LOGINAgnes:
A decir verdad, las semanas que había pasado aquí eran llevaderas, no me pedía hacer nada complicado o difícil de hacer, lo mejor de todo es que había logrado que Cleo y Martin me aceptaran, ya no se ponían incómodos o evasivos con mi presencia. Sólo él, jamás estaba dónde yo o siquiera cerca, casi sentía que me veía y se escondía, algo que me había parecido por demás gracioso, esta era su casa, yo no era nadie aquí.
- Ay –escucho a Cleo quejarse, me giro para ver que se ha cortado, me apresuro para lavar la herida y buscar el kit de primeros auxilios, por suerte la herida no era profunda, aunque sí limitaría un poco sus movimientos.
- Quizás sería bueno que descansaras, puedo terminar la comida –digo suave, ella asiente y se sienta un momento.
- No vas a terminar a tiempo, hoy debes hacer el jardín –dice ella preocupada, pocas veces me había quedado sin comer, así que podría resistir.
- No me va a pasar nada Cleo, tranquila –digo suave, continúo haciendo lo que ella, haría espagueti a la boloñesa, así que necesitaba preparar la salsa en lo que la pasta llegaba al punto. En realidad no me había tomado más de media hora, pero sin duda, no terminaría temprano de limpiar el jardín, por desgracia estaba haciendo mucho viento y eso dificultaría un poco recoger todas las hojas.
- Si le explico a Sebastien lo que pasó –dice Cleo cuando dejo el mandil en su lugar.
- No es necesario Cleo, para el señor ninguna excusa es suficiente –sonrío de lado, podía sonar tranquila al decir aquello, pero la realidad es que sentía que mi corazón se rompía, de las pocas veces que pude verlo, era para decirme que algo no estaba haciendo bien, o que no tendría derecho a cierta comida por haberme tardado, si debía ser sincera, muchas veces no tenía hambre, incluso algunas mañanas me despertaba con nauseas debido a horribles pesadillas que tenía, algunas veces, como ahora; prefería no comer, sentía un enorme hueco dónde debería estar mi estómago, la verdad es que no entendía que me ocurría esos días, ¿quizás era la manifestación de todo aquel dolor reprimido? No me culparía si ese fuese el caso, el hombre al que amaba con todo mi corazón evitaba a toda costa encontrarse conmigo, si debía decirme algo siempre era Cleo o Martin los que me informaban las cosas, como había dicho, sólo me hablaba para llamarme la atención, pero otras cosas más superficiales, era con ellos.
El único día que él había hablado conmigo, fue para decirme que de ahora en adelante usaría un teléfono proporcionado por él, no quería a nadie rondando por aquí debido a mi lengua suelta, lo que él no sabía y claro, no me había molestado en aclararle; es que no tenía a nadie a quien contarle, y aunque lo tuviese, ¿qué ganaría con decirlo? No es como que alguien quisiera venir en mi ayuda, y al decir alguien, era bastante claro que me refería a mi padre.
Todos esos pensamientos giran en mi cabeza mientras comienzo a barrer las hojas, el viento se las lleva por lo que debo recoger cada cierto tiempo o todo mi trabajo se irá por la borda.
Vuelvo a sumirme en mis pensamientos, la verdad es que estaba harta de repetir lo mismo, pero al mismo tiempo, intentaba buscar una razón válida para todo esto, mi corazón que decía que no sólo era por el dinero o estatus de mi familia en este continente, había algo más, sin embargo, el corazón de Sebastien era impenetrable, no había nada que me diera una pista o algún indicador de algo más.
Chillo al caer al piso de piedra, mi pierna se había enredado con una manguera y alguien había tirado de ella, seguro Martin. Me pongo de pie masajeando la zona dónde me pegué, en la nalga cerca de la cadera, debía decir que el dolor lo sentí hasta la espalda, doy unos pasos probando si no me rompí nada, suspiro al ver que no me pasó nada, salvo el dolor, pero ya usaría hielo más tarde.
Intento darme prisa, sabía que Cleo se encargaría de darle la cena, pero debía estar terminado para ir a la cocina y lavar la loza, en la situación de la mujer, no podría por un tiempo, así que tendría muchas más labores.
