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Enfrentamiento

Author: Jeanne H.A
last update publish date: 2022-05-08 02:47:22

Agnes:

Tras aquello, la velada había transcurrido normal, o lo más normal que pudo ser. Tras cenar y conversar un poco más, procedimos a retirarnos cerca de media noche, mi padre había insistido en que nos quedáramos pero Sebastien le había dicho que temprano debíamos salir de viaje, así que mi padre no había insistido más en que nos quedáramos.

Al salir de mi casa, Martin ya nos espera afuera, me imagino que Sebastien le mando mensaje, lo que me confirmaba sus ganas de querer irse lo más pronto posible, si dijera que no me sentía igual, estaría mintiendo.

Martin me ayuda a subir, una vez que Sebastien se ha subido, Martin emprende la marcha de regreso, uno que estuvo envuelto en un silencio sepulcral, uno que había sido roto por un mensaje entrante, reviso mi teléfono y como esperaba, es un mensaje de mi padre, abro el mensaje y lo leo rápido.

    Espero que logres convencerlo, o te irá muy mal.

Trago saliva, le respondo con un mensaje corto y preciso, una respuesta que me producía asco porque era algo que él no tenía porque saber, y a pesar de no ser cierto, me hacía sentir asqueada.

    No te preocupes, en la cama lo arreglo.

Vi las palomitas azules, señal de que lo había leído, procedo a borrar los mensajes, ahora sólo quería llegar a dormir, necesitaba con urgencia el calor de aquella pequeña pero reconfortante habitación, por ningún motivo extrañaba el cuarto en casa de mi padre, ese lugar era frío, carente de nada a lo que pudiera aferrarme, y eso no pasaba en mi pequeña habitación, quizás se debía a que a pesar de todo, aquel lugar me hacía feliz.

Tras 15 minutos llegamos a casa, Sebastien subió las escaleras y se fue a su cuarto, hice lo mismo, me despojé de la ropa, me puse el pijama y me acosté a dormir.

A la mañana siguiente me desperté a eso de las 8, me di un baño rápido y comencé a limpiar todo, hoy me tocaba limpiar el jardín y barrer la cochera, así que había decidido usar pantalón de mezclilla, una blusa ligera y tenis, así estaría más cómoda.

Tras terminar adentro, me dirijo a la cochera, Sebastien no estaba así que comerían lo del día anterior.

Comienzo a barrer, escucho la voz de Cleo hablando con alguien, más bien, parecía que estaba discutiendo con alguien en tono moderado. Dejo las cosas en la pared y salgo a ver que pasa, en la puerta veo a una hermosa mujer, uñas bien arregladas, maquillaje perfecto y ropa de diseñador, sin duda alguna, la clase de mujer que le gustaría a mi padre.

- El señor Sebastien no está, ya se lo dije señorita –dice lo más cortés que puede Cleo.

- Ella tiene razón, mi esposo no esta en casa –digo con calma.

- ¿Tú esposo? –me mira incrédula alzando una ceja, comienza a reír–, por favor, sólo mírate –me mira de arriba hacia abajo, podía ver el desagrado por mi vestimenta.

- A Sebastien le gustan las cosas sencillas, el calor de hogar, lo natural –digo suave en tono inocente, la veo ponerse roja de la rabia. De reojo veo a Cleo sonreír de manera disimulada .

- Tú dices sencillo, más bien diría corriente –sonríe con suficiencia.

- Mi padre es el hombre más rico de esta ciudad, ¿y tú familia quién dices que es? –digo suave, sabía cómo manejar estas situaciones–, las personas ricas, inteligentes y hermosas, terminan por casarse para tener hijos hermosos e inteligentes, debes saber que los genes de la apariencia puedes sobreponerse al bisturí, eso me han dicho, no creo que sea tu caso –me encojo de hombros, en mi rostro una mirada inocente.

