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El cambio

Author: Jeanne H.A
last update publish date: 2022-04-04 12:14:31

Agnes:

La mansión era muy bonita, justo todo lo que me gustaba, fachada sencilla pero elegante, era bastante antigua y en un bonito color blanco, tenía cerca de 14 ventanas, según lo que podía ver; un altillo y una gran puerta de madera en color café oscuro. Tenía un gran jardín, casi podía ver el jardín trasero, lleno de flores, un jardín verde y vasto, una pequeña mesa para tomar té o tomar alguna comida.

- Por aquí señora –dice una mujer nada más bajar, asiento sonriendo, entro a la casa seguida de mi esposo, amaba esa palabra.

- Cleo, muéstrale su habitación, Adam, deja las maletas donde te indique Cleo –dice con voz seria, casi podría decir que era fría, entendía que estaba estresado y cansado, así que no diría nada, le prepararía algo delicioso para comer y seguro así haría que estuviese contento.

- Las maletas del señor llévelas al mismo lugar que las mías, por favor –digo suave mirando al hombre, este asiente.

- No –dice casi con brusquedad–, he dado una orden, sólo debe acatar mis órdenes –lo miro con sorpresa–. Cleo sabe cuál es mi habitación, ahí irán mis maletas, la señora dormirá en la planta baja, en el cuarto más alejado –mis ojos se abren grandes por la sorpresa.

- ¿Sebastien? –pregunto bajo–, ¿qué pasa? No estoy entendiendo nada –frunzo el ceño confundida.

- Pasa señora Edevane-Gray –la forma en que pronuncia el señora, con tanto asco, hace mi corazón encogerse, al verlo así, sólo podía pensar en una sola cosa–, que ya no tengo que fingir nada, es hora de quitarnos las caretas –se gira a verme, el hombre delante de mí no era ni la sombra del tierno y amable hombre que había conocido, y entonces lo supe, había sido engañada, ¿con qué fin? Eso no lo entendía, él era mucho más rico que mi padre, al menos en Europa, ¿eso no era suficiente? Al parecer era igual a mi padre, ambicioso y buen actor, aunque no sabía que tan parecidos eran, sólo esperaba no usará castigos físicos–, la verdad es que casarme contigo no fue otra cosa que un mero negocio, ¿crees que tu padre me habría permitido casarme contigo si no demostraba que te quería? –pregunta alzando una ceja, quería decirle que sí, que sin lugar a dudas me habría ofrecido como mercancía, pero hacer eso era exponerlo, y temía por mi integridad física aún estando lejos de él–, claro que no, así que la forma más sencilla fue logrando que te enamorarás de mí, pero vamos a dejar esto en claro, esposita –dice con burla, trago saliva, sabía lo que venía a continuación, menos mal estaba acostumbrada a esto, pero saberlo no aminoraba el dolor que sentía, mi estúpido corazón aún latía por él, aún quería creer que estaba mintiendo y que todo lo que pasamos fue real, cada palabra, cada beso y cada promesa, quería aferrarme a la idea de que me había visto como un ser humano y no como un fin para un medio, pero al ver su expresión, al ver sus ojos negros llenos de frialdad, supe que había fingido tan bien, o quizás es que yo era tan estúpida que nunca noté lo buen actor que era, o sea, había vivido toda mi vida con un perfecto mentiroso, ¿y no había sido capaz de detectar a otro? Pero esto fue quizás a que su amabilidad jamás me pareció forzada, y bueno, la desventaja es que yo no lo conocía como lo hacía con mi padre–. Vas a quedarte en la habitación más alejada de esta mansión, ninguno de ellos obedecerá tus órdenes, aquí serás igual que ellas, harás lo que ellas, limpiar, lavar y cocinar, cada mañana te asignaré diferentes tareas, dependerá de ti desayunar a tiempo o esperar a la siguiente comida –muerdo mi labio intentando que no tiemble, las lágrimas ya estaban en mis ojos, mi corazón dolía de tal manera, que parecía algo físico.

El nudo en mi garganta impidió que pudiera responder, así que me limité a dar un pequeño asentimiento.

Sebastien:

Ella se mantenía quieta, o al menos lo intentaba, podía ver como su cuerpo temblaba un poco y quizás se debía a que intentaba contener las lágrimas, se veía tan débil y vulnerable, verla era lastimero, casi como si fuese un pequeño cachorrito malherido.

Había intentando por todos los medios no flaquear, porque mi corazón y mi cerebro no podían ponerse de acuerdo, la lógica me decía que temía por las labores que tendría que hacer, labores que jamás en su vida habría tenido la necesidad de realizar, pero la parte emocional me decía que ella sufría por mi trato más que por las labores, en momentos quería retractarme y abrazarla fuerte, pedirle perdón y olvidarme de mi venganza, pero entonces recordaba el rostro de mi madre, su expresión de pánico gritándome que corriera, y entonces se desploma, el rojo de la sangre manchando su precioso vestido blanco.

Había corrido tan rápido fuera de la casa que no vi la zanja y me fui de lleno dentro, recuerdo el dolor de haberme golpeado y luego nada, salvo despertarme por gritos, al salir lo único que podía ver eran llamaradas enormes donde antes había estado mi casa, y yo me había quedado ahí, petrificado llorando por mis padres.

Había vagado algunos días, las noticias de lo que ocurrió estaban por todos lados:

“Hombre asesina a su familia por problemas con el alcohol y las drogas, su mejor amigo lamenta su muerte”, era lo que se leía en todas partes, junto a una fotografía de Alexander St. Vincent y su esposa embarazada, luciendo tan afligidos, incluso pensé que eran buenas personas, pero tarde me di cuenta que era un monstruo, la primera pista fue cuando intente acercarme a él, estaba sucio y hambriento, recuerdo haberme acercado de manera silenciosa, no quería que sus guardaespaldas creyeran que era una amenaza y me echaran antes de hablar con él, pero lo único que pude oír fue como se regocijaba de lo que había hecho, disparado a mis padres y después quemado la casa, no había nadie que se quedará con la empresa, y al ser socio mayoritario, la empresa era suya, entonces todo cobró sentido, ese hombre había aniquilado a mi familia por dinero, me creía muerto y en mi mente, algo me dijo que era mejor así.

Los hogares de acogida se volvieron mi rutina diaria, no había una sola familia que quisiera quedarse conmigo, así que dejaron de enviarme, fue a los 17 que me escapé del orfanato, no sin antes idear un plan. Había seguido todos los pasos de aquel hombre, año tras año, así supe del nacimiento de su única hija.

Había previsto todo, si era un varón, lo convencería de hacer algo ilegal para que fuese a la cárcel, si era mujer, la enamoraría y la haría sufrir tanto, que se vería obligada a regresar con su amoroso padre.

Y eso es lo que haría, la quebraría tanto como pudiera, y eso comenzaba ahora.

- Me alegra que entiendas tu posición ahora –digo mirando a otro lado, me giro dándole la espalda–. Cleo, haz como te dije –camino hacia mi despacho, al menos así podría pensar mejor.

- Sí señor, por aquí –escucho a la mujer, me giro de reojo y la veo tomar su maleta con lágrimas en los ojos, podría engañar a mi mente todo lo que quisiera, pero eso no cambiaría la realidad.

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