Sebastien:
Cleo me había dicho lo que ocurrió más temprano en la cocina, por lo que ella no cenaría el día de hoy, cada vez me costaba menos esfuerzo hablar con ella de manera fría, mi mente comenzaba a serenarse, o al menos así lo quería pensar.
Sin duda, hoy sería un buen día para poner en marcha la otra parte de mi plan, sólo debía contar con la ayuda de Martin, él me diría cuando terminara y la enviaría directo a mi despacho, dónde la esperaría con una sorpresa.
La mujer era por demás hermosa, no lo iba a negar, pero verla no me causaba nada, no era ella, pero funcionaría, sólo eso sabía.
- Señor, ya va para allá –dice Martin a través del intercomunicador, le hago señas a la mujer para que se acerque conmigo al sillón, me siento y le hago la seña de que se siente encima, ella comienza a besar mi cuello, mi primer instinto es apartarla, pero había planeado no sólo romper su espíritu, también su corazón, así que debía soportar. La escucho acercarse, había dejado la puerta entre abierta, de esa forma nos vería sin ningún problema. Enredo una de mis manos en su cabello, la otra en una de sus nalgas, ella gime y me llama con voz ronca. Junto con el gemido llegó a mis oídos un pequeño lamento, y usando el cabello de la mujer, noto como ella nos observa, de sus ojos no dejan de caer las lágrimas, y algo dentro de mí se remueve al verla, justo ahora me sentía un asco, ahora si quería arrojar lejos a la chica y correr hacia Agnes, pero antes de que eso pase, ella sale corriendo, podía oír a la perfección lo fuerte de su llanto.
Con algo de brusquedad aparto a la mujer, me pongo de pie y tomo su cheque, se lo extiendo mientras me observa con sorpresa.
- Eso es todo, toma el dinero y lárgate –digo sin emoción, ella lo toma desconcertada.
- Pero creí –alzo la mano para interrumpirla, no tenía animo de hablar con nadie.
- Nada, vete, ahora –digo en tono frío, casi había siseado la orden, ella me mira molesta, toma su bolso y sale, camino para cerrar la puerta, Martin la llevaría lejos de aquí.
Camino al pequeño estante en la chimenea, tomo un vaso y me sirvo un whisky doble, lo tomo de un jalón, el cielo me ayudará a continuar con mi venganza.
Habían sido meses de recuperación, pero todo había valido la pena cuando fui capaz de caminar hacia el altar sin problema alguno, esta vez la ceremonia había sido pequeña, con algunos socios de Sebastien y con personas a las que de verdad estimaba.Era extraño pasar de Agnes Edevane-Gray a Agnes Grayson, y no es que me quejara, para nada, porque amaba a Sebastien pero supongo que sólo me costaría trabajo adaptarme.Habían pasado unos meses más tras la boda, Sebastien me había llevado a todas partes, habíamos comido y bebido de todo, bueno, salvo algunas cosas por orden del médico, pero fuera de eso, la luna de miel había sido perfecta, triste había sido volver.- Te vaya bien –digo como cada mañana que debe ir a la empresa, habíamos decidido mudarnos a Londres, era un cambio agradable.- Nos vemos a la hora de la comida –me pega a él y me besa con intensidad, eso lograba dejarme descolocada por algunos segundos, me sonríe travieso antes de salir, suspiro enamorada.- Agnes, llegó un pa
Miraba la tumba dónde descansaba, traía sus flores favoritas, al final Alexander St. Vincent había sido acusado por crímenes como e****a, lavado de dinero, abuso de confianza, prostitución infantil y manejo de lugares ilícitos, así mismo, de planear a cabo el asesinato del matrimonio Grayson, y el asesinato de Elaine St. Vincent y violencia doméstica contra su única hija, Agnes Edevane-Gray.- Al fin tienen una tumba –dice ella suave mientras coloco las flores, asiento.- Seguro les da gusto estar juntos, tu madre era una buena persona –dice él acomodando las flores, les había costado un mundo encontrar los cuerpos de sus respectivos padres, pero al final había valido la pena–. ¿No estás muy cansada? –pregunta volviéndose hacia ella, iba en silla de ruedas para evitar cansarse, su rehabilitación iba muy bien, pero aún así se cansaba con facilidad, el daño en sus pulmones había sido mucho, pero poco a poco se recuperaba, fue hasta varias semanas que le confeso lo del bebé, ella había ll
Sebastien:Durante el trayecto la reanimaron 2 veces, cada que su corazón fallaba sentía el mío desplomarse junto al de ella.Al llegar, nos reciben 2 doctores, los paramédicos le explican su estado.- Paciente femenina de 23 años, tiene múltiples fracturas en pierna izquierda a la altura del fémur, brazo derecho en la parte cubital, al menos 8 costillas de ambos lados, tuvo 2 paros cardíacos, Glasgow 3 –los médicos la llevan adentro, corro tras ellos, gritaban ordenes incomprensibles para mí, sólo entendí una cosa: quirófano, radiografías y análisis.Se acercan a unas puertas y un doctor me detiene, niega.- Necesito estar con ella –digo suplicante, sentía que si no estaba a su lado, la perdería.- No puede pasar, vaya a la sala de espera, lo mantendré informado –asiento derrotado, camino a la sala de espera, me dejo caer, pasados unos segundos se acerca un interno para preguntarme si deseo ser revisado, niego, no me sentía mal, aunque suponía que mi aspecto daba a entender otra cosa.