- Mi padre es un hombre muy rico –para demostrarlo muestra su bolso Chanel, intento no reírme.

- No creo que sea lo bastante rico, de lo contrario, no habría venido aquí –me encojo de hombros–. Mira querida, mi esposo no esta, si gustas te doy el número de su secretaria y que te haga una cita, ¿sí? –pregunto sacando mi teléfono, veo su mano moverse tarde para arrojar el teléfono al suelo, suspiro, esto se iba a poner feo.

- No te hagas la estúpida –sisea molesta, veo a Cleo irse, seguro llamará a Sebastien.

- Con que haya una es más que suficiente –me encojo de hombros, mi voz sale suave, tranquila.

- Perra estúpida, ¿te crees mucho? –se acerca a mí, me pongo alerta.

- No, no me creo mucho –hago una pausa cuando veo su cara de superioridad–, lo soy, y la muestra más contundente es que él se casó conmigo –le muestro mi argolla de matrimonio y compromiso–, y no contigo, ¿por qué crees que es? –sonrío inocente mientras me encojo de hombros, esa acción evita que vea su mano, siento su palma impactarse contra mi mejilla, me tambaleo un poco por la fuerza, aprieto los puños, inhalo antes de devolverle la bofetada, no se lo iba a permitir a nadie, estaba harta de tener miedo. Chillo alto y salto encima, tiro de su cabello, algunos mechones se desprenden entendiendo que son extensiones, le pego con los puños, ella se defiende manoteando y cubriendo su cara, siento como alguien me alza y lucho removiéndome.

Sebastien:

- Calma, soy yo –digo lo bastante alto para que me escuche, la veo relajarse, Martin ayuda a Lorelee a ponerse de pie, me estaba costando trabajo no reírme de su aspecto, su maquillaje estaba regado por todo su rostro, su cabello estaba desigual y podía ver mechones en el suelo. 

Cleo me había llamado explicando la situación, por suerte estaba bastante cerca o Agnes la hubiese dejado irreconocible.

- Sebastien –dice ella comenzando a llorar, reprimo el impulso de rodar los ojos–, sólo deseaba hablar contigo pero esa mujer del servicio no me dejaba pasar para esperarte, y esta que se dice tu mujer, me dijo cosas horribles –gimotea bajo, suspiro.

- Ahora resulta –dice Agnes, puedo ver que rueda los ojos–, la única irrespetuosa eres tú, se te explicó la situación, e insististe como si lo estuviéramos escondiendo, te dije que te daba el teléfono de su secretaria y me tiraste el teléfono al suelo, la primera bofetada me la diste tú sin siquiera medir las consecuencias, y pues lo demás, tú te lo ganaste –se encoge de hombros, debía admitir que lucía adorable en ese modo, pero debía centrarme.

- Lorelee –la llamo serio, pongo a Agnes en el suelo–, te dije por teléfono que lo que había pasado entre nosotros se acabó, me case con Agnes porque la amo con todo mi ser –quisiera decir que esto es falso, pero eso sería mentir–, así que si vuelves a importunar mi casa y a mi esposa –resalto la palabra esposa–, y deberás atenerte a las consecuencias, ¿estamos claros? –la miro con frialdad, ella chilla por el coraje, levanta su bolso y sale de la casa hecha la furia, suspiro, no creí que vendría cuando hablamos hace unos días, ahora debía estar más atento, sabía que quizás no se quedaría en paz.

- Gracias –dice ella bajo, asiento sin mirarla, veo a Cleo traer hielo y entonces recuerdo la bofetada.

- Nada que agradecer, iré al despacho, avísenme cuando este la comida –la veo asentir mientras Cleo coloca el hielo en su mejilla, una vez dentro de mi despacho comienzo a reír, jamás había visto a Lorelee en aquella situación, y jamás hubiese creído que Agnes podría defenderse, ¿estoy muy mal de la cabeza si verla así de brava me puso bastante?

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