besa con intensidad, eso lograba dejarme descolocada por algunos segundos, me sonríe travieso antes de salir, suspiro enamorada.- Agnes, llegó un pa
Miraba la tumba dónde descansaba, traía sus flores favoritas, al final Alexander St. Vincent había sido acusado por crímenes como e****a, lavado de dinero, abuso de confianza, prostitución infantil y manejo de lugares ilícitos, así mismo, de planear a cabo el asesinato del matrimonio Grayson, y el asesinato de Elaine St. Vincent y violencia doméstica contra su única hija, Agnes Edevane-Gray.- Al fin tienen una tumba –dice ella suave mientras coloco las flores, asiento.- Seguro les da gusto estar juntos, tu madre era una buena persona –dice él acomodando las flores, les había costado un mundo encontrar los cuerpos de sus respectivos padres, pero al final había valido la pena–. ¿No estás muy cansada? –pregunta volviéndose hacia ella, iba en silla de ruedas para evitar cansarse, su rehabilitación iba muy bien, pero aún así se cansaba con facilidad, el daño en sus pulmones había sido mucho, pero poco a poco se recuperaba, fue hasta varias semanas que le confeso lo del bebé, ella había ll
Sebastien:Durante el trayecto la reanimaron 2 veces, cada que su corazón fallaba sentía el mío desplomarse junto al de ella.Al llegar, nos reciben 2 doctores, los paramédicos le explican su estado.- Paciente femenina de 23 años, tiene múltiples fracturas en pierna izquierda a la altura del fémur, brazo derecho en la parte cubital, al menos 8 costillas de ambos lados, tuvo 2 paros cardíacos, Glasgow 3 –los médicos la llevan adentro, corro tras ellos, gritaban ordenes incomprensibles para mí, sólo entendí una cosa: quirófano, radiografías y análisis.Se acercan a unas puertas y un doctor me detiene, niega.- Necesito estar con ella –digo suplicante, sentía que si no estaba a su lado, la perdería.- No puede pasar, vaya a la sala de espera, lo mantendré informado –asiento derrotado, camino a la sala de espera, me dejo caer, pasados unos segundos se acerca un interno para preguntarme si deseo ser revisado, niego, no me sentía mal, aunque suponía que mi aspecto daba a entender otra cosa.
Agnes:Me habían llevado dentro de la casa casi a rastras, había intentado luchar, aunque no mucho, ellos me llevaban mucha ventaja. Me llevan al despacho de mi padre, no me había dado tiempo de poner la estatua en su lugar, por lo que quizás eso me había delatado.Uno de los hombres me sienta con brusquedad en un sillón individual, miro todo atenta, no había manera de escapar, 2 hombres resguardaban la puerta y otros 2 estaban a mi lado, suspiro, seguro estaban esperando a mi padre, esperaba se tardarán en comunicarse con él, pero como la vida me odiaba, mi padre entro 5 minutos después hecho una furia.- ¿Qué tan estúpido crees que soy? –grita mientras camina hacia mí, el golpe de su mano me hace girar la cabeza con brusquedad, sentía el ardor donde su palma había impactado–, ¿creíste que dejaría este lugar sin protección? –escupe al tiempo que me abofetea la otra mejilla, evito chillar del dolor, no le daría ese gusto–, eres igual de estúpida que tu madre –tira de mi cabello hacia a
Agnes: Las palabras dichas por Sebastien habían logrado que mi corazón latiese tan rápido, que creía se saldría de mi pecho usando mi garganta como conducto de salida. Pero aquellas palabras también me habían hecho ver la realidad, una cruda y triste realidad, que a pesar de todo lo que dijera, mi padre si era un gran impedimento, y siempre lo sería a menos que lo detuviera, y eso haría. Entro a mi habitación y comienzo a planear todo, debía tener cuidado con cada cosa que podría salir mal, cada aspecto de la casa y cada movimiento que se hacía dentro de la misma. Para eso, había tomado un lápiz y un cuaderno, había hecho un croquis de la casa, había señalado los puntos que tenían vigilancia y había anotado los horarios en que los guardias cambiaban de turno o solían salir un rato, esto último lo había descubierto de niña, en la cabina de vigilancia no estaban a eso de las 2:15, más o menos volvían a eso de las 2:30, así que tendría quince minutos exactos para poder llevar a cabo mi
Sebastien: - Creo que no eres el único culpable, quizás si hubiese hablado, si hubiese tenido el valor de enfrentarlo, esto no habría sucedido, creo que nos hubiésemos ahorrado mucho sufrimiento innecesario –la escucho suspirar, la separo suave de mi cuerpo, sus ojos están rojos, verla así me rompe el corazón, me había cansado de mentirme y de mentirle. - No creo que tengas la culpa de nada, a pesar de mis pensamientos idiotas, jamás has tenido la culpa, no pediste nacer ni ser amada por ese monstruo –eso era lo más que podía contenerme, el odio y la rabia que sentía hacia él era mucha. - Sebastien, mi querido Sebastien, ¿de verdad crees que un ser cómo él es capaz de amar a alguien? –pregunta con ironía, algo que me sorprende. - Todo el mundo ha sido testigo del amor desmedido que tiene por ti –digo frunciendo el ceño, comienza a reír y niega. - Ese hombre no ama a nadie, salvo a él mismo –sonríe de lado con ironía–. Alexander St. Vincent se ha encargado de crear la imagen perfec