Agnes:Me habían llevado dentro de la casa casi a rastras, había intentado luchar, aunque no mucho, ellos me llevaban mucha ventaja. Me llevan al despacho de mi padre, no me había dado tiempo de poner la estatua en su lugar, por lo que quizás eso me había delatado.Uno de los hombres me sienta con brusquedad en un sillón individual, miro todo atenta, no había manera de escapar, 2 hombres resguardaban la puerta y otros 2 estaban a mi lado, suspiro, seguro estaban esperando a mi padre, esperaba se tardarán en comunicarse con él, pero como la vida me odiaba, mi padre entro 5 minutos después hecho una furia.- ¿Qué tan estúpido crees que soy? –grita mientras camina hacia mí, el golpe de su mano me hace girar la cabeza con brusquedad, sentía el ardor donde su palma había impactado–, ¿creíste que dejaría este lugar sin protección? –escupe al tiempo que me abofetea la otra mejilla, evito chillar del dolor, no le daría ese gusto–, eres igual de estúpida que tu madre –tira de mi cabello hacia a
Agnes: Las palabras dichas por Sebastien habían logrado que mi corazón latiese tan rápido, que creía se saldría de mi pecho usando mi garganta como conducto de salida. Pero aquellas palabras también me habían hecho ver la realidad, una cruda y triste realidad, que a pesar de todo lo que dijera, mi padre si era un gran impedimento, y siempre lo sería a menos que lo detuviera, y eso haría. Entro a mi habitación y comienzo a planear todo, debía tener cuidado con cada cosa que podría salir mal, cada aspecto de la casa y cada movimiento que se hacía dentro de la misma. Para eso, había tomado un lápiz y un cuaderno, había hecho un croquis de la casa, había señalado los puntos que tenían vigilancia y había anotado los horarios en que los guardias cambiaban de turno o solían salir un rato, esto último lo había descubierto de niña, en la cabina de vigilancia no estaban a eso de las 2:15, más o menos volvían a eso de las 2:30, así que tendría quince minutos exactos para poder llevar a cabo mi
Sebastien: - Creo que no eres el único culpable, quizás si hubiese hablado, si hubiese tenido el valor de enfrentarlo, esto no habría sucedido, creo que nos hubiésemos ahorrado mucho sufrimiento innecesario –la escucho suspirar, la separo suave de mi cuerpo, sus ojos están rojos, verla así me rompe el corazón, me había cansado de mentirme y de mentirle. - No creo que tengas la culpa de nada, a pesar de mis pensamientos idiotas, jamás has tenido la culpa, no pediste nacer ni ser amada por ese monstruo –eso era lo más que podía contenerme, el odio y la rabia que sentía hacia él era mucha. - Sebastien, mi querido Sebastien, ¿de verdad crees que un ser cómo él es capaz de amar a alguien? –pregunta con ironía, algo que me sorprende. - Todo el mundo ha sido testigo del amor desmedido que tiene por ti –digo frunciendo el ceño, comienza a reír y niega. - Ese hombre no ama a nadie, salvo a él mismo –sonríe de lado con ironía–. Alexander St. Vincent se ha encargado de crear la imagen perfec







