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Jaula de oro

Author: Jeanne H.A
last update publish date: 2022-04-13 06:14:10

Agnes:

La mujer me había llevado a una habitación lo bastante grande para una cama individual, un pequeño escritorio, una silla, una mesita de noche, un armario y un baño completo. Me había dejado sola tras dictar las actividades que realizaría mañana desde bien temprano. En este momento odiaba mi mente, una que recordaba con cada detalle lo visto, oído o leído, y esto no era la excepción.

     1. Debía despertar todos los días, sin excepción; a las 5 de la mañana, debía darme un baño, limpiar mi habitación y vestir el uniforme que estaba en el armario.

     2. Debía comenzar limpiando el estudio de Sebastien, de ahí seguiría al salón de baile, la biblioteca y la recepción, debía limpiar de manera meticulosa cada objeto.

     3. Lo siguiente que haría, sería lavar el baño que esta debajo de las escaleras.

     4. Después subiría a la primera planta y limpiaría cada habitación, debía desacomodar y volver a acomodar las camas, lavar los baños, sacudir y trapear. Según la mujer, eran cerca de 8 habitaciones, y todas debían estar listas por si había invitados.

     5. A las 8 en punto, hubiese o no hubiese terminado las habitaciones, debía ir a la cocina para ayudar con el desayuno de Sebastien.

Un desayuno al que no tendría derecho a menos que hubiese terminado todo lo anterior. Cleo y Martin eran los únicos viviendo aquí, la mujer tenía cerca de 60 años y Martin tenía la misma edad. No me molestaba hacer todo esto, estaba acostumbrada, aunque bueno, no limpiaba toda la casa como aquí, pero si debía seguir un orden y reglas estrictas.

Me dejo caer en la cama mirando a la nada, no podía sacarme de la cabeza el comportamiento de Sebastien, intentaba encontrar alguna señal en sus actos desde el principio, pero nada, y eso dolía aún más, porque sólo podía ver amor, comprensión y una conexión que no habría creído tener con nadie.

Miro mi mano y ambos anillos, las lágrimas cayeron con más fuerza, me dolía tanto el alma, dolía recordar, dolía ver esa marca en mi dedo anular, un constante recordatorio de que había vuelto a perder mi libertad, aunque en realidad, ¿alguna vez la había tenido? Jamás, sólo había sido engañada para creerlo, ahora estaba en otra jaula de oro con un dueño diferente, uno que por más que me esforzaba en odiar, no podía, mi estúpido y terco corazón quería creer en él, en su amor, en su honestidad, en su amabilidad, no sé si quería creerlo o algo dentro de mí me decía que él era bueno, que no era como mi padre y los otros; anhelaba despertar y que todo fuese una horrible pesadilla inducida por las horribles y crueles palabras de mi padre, porque sí, se había atrevido a decirme que el amor no siempre dura, y que a final de cuentas, un matrimonio también es otro negocio. No quería creer que las personas vieran esto como un sucio negocio, pero tras esto, comenzaba a dudar de todo.

Pero sabía que eso no ocurriría, sabía perfecto que esta era mi realidad ahora.

Me acomodo con cuidado en la cama, me siento apoyando mi espalda contra el respaldo, mis rodillas contra mi pecho. Cojo una almohada y la coloco en mis rodillas, acomodo mi rostro y continúo llorando hasta el amanecer.

La alarma suena, una que me imagino puse de manera inconsciente, estaba tan acostumbrada a realizar actividades de manera automática, que seguro esto sería parte de. Me pongo de pie sintiendo un inmenso dolor debido a la posición que tuve durante la noche, abro el armario y meto la maleta sin abrir, estoy segura que no voy a necesitar nada de esto. Cojo el uniforme, un conjunto de sujetador y bragas, y me dirijo al baño para una ducha muy fría, había esperado por el agua caliente pero no había salido, no debía retrasarme o tendría muchos problemas.

Había salido del baño temblando de frío, con rapidez me había vestido y cepillado mi cabello. Había salido rumbo al despacho, la casa estaba en un sepulcral silencio, aunque en realidad, no me molestaba, o más bien dicho, ni me importaba.

Entro en total silencio, no es que esperase encontrarlo, bueno, una parte de mi estúpido corazón si lo pensaba. Me apresuro a limpiar los muebles, cuido lo que toco del escritorio, no quería echarle a perder nada, no estaba preparada de ninguna manera para saber si los castigos también serían físicos.

Cuando termino, voy a la biblioteca, repito la misma acción, sacudir, limpiar y acomodar, había decidido que sería más fácil si hacía todo en automático, de todos modos, estaba acostumbrada a silenciarme, a esconder mi verdadera voz.

Sebastien:

No había podido dormir, así que había optado por trabajar en mi despacho hasta bien entrada la madrugada, me había marchado a mi habitación antes de las 5, temía tanto sucumbir ante mis emociones, necesitaría al menos 1 semana para que esto dejará de afectarme como lo hace ahora.

Había tomado un baño frío y me había cambiado sólo para estar sentando en mi cama.

Cerca de las 6, había escuchado unos suaves pasos y supe que era ella, pronto estaría a unos pasos de mí, mi corazón latía errático, pero no podía sucumbir ante nada, debía aferrarme a mi plan como lo había hecho hasta ahora, bien podría pedirle a Cloe que me trajera el desayuno al cuarto o bien podría irme al despacho, de todos modos, ella comería en la cocina, así que las probabilidades de encontrarla era muy pocas.

La escucho alejarse y sé que comenzará por las últimas habitaciones, así que decido salir e irme al despacho, sé que ya no volverá.

Había pensado que el trabajo lograría distraerme, pero la realidad había sido otra, cerca de las 8 la había escuchado correr escaleras abajo, y fue ahí cuando mi concentración se fue al carajo, sabía que a esa hora tendría que comenzar con la comida, por lo que a las 8:30 vendría Cleo para avisarme, suspiro, lo que seguía del plan debía ser ejecutado con sumo cuidado o de nada serviría.

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